Vemos algunas de las novedades del Call of Duty de este año, por tierra, mar y aire.
Tras varias partes más en las que procedíamos con sigilo, incluyendo partes en las que teníamos que cruzar el río buceando, llegábamos a una aldea donde teníamos que volar un edificio sin ser vistos, poniéndole cargas de C4 para luego, a cierta distancia, hacerlo explotar por los aires. Tras la explosión, evidentemente, el carácter sigiloso de la operación se iba al traste, y tenía lugar un intensísimo tiroteo con los muy numerosos soldados que estaban en la aldea. En este sentido, el juego nos recordó mucho a anteriores títulos de Call of Duty, a las películas clásicas de la guerra de Vietnam y, extrañamente, al asalto a la aldea del principio de Depredador.

La secuencia de acción era intensa, sobre todo por la potencia de fuego que teníamos nosotros y nuestros compañeros. Avanzábamos en grupo arrasando todo lo que se cruzaba en nuestro camino, y dando buena cuenta de las casas de la aldea, de madera, que estallaban tras lanzarles una granada. La secuencia no tenía demasiado componente táctico o de tiroteo con cobertura: era un asalto en toda regla, y los numerosos soldados enemigos salían a nuestro paso sin demasiada preocupación por su propia vida. Algo diferente al tono más táctico de los últimos juegos de la saga.
El nivel continuaba de forma más pausada, pero con un ligero toque "survival horror". Entrábamos en un túnel, uno de esos túneles del vietcong que tantas sorpresas desagradables depara en las películas, y en esta demo no era para menos. Tras una granada de limpieza preventiva, nos internábamos en el túnel con otro compañero, que era diligentemente asesinado por un soldado que aparecía repentinamente. Al final nos reuníamos con otro, un personaje más duro de pelar, el clásico veterano desencantado de Vietnam que recordaba al personaje del Sargento Barnes (Tom Berenger) en Platoon. Éste se turnaba con nosotros a la hora de llevar la iniciativa, y ante el ataque de un "soldado sorpresa" respondía con buenos reflejos.
Tras limpiar el túnel, llegó la hora de la venganza. Robábamos un helicóptero Hind del enemigo, y hacíamos una incursión por la selva de Laos desde los cielos, acabando con aldeas, barcas, fortificaciones y hasta con otros helicópteros enemigos. Esta parte era especialmente caótica y movida, y suponía un gran colofón a un nivel de lo más variado. Parece que las secuencias en helicóptero son la nueva moda de los juegos de acción en primera persona.

Call of Duty: Black Ops nos ha parecido bastante diferente a los últimos juegos de la saga, no solo por su ambientación, en una época bélica que los videojuegos han tocado relativamente poco, sino también por la variedad que intenta ofrecer en sus misiones. En este nivel comenzábamos en agua, continuábamos por tierra, descendiámos a túneles subterráneos y terminábamos pilotando un helicóptero y sembrando el caos en la jungla. Si el resto del juego es tan variado, el modo campaña de Black Ops será una descarga de adrenalina muy interesante y nada monótona. Falta por saber si el multijugador, aparte de los más que previsibles zombis que tanto gustaron en World at War, ofrecerá muchas sorpresas o tendrá un estilo más continuista con lo visto anteriormente.