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Pasado hace ya unos meses el ecuador de la vida de la consola GameCube de Nintendo, uno de los géneros mejor cubiertos en comparación con Nintendo 64, ha sido el de los juegos de rol. Sin llegar a la cantidad de PlayStation 2, la consola de Nintendo, gracias a acuerdos con compañías, ha logrado que algunas japonesas hayan lanzado varios de sus RPGs en su consola. Final Fantasy: Crystal Chronicles y Tales of Symphonia son buenos ejemplos de los éxitos de esta política, y de nuevo es Namco, autora del segundo de los mencionados anteriormente, al que apuesta por lanzar en GameCube un RPG en exclusiva.
Baten Kaitos sigue en parte las normas básicas de los juegos de rol japonés. Una historia épica y un mundo cercano a lo medieval, pero el sistema de combate difiere notablemente de lo visto en la mayoría de los juegos, y hace a Baten Kaitos muy original. Pero comencemos por el principio. En el mundo de Baten Kaitos (el nombre de una estrella de la constelación de la ballena) no existe la tierra firme, sino una serie de islas flotantes en las que vive la humanidad y los diferentes seres que podríamos llamar animales. Para poder desplazarse de una isla a otra, los humanos han desarrollado unas alas, que crecen de diferente forma dependiendo del carácter de la persona.

Nuestro protagonista, Kalas, tiene la peculiaridad de poseer solo una, mientras que la otra es un ala mecánica que su abuelo, ya muerto, le diseñó. Curiosamente, nosotros no seremos Kalas, sino una especie de espíritu (al que podremos poner nombre) que es el que guía a Kalas; de hecho, y de modo muy poco ortodoxo, Kalas se dirigirá a nosotros, y podremos responderle escogiendo entre una serie de frases, de forma que podremos llegar a tener una estrecha relación con él si nuestra forma de ser es compatible; Kalas no estará solo durante mucho tiempo, pues pronto conoceremos a otros personajes que se unirán a nuestro equipo con el objetivo último arquetípico de los RPGs: salvar al mundo de las maldades de un imperio que tiene como objetivo resucitar a un malvado Dios de la antigüedad.
Hasta aquí, salvo por el hecho de que el protagonista sea consciente de que está siendo guiado por nosotros, todo es más o menos normal. Sin embargo, el gran punto que diferencia a Baten Kaitos de los otros RPGs, incluido el trabajo famoso de Monolith (Xenogears y Xenosaga) es que todos los objetos del juego, armas, items y equipamiento, está representado en Magnus: que son cartas que contienen la esencia de dicho objeto. Es algo difícil de explicar, pero que en el juego es muy intuitivo. Todo son cartas, y de este modo los items que recuperan vida, magia o los equipamientos se pueden conseguir de ese modo, perder y gastar; incluso algunos evolucionan.

La aplicación más importante de este sistema de cartas Magnus es, como era de esperar, en el combate. Nuestro personaje podrá tener una inmensa cantidad de cartas en el inventario, pero tendremos que seleccionar veinte que formarán su mazo que usará en el combate. El combate es por turnos; cada personaje tiene un turno de ataque, y si le atacan uno de defensa. Nuestro mazo de cartas se barajará, y tendremos varias cartas descubiertas (dependiendo del nivel del personaje, con un máximo de nueve) para elegir en el turno de ataque, pudiendo enlazar algunas de ellas. Por ejemplo, si queremos atacar a un enemigo, podremos elegir la carta de “espada corta” y luego la de “flecha de hielo”, enlazando así un combo. Si en cambio lo que queremos es curarnos, si tenemos la suerte de que nos haya salido una carta de curación entre las descubiertas, solo tendremos que apuntar hacia nosotros y seleccionar el objeto de curación.
Este sistema de selección de objetivo puede acabar creando situaciones un tanto extrañas, pudiendo curar a nuestros enemigos o golpearnos a nosotros mismos. En el turno de defensa, veremos cómo el enemigo nos ataca y durante la secuencia tendremos oportunidad de seleccionar cartas defensivas entre las que tenemos descubiertas (si es que tenemos alguna); en ocasiones algunos enemigos nos darán poco tiempo para hacerlo, con lo que el juego adquiere un toque de acción expresado en la urgencia con la que tendremos que seleccionar una carta.
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