| Gráficos: | 6 | |
| Sonido: | 7 | |
| Jugabilidad: | 7.5 | |
| Diversión: | 7 |
| Total: | 6.8 |
| Xbox 360 > Análisis > El Señor de los Anillos: La Batalla por la Tierra Media 2 | Página 1 de 2 Siguiente |
Ya son pocos los que desconocen que la obra de Tolkien fue vasta, y que el prolífico escritor anglosajón, amén de escribir otras historias, desarrollo el universo de “El Señor de los anillos” mucho más allá de la trilogía de libros (hoy eclipsada por la trilogía de películas) que le hizo popular en el mundo entero. Esas otras leyendas se recogen en apéndices o en libros como el Silmarilion.

Pues bien, “Batalla por la tierra media II” explora las guerras del norte libradas, al igual que las conocidas guerras del sur que dan contexto a la parte más conocida de la historia, por elfos, humanos y enanos enfrentados a goblins y orcos. El principal atractivo que tiene esta variante en cuanto a la ambientación es la de poder controlar héroes y monstruos prácticamente desconocidos por el gran público y que nos abre un abanico de posibilidades con sus poderes y habilidades: Gloin, Gorfindel, boca de Sauron…
Muchos son los jugadores que no le prestan al manual que acompaña al juego la atención que a nuestro juicio merece, y que reivindicamos desde estas líneas llamando la atención sobre el pobre trabajo que, en muchos casos, se lleva a cabo con este complemento tan necesario y atractivo. Sobre todo si tenemos en consideración el precio total que pagamos por el producto. En el caso que nos ocupa el manual está compuesto por 18 páginas en blanco y negro, con escasa profundidad, del que se puede decir como único punto a favor que se halla realmente bien estructurado.
Tras este primer contacto con el producto, el DVD comienza a girar en el lector y, tras los consabidas animaciones con logos de las compañias, comienza la introducción del título. Una introducción realizada con el mismo motor gráfico del juego – tónica que se conservará en los consecutivos vídeos que sirven de prólogo a cada misión-, y que contrasta poderosamente con las cinemáticas que venimos degustando en otros títulos de nuestra gran consola; modelados poligonales, texturas deficientes y poca calidad general, que como única virtud, posee la capacidad de prepararnos para lo que nos espera.
Hay que decir, en honor a la verdad, que jamás se había llevado a una consola el género de la estrategia en tiempo real (RTS) tan fielmente como se ha conseguido con este título. Muchos eran los escépticos que consideraban imposible adaptar la jugabilidad propia de un juego de estrategia, en los que el uso del ratón y el teclado parecía imprescindible, a un simple mando de consola y a su limitado número de botones. Y se ha conseguido. Parcialmente, pero se ha conseguido.
El sistema de “menús” es similar al del juego de PC: tendremos siempre disponible nuestro Palantir a través del cual accederemos a todas las posibilidades de gestión de recursos, creación de edificios, actitudes de batalla, etc. Pero lo verdaderamente novedoso son las formas de selección de grupos de tropas. Podremos crear grupos seleccionando de uno en uno los batallones que queremos que los compongan. También tendremos la posibilidad (nunca explicada en tutoriales, manual, ni juego) de seleccionar un número de batallones “pinchando y arrastrando”, como si el mando se convirtiese en un ratón. Pero sin duda, lo que le da a la jugabilidad el dinamismo necesario del género a la hora de seleccionar tropas a nuestro antojo, es la posibilidad de programar a priori nuestros accesos directos.
De forma rápida y sencilla crearemos grupos fácilmente accesibles con el pad digital. Un caso práctico sería, por ejemplo, el de situar en uno de estos accesos las tropas de infantería, y en otro las de ataque a distancia para manejar nuestra estrategia de ataque. El inconveniente viene con las bajas en el campo de batalla, la creación de nuevos batallones y la actualización constante de estos accesos directos, que pueden resultar algo cargantes. Pero nadie dijo que fuera perfecto.

El modo para un solo jugador, aunque algo corto, consta de dos campañas bien diferenciadas: en una estaremos al mando de las tropas del bien y en la otra trataremos de llevar a las hordas del mal a la victoria. Esto se agradece, pues la forma de progresar en ambos ejércitos –a pesar de basarse en los principios habituales de los juegos de estrategia-, difiere bastante en ambos casos. Ocho serán en cada caso las misiones en las que deberemos salir triunfantes para acabar la campaña básica, y en las que la dificultad será creciente, viéndose la curva de dificultad algo suavizada por los mini-tutoriales que nos guiarán al principio de las misiones que contengan novedades de manejo.
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