Quizá vaya siendo hora de enterrar el hacha.
Ya os hemos contado en otras ocasiones como el desarrollo de
Golden Axe: Beast Rider a cargo de Secret Level, el estudio californiano de Sega, estaba provocando cierta incertidumbre entre los seguidores de la saga. Esto se debía principalmente a dos motivos: la inexperiencia de la propia desarrollada y los cambios que se estaban llevando a cabo respecto a lo visto en entregas previas. Finalmente los malos augurios se han cumplido y
Golden Axe: Beast Rider no se encuentra a la altura de lo esperable, aunque no tanto por los cambios introducidos y sí más por no ser un producto adecuado a los tiempos que corren.
Al contrario que en entregas anteriores, dónde se podía escoger entre varios personajes,
en Golden Axe: Beast Rider controlaremos exclusivamente a la amazona Tyris Flare. La historia del juego es, como resulta habitual en el género, absolutamente elemental. Tyris pertenece a la tribu de los Axirian, protectores del último titán. El malvado Death Adder está sembrando toda la tierra de destrucción, masacrando a su paso el pueblo Axirian y haciéndose con el poder del último titán. Tyris, una de las pocos supervivientes, no tardará en ponerse en marcha para detenerle y vengar a su familia, encontrándose en el camino las apariciones testimoniales de algunos de esos personajes que eran seleccionables por el jugador en entregas anteriores y que sus seguidores reconocerán fácilmente.
En los últimos tiempos este tipo de juegos se han caracterizado por abandonar su origen puramente arcade e introducir diversos elementos que les den mayor variedad y ayuden a ofrecer una experiencia más completa: combos más elaborados, pequeños puzles o mayores dosis de exploración. Esto ha ocurrido así tanto en títulos totalmente nuevos (Devil May Cry) como en revisiones de antiguos clásicos (Ninja Gaiden). Golden Axe: Beast Rider pretende llevar el mismo camino, pero lamentablemente se queda a mitad de recorrido.
¿Guerrera o bailarina?
El sistema de combate es de lo más básico. Para atacar Tyris cuenta con los típicos mandobles de espada débil y fuerte (tajos horizontal y vertical respectivamente), unas cuantas combinaciones simples entre ellos, una arremetida en forma de patada y un par de hechizos. Para defenderse cuenta con una maniobra para evadirse y otra para bloquear el golpe contrario, pero no las podemos llevar a cabo libremente, sino que
el juego nos avisa de cual debemos usar en cada momento mediante destellos de colores. Si el arma de un enemigo brilla en color naranja deberemos pulsar el botón lateral izquierdo para esquivar, si brilla en color azul deberemos pulsar el botón lateral derecho para bloquear, equivocarnos supone recibir un golpe. Esto convierte a
Golden Axe: Beast Rider en una especia de versión fantástico-medieval del popular "Simon Dice", quien lo haya jugado reconocerá que es adictivo, y aquí también es así en cierto modo, pero al mismo tiempo reduce todo el sistema de combate a un juego de ritmo y reflejos que nada tiene que ver con una auténtica contienda en la que primen la habilidad y la estrategia.