http://www.vandal.net/media/2837/20045272177_1b.jpg|20045272177_1|El cielo tiene un matónEncarnas a Daniel Garner. Durante una tormentosa noche, tú y tu mujer os montáis al coche para celebrar el cumpleaños de tu esposa. Todo parece muy feliz: los dos hablan de lo bien que les va y de lo contentos que están; pero en un momento de distracción, un enorme camión hace que Garner pierda el control y se estrelle. La cámara nos muestra como la pareja ha fallecido en el acto.
Bien, como los dos han sido buenos en su vida terrenal, no deberían de tener problemas para llegar al paraíso. Aunque parece que Daniel no ha tenido la suerte de su esposa. Misteriosamente, él se ha quedado atrapado en un mundo intermedio entre el infierno y el paraíso. El purgatorio nunca ha sido un lugar agradable, pero los chicos de People Can Fly han querido convertirlo en un lugar todavía peor.
Han pasado treinta años desde que nuestro protagonista llegara al purgatorio y sigue sin saber por qué permanece en ese impío lugar. La introducción del juego continúa mientras se nos muestra a un misterioso anciano charlando con Garner. Parece que es un enviado de Dios y tiene noticias para nosotros: Daniel obtendrá el privilegio de reunirse con su mujer en el paraíso, si es capaz de acabar con la vida de cuatro generales al mando de Lucifer. El lado de la luz no debe parecer como implicado en esta misión ya que estos cuatro generales tienen bajo su mando a ingentes hordas de demonios con ganas de arrasar el reino celestial. Por lo tanto, tendrás que afrontar tú solo esta titánica misión; así que, cogemos el pergamino y comenzamos la búsqueda de nuestra redención.
Lucifer te esta esperando…
Comenzamos nuestro periplo en medio de un cementerio. Todo esta muy tranquilo así que decidimos investigar un poco. En la parte superior de la pantalla tendremos una brújula que nos irá indicando que dirección tomar, por lo que no tendremos ningún tipo de problema a la hora de encontrar el camino que nos lleve al final del nivel –aunque a veces la brújula se bloqueará y no indicará bien la dirección-.
La situación continúa siendo de calma total, no parece que allí haya un ejército de las tinieblas. Pero claro, es pensar esto y comenzar a aparecer de las tumbas decenas de esqueletos con unos mandobles muy juguetones. La música toma un aire mucho más cañero y comenzamos a repartir leña a diestro y siniestro: los demonios avanzan rápidamente hacia nosotros; Painkiller –un arma con cuchillas giratorias- no para de descuartizar esqueletos mientras la sangre va bañando todas las paredes y las tumbas que allí se amontonan. Todo es muy frenético, no nos dan ni un segundo de respiro. Los cadáveres irán desapareciendo mientras dejan flotando las almas que habitaban en sus putrefactos cuerpos. Cuando acumulemos sesenta y seis de estas almas nos trasformaremos en una especie de demonio que podrá aniquilar a los enemigos en cuestión de segundos. Por eso será importante el recoger estas almas, en más de una ocasión, la trasformación en demonio nos sacará de más de un problema.
Una vez completado este primer nivel nos daremos cuenta de que estamos ante un shooter clásico. Aquí el argumento, u otros elementos que ahora priman en los juegos de acción, pasan a un segundo plano. Lo más importante es la acción, el mantenernos constantemente ocupados limpiando los niveles de criaturas sobrenaturales. Y lo consiguen. Todos los niveles han sido diseñados de una manera más que notable, y en todos ellos disfrutaremos de un elenco de criaturas aterradoras. Pero de momento sigamos hablando de la mecánica de juego.
Painkiller es un juego dividido en cinco mundos. Cada uno de estos mundos simboliza el territorio de uno de los cuatro generales del ejército de las tinieblas, reservándose el quinto mundo para el mismísimo Lucifer. Estos grandes niveles se dividen en diferentes fases, siendo la última de estas el enfrentamiento contra el jefe de turno.
Tras completar el nivel del cementerio, nos metemos de lleno en una especie de monasterio. Como en el anterior nivel, todo parece muy tranquilo hasta que las puertas comienzan a cerrarse y los monjes demoníacos comienzan a aparecer por todas partes.
Esta vez contamos con la inestimable ayuda de Painkiller y la de una escopeta, así pues; comenzamos a repartir plomo de manera gratuita a estos indeseables. Una de las mejores decisiones tomadas por parte de People Can Fly fue el incluir solamente cinco armas en nuestro arsenal. En un principio pueden parecer pocas armas, pero estamos hablando de diez tipos diferentes de estos instrumentos mortales. Y es que cada uno de nuestros juguetitos posee un disparo secundario que se puede complementar a la perfección con el ataque primario, por ejemplo: la escopeta tiene el poder de congelar a los enemigos con el ataque secundario. Pues bien, podemos disparar a un enemigo, congelarlo, y luego romperlo en mil pedacitos con el disparo primario. Algunos estaréis pensando que es una tontería crear solamente cinco armas, pero no es así; el tener tan pocas armas hace que la acción sea todavía más frenética. Realizar combinaciones mortales es muy sencillo y rápido. Podemos bombardear a los enemigos con el lanzacohetes y luego rematar a los supervivientes con la minigun.