Si encontrásemos una lámpara mágica y pudiéramos pedir un deseo, seguro que en la cabeza de más de uno estaría la idea de convertirse en un ser todopoderoso. Pues bien, esta es la premisa principal de Black&White 2, secuela del exitoso juego de Peter Molyneux que llega a nuestros ordenadores con la intención de ofrecernos mucha diversión como dioses de una civilización. ¿Seremos capaces de afrontar semejante desafío?.
Black and White es uno de esos títulos que tiene tantos amantes como detractores. El juego nos ponía en la piel de un Dios, teniendo a nuestro mando a una
tribu que debíamos llevar a nuestro antojo por el lado de la prosperidad y la bondad, o bien conducirla a un futuro de miedo y destrucción. Todo estaba en nuestras manos, nunca mejor dicho pues una mano era precisamente nuestra herramienta para hacer nuestras labores divinas. Ahora aterriza la esperada secuela de este juego, veamos si ha logrado lo que pretendía, o se queda en un nuevo intento que no llega a la perfección que en un Dios es indudable.

La ambición en los videojuegos
Peter Molyneux es uno de los programadores y diseñadores de videojuegos con más prestigio del sector, responsable de algunos de los mejores juegos dentro de su género. Es importante matizar que estamos hablando de un juego de este hombre, porque su simple participación en un proyecto ya es sinónimo de una gran expectación entre prensa y jugadores, ya que si hay algo común en todas sus obras es que no deja indiferente a nadie.
Entre las obras mas conocidas que han pasado por las manos de Molyneux podemos destacar
Popoluos (1989),
Theme Park (1994),
Theme Hospital (1997),
Dugeon Keeper (1997), y ya mas recientemente juegos como
Fable. ¿Que tienen en común todos estos juegos? Pues que todos son proyectos muy ambiciosos, lo cual no es siempre positivo. Molyneux es un hombre que tiene la costumbre de explicar sus proyectos, cuando todavía son eso, simples proyectos, a la prensa, comentando todas las ideas que tiene en mente para un juego, lo que en mas de una ocasión le ha provocado críticas dada la imposibilidad finalmente de llevar a cabo todo lo que prometía. Por lo tanto es evidente que estamos delante de un juego que ha generado una gran expectación, y que por venir de quien viene suele ser valorado, seguramente de forma injusta, usando un baremo mas alto que en los demás juegos.
Alcanzando la deidad
El original
Black and White era un juego de
estrategia que nos ponía básicamente en dos posibles situaciones, ser un Dios bueno o ser un Dios malo. Teniendo esto en cuenta podríamos asimilar que estábamos ante, prácticamente, dos juegos en uno, pues la forma de jugar según nuestra postura inicial seria radicalmente distinta. Es fundamental también señalar que en
Black and White somos considerados un Dios, algo que es claramente diferente a ser un Dios. ¿Por qué hacemos esta matización? Pues porque como todos comprendemos, un juego donde se nos permite ser un Dios, entendiendo que por ello somos todopoderosos, es simplemente utópico.
Black and White 2, por otro lado, reúne en un mismo juego varios géneros distintos. Entre nuestras labores, para que os hagáis una idea, está la de creación de ciudades (en tanto en cuanto a elegir que edificio crear en cada momento, como su situación geográfica dentro de la isla), podremos crear y administrar ejércitos y llevarlos a grandes batallas, e incluso tenemos la posibilidad de cuidar una criatura, que podemos considerar nuestra mascota, en una especie de simulador donde nuestras enseñanzas y nuestros cuidados marcarán tanto su aspecto físico como su evolución psicológica a lo largo de su crecimiento.

Poniéndonos en situaciónComo ya hemos comentado varias veces, en este juego tomamos el rol de un Dios. El objetivo es realizar una serie de misiones y obtener el dominio en una serie de islas a lo largo del juego. Comenzamos la aventura con los aztecas atacando la capital del pueblo griego, momento en el cual hacemos acto de aparición y salvamos una pequeña cantidad de ciudadanos que transportamos a un nuevo lugar seguro (la primera isla) donde comenzará nuestra verdadera labor como ser superior.