“Es obligatorio apagar el jetpack al bajar del dragón”… ¿Te suena extraño? Pues es la nueva propuesta de los belgas Larian Studios. Un título que combina máquinas de guerra, dragones y jetpacks.
Nuestro viaje a Gante no fue sólo para conocer el nuevo Divinity: Original Sin, sino que también tuvimos nuestro tiempo para ver Dragon Commander, un título que ocurre inmediatamente después de Original Sin y cuyo final ocurre justo antes de empezar el primer Divine Divinity. Suena raro, sí, pero el sistema combinado de tercera persona y estrategia es, cuanto menos, original a la hora de gestionar todas sus posibilidades. Además cuenta con un toque rolero a partir de las diferentes cartas y mapa –o tablero– que administraremos para atacar a nuestros rivales y conquistar nuevos territorios.
Estilo y una historia muy trabajados
El equipo artístico de Larian tuvo a bien introducirnos en el mundo de Dragon Commander a partir de una serie de ilustraciones y mapas conceptuales en los que pudimos conocer a las diferentes razas que pueblan Rivellon. En ellas increíbles lagartos se mezclaban con exuberantes señoritas y acaudalados humanos lo hacían con elfos desconfiados. Podemos decir que detrás de cada uno de estos se esconde una historia profunda cuya evolución está totalmente medida según nuestros pasos en el juego. Diferentes razas a las que se ha implementado una forma de ver la vida diferente y con las que tendremos que lidiar al empezar la batalla contra diferentes rivales.
Los complicados mapas que vimos en las paredes del estudio se trasladan directamente a un juego que sorprende con su concepto presentándonos a todas estas razas luchando por un mundo en el que dragones y naves conviven plácidamente… o no tanto. En nuestra faceta de comandante tendremos diferentes elecciones que tomar en la nave en la que se desarrolla toda la acción. Las conversaciones con el consejo y diferentes representantes de cada raza nos influirán en la toma de decisiones y dependiendo de nuestras respuestas ganaremos premios y recompensas que nos servirán a la hora del combate. Estas recompensas se sirven en forma de cartas que podremos usar en forma de ataques especiales, nuevas naves, soporte adicional para las misiones o armamento más potente. Con el primer toque "rol" de esta aventura ahora pasaremos al segundo, el mapa… o más bien dicho, el tablero.
Los diferentes territorios de Rivellon se reparten en un tablero bien definido cuyas zonas tendremos que ir conquistando. Antes de cada combate haremos uso de nuestras cartas y pasaremos directamente a la acción. En estos seis territorios diferentes, cuyas sub zonas exploraremos con nuestro dragón, están dominados por diversas facciones a las que tendremos que hacer frente antes de cambiar en color esté a nuestro favor.
Un buen concepto de jugabilidad
El movimiento dentro de la nave nos permitirá trasladarnos a varios espacios para hablar con las diferentes razas para tomar decisiones en cuanto a nuestros ataques. Una vez convencidos los miembros del consejo, tomaremos rumbo al mapa para pasar directamente a la acción.
Sacar nuestro dragón a pasear requerirá una serie de acciones en forma de distribución de cartas y finalmente nos podremos enfrentar, en una gran extensión de terreno, al rival elegido.
En este momento es cuando la mezcla de estrategia y tercera persona se mezcla para poder gestionar bien nuestro ataque. Las dos opciones se dividen en una visión en tercera persona de nuestro dragón con la que iremos disparando –según el armamento conseguido– diferentes tipos de armas contra las naves del rival. Estas cuentan con diferentes magnitudes y deberemos escoger bien para debilitar a la que más daño haga a nuestras unidades.