Te llevamos a la última región del juego, la capital del Imperio, Paikang.
La provincia de Paikang es una de las últimas regiones del mundo que los jugadores se encontrarán en
Age of Conan: Rise of the Godslayer. La diversidad es la clave para esta provincia, con densos bosques, aldeas en las montañas, grandes ciudades y una costa que recuerda a tiempos pasados.
"Un viento gélido sopla del oeste, desde el océano, y trae con él el aroma del salitre y la muerte. La hierba es aplastada hasta el suelo por la brisa y tú galopas con tu cabella hacia el promontorio que se alza ante el océano del este. Estás sobre el peñasco y miras hacia las aguas grises como el acero, a decenas de miles de millas de donde empezó tu viaje, para derrocar a otro tirano."La jungla de Paikang
El bosque es viejo, mucho más viejo de lo que la civilización cree. Las coronas de los ancianos árboles forman una cúpula esmeralda muy por encima de tu cabeza. En el crepúsculo teñido de verde, las entrincadas y enormes raíces de los árboles toman formas que imitan rocas y tallan imágenes de dioses antiguos. Aquí y allá, entre los viejos árboles, surgen grandes grupos de bambú, abriándose camino hacia el cielo entre las ramas y los troncos. El camino que lleva por la jungla fue una vez una gran senda, lo suficientemente ancha como para ser recorrida por una legión de hombres. Las piedras del camino están ahora resquebrajadas y rotas; pequeñas plantas han incrustado sus raíces entre las grietas y se han abierto camino hacia el sol, rompiendo las piedras que las constriñen. La jungla de Paikang esconde bien sus secretos, haciendo que el jugador sea quien explore y descubra su antigua historia. Las bestias que la habitan desafían al conocimiento; son diversas y mortales.
Los jugadores también encontrarán en la jungla un campanento de insurgentes, situado entre las copas de los árboles y escondido del ojo siempre al acecho del empreador. Los puentes que van de una copa a otra de los árboles están trenzados con lianas y las plataformas que anidan en lo alto de los árboles se apoyan con troncos de bambú incrustados en los troncos que hay por debajo. El suelo bajo ellos está oscurecido por las tenues nubes pero mientras los jugadores miran hacia el norte, pueden ver el manto de la jungla abrise camino como una océano de olas de hojas verdes.
La costa de Splinterspar
El océano está cubierto por una fina neblina, pero ésta no logra cubrir los horrores que se esconden en el fondo de sus aguas. Los naufragios de cientos de naves; mastiles rotos y arcos astillados que surgen por encima de las aguas como tumbas marinas en un cementerio de hierba especular. ¿Qué podría haber causado un cementerio tan enorme? Puedes bajar desde el peñasco, siguiendo el estrecho y serpenteante sendero que lleva hasta una playa de piedras afiladas. Resuenan bajo las pezuñas de tu montura, que trota lentamente por la costa. Desperdigados por esta costa se puede ver a las siluetas de hombres y mujeres recogiendo los restos que flotan.