Actualmente nos encontramos en una época en la cada vez son más los juegos que intentan incluir alguna funcionalidad con Kinect a su jugabilidad, aunque sean de maneras algo forzadas que no terminen de encajar con el resto del conjunto. Por eso, puede que a muchos sorprenda el hecho de que para la secuela de Kinect Joy Ride, un título que se manejaba 100% con el sensor de movimientos de Microsoft, se haya prescindido por completo de él.
Si tenemos en cuenta los precedentes y el resultado final,
no podemos más que aplaudir esta decisión. Kinect Joy Ride fue un juego ampliamente criticado tanto por la prensa como por el público por la imprecisión de sus controles, algo que se ha solucionado por completo en Joy Ride Turbo al pasarse a controlar con mando tradicional. A pesar de ello, todavía sigue siendo un título que dista mucho de los grandes del género, tal y como iremos viendo a lo largo de este análisis.
Carreras de karts clásicas, aunque faltas de contenido
Si habéis jugado algún juego de karts como Mario Kart o Sonic and Sega All-Stars Racing, la jugabilidad de este Joy Ride Turbo os resultará bastante familiar. A pesar de que los vehículos que manejaremos no son exactamente karts, sus controles, físicas y posibilidades responden exactamente igual que en el resto de títulos de este tipo. Esto quiere decir que
el uso de los derrapes está a la orden del día, ya que nos servirán tanto para tomar todo tipo de curvas como para cargar la barra de turbo, la cual será imprescindible para ganar.
Otro elemento a tener en cuenta serán las piruetas. Cuando hagamos un gran salto, si inclinamos el stick del mando hacia alguna dirección podremos realizar diferentes acrobacias aéreas. Mientras más largas y duraderas sean, más se recargará la barra de turbo, por lo que conviene realizar cuantas más mejor. Administrar bien cuándo usar los turbos será una de las claves para alzarnos con la victoria y dejar a los rivales en la cuneta, aunque no la única.
Tal y como mandan los cánones del género también
tendremos un amplio arsenal de objetos que podremos ir recogiendo durante las carreras para usarlos contra el resto de competidores. Para hacernos con ellos tendremos que romper unas cajas que se encuentran repartidas por la pista. Al hacerlo, recibiremos un arma al azar, que puede ser desde un misil teledirigido hasta una lluvia de explosivos. Hay una buena variedad de ellos, aunque todos resultan muy genéricos y faltos de originalidad, por lo que no nos encontraremos ninguno que sorprenda realmente.
En cuanto a los circuitos en sí, en ellos
podremos encontrar diferentes atajos que nos ayudarán a recortar unos valiosos segundos, por lo que las primeras veces nos dedicaremos a explorar e investigar cada uno de ellos hasta encontrar la ruta óptima. El trazado de ellos no es que sea para tirar cohetes ni supondrán ninguna clase de reto para los jugadores habituales del género, pero es de agradecer el detalle de que contengan diversos caminos.
En términos generales, podemos decir que el título se deja jugar bastante bien y que las carreras son divertidas y consiguen entretener, aunque no tardaremos demasiado en aburrirnos de ellas.
Esto se debe ni más ni menos que a la alarmante falta de contenido de la que hace gala el producto.