El Príncipe de Persia hace su entrada en Wii sobre la base de Las Dos Coronas.
Que
Prince of Persia, una de las más populares y aclamadas sagas de Ubisoft, desde que la resucitó hace unos años con
Las Arenas del Tiempo, llegaría a Wii era algo que se podía intuir fácilmente, dado el soporte que la compañía francesa ha mostrado hacia la nueva consola de Nintendo. Finalmente, esto se ha hecho realidad con
Rival Swords, una adaptación a la consola de Nintendo del juego publicado en GameCube, PlayStation 2, y Xbox bajo el nombre de Las Dos Coronas.
http://www.youtube.com/watch?v=8p5P6I9bHL0|Trailer del juego De esta manera, se convierte en el primer título de la saga para las nuevas consolas, pero, también, no deja de ser una adaptación de un título ya aparecido a las nuevas posibilidades de control que abre Wii gracias a su mando. Es cierto que parte de la tercera entrega de la trilogía, muy superior a su predecesor, y quizás con el balance más equilibrado de acción y plataformas de los tres, pero, pese a esto, no resultará fresco a quienes ya lo hayan jugado en cualquiera de las tres consolas domésticas anteriores.
Todos los principales cambios del juego se basan, precisamente, en adaptar el esquema de control al mando de Wii, manteniéndose todo el grueso del juego intacto en cuanto a su desarrollo y las situaciones que plantea al jugador. Esto puede ser negativo, como hemos dicho, si ya hemos dedicado unas buenas horas a la versión original, pero dada la
calidad que tuvo ese mismo título no deja de ser una virtud y buen videojuego.
Se trata, por tanto, de decidir si el nuevo sistema de control se ha adaptado bien a un juego que no se ha diseñado desde la base para él, y si, en consecuencia, mejora o empeora la jugabilidad debido a los cambios realizados en él. Como veremos, en líneas generales, el sistema de control de Wii se ha adaptado con soltura al género, aunque habrá momentos aquí y allá que nos harán dudar. Veamos más detalladamente qué nos ofrece este
Prince of Persia: Rival Swords.
Por supuesto, tomaremos el papel del Príncipe, que regresa a su hogar, sólo para descubrir desde el barco que la ciudad ha quedado en ruinas. Su navío es entonces atacado y la misteriosa Kaileena es secuestrada, lo que desencadenará toda una aventura en la que el protagonista deberá enfrentarse de nuevo al malvado Visir, quien ha regresado al mundo de los vivos gracias, precisamente, a las burlas que el propio Príncipe le ha hecho al destino. Toda la historia se nos irá desgranando mediante las escenas cinemáticas, completamente localizadas a nuestro idioma, con la siempre oportuna narración del propio protagonista. En este sentido el juego vuelve a combinar de manera muy acertada la narración con la acción, de manera que el jugador se ve implicado en el desarrollo de la historia con mucha facilidad.

Esto, al igual que el sobresaliente diseño de los niveles, es herencia directa de
Las Dos Coronas, claro. Así pues, volveremos a encontrarnos con unos niveles de buena extensión pero que, sobre todo, encuentran el equilibrio entre las zonas de plataformeo y las zonas de acción. En cierto modo, se ha señalado de manera recurrente que el primer juego de esta trilogía apostaba por la predominancia de las plataformas, aunque éstas pasaron en buena medida a un plano secundario en
El Alma del Guerrero, haciendo de éste el más equilibrado de los tres. La situación de la Babilonia asediada propicia, por un lado, los enfrentamientos, mientras que sus estructuras derruidas son la excusa perfecta para las secciones de plataformas.