| Gráficos: | 3 | |
| Sonido: | 4 | |
| Jugabilidad: | 4 | |
| Diversión: | 5 |
| Total: | 4 |
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En ocasiones se ha señalado la ausencia de títulos de velocidad en las últimas generaciones de consolas Nintendo, algo que fue bastante evidente en una consola como Nintendo 64, con escasos representantes en muchos géneros, pero que en GameCube ya fue mejorando, sobre todo con la presencia de sagas como Need for Speed o las primeras entregas de Burnout. Las excepciones, eso sí, magníficas en sus respectivos subgéneros, como F-Zero, Excite Bike o Mario Kart. Pero no nos engañemos: en Nintendo 64 una de las cartas de presentación de la consola fue Cruis’n USA, un juego de velocidad arcade cuyas raíces se podían encontrar en la tradición de recreativas de estilo Out Run. Con él nació una saga, que ha llegado hasta este Cruis’n que nos ocupa.
Y casi se puede decir que a partir de aquí se acabaron las buenas palabras. La saga Cruis’n, de Midway, sin ser una de las grandes en sus entregas anteriores (la ya citada, original de 1996, y las secuelas de 1997 y 2000, ambas en N64, y una entrega para Game Boy Color y otra para Game Boy Advance), no llegó a cuajar de manera definitiva por diversos factores, y en este sentido, además, la entrega para Wii se puede considerar de todo menos paradigmática, ya que es de todo menos un juego de la saga. Con todo, es de agradecer la llegada de títulos de velocidad con un aspecto más cercano a la realidad (aunque luego el planteamiento sea puramente arcade), y pese a todo los buenos recuerdos de la primera entrega siguen presentes. Pero de eso apenas queda el nombre.

Lo primero que hay que tener en cuenta que esto no nace como un juego de esta saga, sino que es el resultado de reciclar el trabajo hecho para el (malísimo) juego basado en la (malísima) película The Fast and the Furious, licencia que Midway perdió, así que básicamente se ha cogido un juego de PlayStation 2 que se lanzó en 2003, se le ha cambiado el logo y listos. Los mismos circuitos, los mismos coches, e incluso la misma jugabilidad sostenida en competiciones inspiradas en las de esa película. La única ventaja es la presencia destacada de coches horteras como los de la película, pero con algunos vehículos especialmente interesantes, como el clásico Skyline de Nissan, o el uso y abuso del nitro. La jugabilidad, por tanto, no es la esperable y tradicional en la saga.

Lo que nos vamos a encontrar es una docena de vehículos y una docena de circuitos. No es ni mucho ni poco, e incluso está por encima de lo que pueden ofrecer algunos títulos más nuevos (recordemos que se trata de la adaptación de un título que suma ya cinco años), pero en su conjunto va a resultar escaso dada la escasa variedad de entornos y vehículos. El modo principal, de hecho, nos invita a coger un coche e ir pasando por los diferentes circuitos para ir sumando dinero y desbloquear los diferentes coches del juego, lo que es esperable pero ayuda a la duración del juego. En ese sentido el multijugador también es interesante, pero está limitado a sólo dos participantes con pantalla partida, lo que resulta escaso de cara a lo que debemos exigir a estas alturas de la vida de la consola.
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