Rubi Malone se estrena en un título con buenas ideas aunque con un resultado irregular.
De esta manera nos encontramos con un título que nos obligará a alternar entre lucha cuerpo a cuerpo con espadas y tiroteos espectaculares, todo con una jugabilidad que
a priori convence, pero con
un control que desmerece todo el esfuerzo de las demás partes. A la hora de disparar hay que tener en cuenta que
Rubi disparará automáticamente a un objetivo, teniendo como novedad el poder escoger a un segundo enemigo a nuestro criterio, formando así espectaculares saltos y giros en el aire que dicen mucho de la protagonista.
Para saber qué plataformas son las indicadas para realizar nuestras peripecias artísticas tan solo tendremos que pulsar el botón que activa la
vista rubí, diferenciándolas con un haz rojo característico. Cabe destacar que el diseño de los niveles es bastante lineal, por lo que enseguida sabremos por dónde tenemos que ir y qué debemos hacer excepto en las zonas finales de fase, donde tendremos una amplia zona con multitud de enemigos que aniquilar y distintos tipos de plataformas para ejercer nuestra magia acrobática. Como colofón final en este ir y venir de situaciones en las que Malone destaca por su inmensidad, hay que hacer referencia a las fases en las que
la protagonista se empapa de sangre completamente, dando lugar a unos escenarios que recordarán estéticamente en gran parte a lo visto en
MadWorld de Wii, aunque con distintos colores, pues todo estará acuñado por un intenso color rojo y los enemigos serán de un color mucho más contrastado: blanco, ideal para diferenciarlos y acabar con ellos en unos segundos.
Todo parece estar pensado para que la experiencia de juego sea de lo más completa y agradable de cara al espectador. Lamentablemente el caso no es este, puesto que
Wet cuenta con varios fallos a nivel jugable que arrastran con la buena puesta en escena y la intensidad de la historia. El movimiento de Rubi -y de los personajes en general- es tosco y brusco, los saltos no son tan precisos como deberían y la cámara nos dejará vendidos en más de una ocasión dada su cercanía con la protagonista. Es una autentica pena ver cómo un planteamiento de juego tan adictivo, como es acabar con varios enemigos acumulando combos, cambiando de armas y, en definitiva, ejerciendo un poco de Beatrix Kiddo (Kill Bill) se ha ido completamente al traste por no haber apurado al máximo la esencia jugable de la obra.
Mejorando a la veterana
Como suele ocurrir en este tipo de juegos, nuestro personaje comenzará con una serie de habilidades que, sin ser demasiado espectaculares, funcionan en las primeras fases de la obra. Sin embargo, a medida que el juego avanza aparecen nuevos peligros, que requieren
nuevas habilidades, armas y potencia de fuego. Es por eso que tendremos a nuestra disposición una tienda donde mejorar las habilidades de Rubi, aprender nuevas y mejorar nuestras armas. Los puntos los conseguiremos en función de nuestra eficacia a la hora de superar las fases; por ejemplo, si lo único que hacemos es saltar de un lado a otro acabando con los enemigos de manera "fácil" el videojuego nos recompensará con pocos puntos, pero si de lo contrario vamos alternando entre acrobacias, acumulamos muertes seguidas y aumentamos de nivel el nivel de combo, el juego no dudará en ofrecernos una recompensa desmesurada para llevar nuestro ataque al próximo nivel.

Cabe destacar que la obra cuenta con varios secretos para evitar que caiga en el olvido una vez finiquitada la historia. En cada fase hay una serie de objetos -monos de circo de juguete, más concretamente- a descubrir, que nos desbloqueará contenido extra del videojuego, tales como bocetos, ilustraciones, la banda sonora de la obra, etc. Así mismo, Rubi tendrá su propia "Mansión de Lara", donde disputaremos diversos retos contrarreloj para probar nuevas armas, habilidades y demás.