Hay momentos en los que se intentan cosas diferentes, como los elementos plataformeros que hay (aunque, por desgracia, resultan muy
light), y los puzles, muy ocasionales, apenas requieren pensar. De hecho, lo más probable es que el jugador ni siquiera se dé cuenta de que había un puzle, salvo porque durante unos instantes ha dejado de trocear enemigos. Como decíamos, los elementos de plataformas son muy livianos, y eso es bueno, porque el control tiene muy poca precisión a la hora de haceros pasar por esos trámites, hasta tal punto que es posible que las únicas muertes que acumulemos sean en esos momentos. Pero básicamente hay que matar a todos los enemigos para poder dar unos pasos más y volver a empezar.
De esta manera, pese a los diferentes personajes disponibles, la rejugabilidad no es su gran punto a favor, pues no es que haya muchos incentivos para darle más vueltas al juego una vez lo hemos terminado, más allá de seguir matando enemigos sin mucho incentivo, como superar puntuaciones, hacerlo con estilo, o crear combos enormes. Por supuesto, si el concepto del juego nos atrae, la ventaja es que no se tarda ni cinco minutos en estar repartiendo estopa a diestro y siniestro mientras lo manchamos todo con la sangre que sale de cortarle la cabeza o lo que se tercie a los enemigos. Las armas no aportan mucha variedad en la mayoría de los casos, orientadas al combate cuerpo a cuerpo, aunque se cuenta con elementos adicionales como pociones o ácido, de efectos, digamos, corrosivos, que son limitados en munición pero con un alcance y potencia superior a las normales.
Gráficamente, el juego realiza un buen trabajo artístico revisando el universo de los cuentos para adaptarlo a su estética particular, otorgarle un tono desenfadado de dibujos animados y, al mismo tiempo, lograr que no desentone su violencia, lo que, hay que reconocerlo, tiene mucho mérito, sobre todo porque en todo momento podemos identificar a los personajes irónicos que representan. Sin ser un prodigio técnico, lo cierto es que tiene una belleza plástica curiosa, algo que no se puede decir de la música, que es horripilante en sus composiciones.
Conclusiones
Lo mejor que tiene
Fairytale Fights es su idea para crear la historia y ambientar el juego, con muchísima diferencia. Su retorcido humor le dota de un atractivo suficiente como para poder disfrutar con él, pero sólo si obviamos sus carencias. Y es que como juego de reparto de mamporros, carece de interés al no estar a la altura de los compañeros de género actuales. Le falta chicha e incentivos como arcade para otorgarle la carga jugable que sería deseable, pues lo que nos encontramos es un juego muy repetitivo y fácil, lo que no le impide, sin embargo, sorprendernos por su narrativa y estilo visual.