Pequeños toques roleros que no sirven de mucho ya que la curva de dificultad está mal ajustada, y según mejoramos los personajes el juego se va haciendo cada vez más fácil, pese a que los enemigos también suben de nivel. Al final llegará un punto que con realizar el ataque básico y usar una habilidad de vez en cuando tendremos todo hecho, sin necesidad de esquivar o bloquear, sin realizar ninguna estrategia de ataque, lo que se hace muy repetitivo.
No hay nada más que hacer que luchar constantemente, y dado que el sistema de combate es tan primitivo, así como el comportamiento de los enemigos, nos aburriremos muy rápido, en
un juego increíblemente repetitivo. El hecho de jugar solos, o con otros tres amigos, no cambia las cosas, ya que no hay ningún tipo de colaboración ni estrategia, en unos combates caóticos en los que muchas veces no sabemos ni a quién estamos atacando, ni falta que hace la verdad. La historia es anecdótica y no tiene ningún interés, además de estar mal narrada, y pese a ser un juego corto dudamos que haya valientes que se lo quieran acabar de lo aburrido que es.
El apartado técnico se da la mano con el resto de aspectos del producto, con unos gráficos más propios de la pasada generación y un juego de PlayStation 2. Modelados espartanos, texturas pobres, y lo que es peor, una dirección artística desganada y poco trabajada, con escenarios repetitivos que reciclan constantemente una serie de elementos, y que se convierten en laberínticos porque cuesta diferenciar por dónde nos movemos.
Los enemigos, aunque con un diseño ligeramente distinto en cada uno de los cinco mundos, son siempre unas sombras negras que apenas se diferencian, y tenemos la sensación de luchar durante todo el juego contra lo mismo, lo que acrecienta ese espíritu repetitivo que puebla todo el producto. A su favor, decir que pese a la gran cantidad de elementos que se llegan a concentrar en pantalla la fluidez de la acción nunca se resiente. En el apartado sonoro poco que comentar más allá de que llega con unas muy correctas voces en castellano, que escuchamos durante la acción y a través de las sosas cinemáticas a base de ilustraciones que nos cuentan la historia.
Otro mal videojuego de película
Estamos acostumbrados a que estos juegos basados en películas sean de una calidad mediocre, pero El origen de los guardianes está incluso por debajo de la media. Han intentado hacer algo distinto, un
dungeon crawl para un público infantil, y les ha quedado un juego de acción muy aburrido, repetitivo y facilón. Quizás si pones a cuatro niños delante del televisor con un mando en las manos aporreando botones se lo pasen bien, es en un público al que no le molesta tanto realizar acciones repetitivas, pero nosotros como adultos no somos capaces de imaginar de qué extraña manera esto puede llegar a ser divertido. No es un absoluto desastre, pero su monotonía es exasperante y no divierte, y hay muchísimos juegos más cuidados y respetuosos con el público infantil en los que incluso un adulto se puede entretener.