De la mano del padre de la saga Final Fantasy, llega un juego de rol y acción donde todo está en constante cambio.
Y más nos vale que, durante el cambio, no nos encontremos en la pantalla que desaparezca, ya que, en ese caso, deberemos de recomenzar el nivel desde el inicio, y perderemos un punto de vida. Cada mazmorra cuenta con un mínimo de tres niveles, y el número de partes intercambiables es variable. Memorizar las secuencias de cambio es difícil, ya que prácticamente no tendremos tiempo para verlas con detenimiento antes del cambio, pero no imposible, y será un requisito indispensable en caso de que, además de superar los niveles, queramos hacernos con todos los objetos ocultos en cada uno de los cofres que encontraremos en nuestro camino.

Al final de la mazmorra, entraremos en una zona abierta, en la que encontraremos al correspondiente personaje al que deberemos salvar. Pero ahí no acaba todo: en ese momento, deberemos de coger al personaje y desandar todo el camino hasta llegar de nuevo a la aldea, con nuestro vecino siguiendo nuestros pasos. En caso de que el cambio de pantalla pille a nuestro vecino, pero no a nosotros, deberemos de regresar a las profundidades de la mazmorra para recogerle de nuevo.
Dos perspectivas de la misma historia
Durante el juego, podremos deambular por la aldea y hablar con todos los habitantes que vayamos rescatando, además de entrar en las tiendas de armas, comida, medicinas o armadura (una vez hayamos salvado, claro está, a los responsables de cada uno de estos comercios), en un entorno totalmente tridimensional. Las tres dimensiones las veremos también en la etapa final de cada mazmorra, cuando debamos de recoger al correspondiente personaje, así como en las luchas contra los jefes finales, que acaecen cada cierto tiempo y que tanto pueden suceder dentro de las mazmorras como en la aldea de nuestro héroe. Estos jefes, la verdad, no son demasiado difíciles de derrotar, cosa que sorprende dada la dificultad general del juego dentro de las mazmorras. Por otro lado, los desarrolladores del juego han decidido incluir una opción para dos jugadores mediante la conexión local de nuestra consola en la que cooperaremos con otro usuario de Nintendo DS para superar cada uno de los jefes de gran tamaño, lo que no deja de ser un complemento bastante grato a la aventura principal.
Dentro de las mazmorras, tanto cuando vayamos hacia el interior como cuando regresemos, veremos unos gráficos en dos dimensiones bastante más sencillos con perspectiva cenital. La verdad es que la diferencia entre los modelados de una escena y otra se hace notar, aunque el aspecto general del juego sea, en definitiva, bastante cuidado. Quizás se echa en falta un poco más de variedad en los escenarios del juego, así como en los diferentes enemigos que iremos encontrando en cada una de las mazmorras, pero aún así, la tónica general en este aspecto es muy notable.
Magia, armamento y feng-shui
Como ya hemos indicado, a un juego que, a priori, podría haber sido bastante convencional, se le ha añadido una profundidad jugable que hace de él una apuesta de diversión asegurada. Primero de todo, deberemos de encontrar las entradas a cada una de las mazmorras, las cuales estarán dispersas por la aldea, tanto en exteriores como en el interior de los diferentes edificios. Las entradas aparecerán ante nosotros, al principio, cuando encontremos los objetos más característicos de cada personaje: la espada, en el caso del dueño de la tienda de armas; el casco y el escudo, en el caso del dueño de la tienda de armaduras... Más tarde, deberemos de encontrar las entradas mediante otros medios, que no desvelamos para no destrozar las sorpresas que el juego os tiene reservadas.