Tomb Raider: La historia de un mito

Tomb Raider: La historia de un mito

Juan Rubio · 10:49 2/3/2013
La mayor arqueóloga de la historia de los videojuegos está a punto de renacer, pero antes tuvo que convertirse en leyenda.

Reinicio. Reinicio es una palabra que resuena estos días en consonancia con los títulos de algunas de las sagas más renombradas de los últimos años. Muy pocas sagas han sido capaces de mantenerse vivas durante tres o más generaciones, y algunas de esas supervivientes han mostrado claros signos de agotamiento. Sagas que en cierto modo han perdido su atractivo original, que nos han ofrecido títulos normalmente poco más que correctos, y que, si bien han seguido satisfaciendo a algunos de sus aficionados, no ha conseguido despertar las mismas sensaciones de los primeros títulos o sorprender de la misma manera. Seguro que podéis pensar en muchas, pero nos centraremos en la que nos ocupa: Tomb Raider.

Tomb Raider –que se pronuncia realmente ‘tum reida’ por las siempre caprichosas razones paleográficas y fonológicas del inglés, y que significa ‘saqueador/a de tumbas’– es la saga protagonizada por Lara Croft, una joven arqueóloga inglesa enamorada de los artefactos más dispares y misteriosos. Tomb Raider ha sido, y es, uno de los referentes en los juegos que combinan aventuras, acción y exploración en tercera persona. Bien es cierto que el descanso que la saga se ha tomado durante los últimos años, junto a los nuevos "rivales" que le han aparecido en la última generación de consolas, hayan hecho peligrar su supremacía, pero su obra siempre ha estado presente.

Allá por 1996 se estrenó en PlayStation, Sega Saturn y ordenadores, el primer episodio de la saga, convirtiéndose en una de las primeras aventuras de desarrollo tridimensional, y su temática, su propuesta, y, por qué negarlo, su exuberante protagonista, lo convirtieron en un juego aclamado por la crítica y recibido con los brazos abiertos por los usuarios. Y a Lara Croft, por supuesto, en uno de los personajes más icónicos de la historia de los videojuegos. Han pasado, como decimos, varios años desde que disfrutamos de la última aventura de Lara como tal, por lo que nos disponemos a repasar el origen, evolución y explotación de la saga, así como el reinicio de la misma que llega a nuestras consolas durante estos días.

El nacimiento de un mito

Core Design comenzó a trabajar en un juego sobre "saquear tumbas" en 1993, que originariamente iba a estar protagonizado por un aventurero. El personaje masculino estaba demasiado popularizado en aquella época en la que pocas féminas se atrevían a protagonizar un juego, y mucho menos, enfocado a la acción como éste. Cuando los puzles comenzaron a tomar importancia dentro de juego, Core comenzó a plantearse la idea de cambiar a este personaje masculino por una mujer de armas tomar, una mujer cuyo espíritu inquieto la llevase a resolver los misterios más grandes del mundo antiguo, guiada por increíbles –en el sentido más literal de la palabra– leyendas y artefactos de origen desconocido. Es decir, comenzó a definir la que sería la archiconocida Lara Croft.

Pero antes de nuestra Lara había otra: Lara Cruz. Uno de los primeros personajes que se materializaron de cara al desarrollo del juego era una joven hispana, con un doctorado en Arqueología y Mitología Comparada en la Universidad de Oxford, aunque su profesión era un poco menos académica: mercenaria. Lara compatibilizaba e incluso aprovechaba sus conocimientos arqueológicos y mitológicos para llevar a cabo las misiones que le encargaban, sin molestarse en preguntar cómo ni porqué, siempre que al aceptarlas cobrase la cantidad acordada. La señorita Cruz compartía algunos rasgos con la señorita Croft –como la larga trenza y unos buenos pechotes– pero era más "militar" y sus rasgos eran distintos.

El problema es que Lara Cruz no llegó a convencer a Core Design. Tenían un público en mente principalmente masculino y entre 18 y 24 años, del que gran parte, además, sería norteamericano. Es por esto que pensó que una protagonista hispana no sería lo suficientemente exótica para este público, y la cambió por una refinada señorita británica, que trabajaba más por afición y con un acento –propio de la alta sociedad del Reino Unido– que hiciese las delicias de los americanos del norte. Se apostó también por un apellido más británico, Croft, y se pulieron los últimos detalles que acabarían dando forma final a la heroína.