Es curioso cómo los momentos positivos de nuestras vidas, aquellos que recordamos con especial ilusión o cariño, pasan a nuestra memoria para engrandecerse con el tiempo. Estos recuerdos sufren a veces una mitificación por nuestra parte que engrandece su verdadero origen. Esta mitificación desaparece cuando volvemos a entrar en contacto con este recuerdo en la actualidad, en el momento en el que, años después, nos damos cuenta de que nuestra ex-pareja no era tan guapo/a como pensábamos, o de que el balón con el que Andrés Iniesta nos dio la Copa del Mundo no entró en la portería rodeado de llamas y fuegos artificiales.
Algo similar ocurre con los videojuegos. Muchos de los aquí presentes hemos tenido la inconmensurable suerte de haber crecido rodeados de videojuegos, con algunos de ellos permaneciendo a nuestro lado a lo largo de varios años. Es inevitable pensar, cinco, diez o veinte años después, que este título en particular sigue siendo tan divertido, impactante o dinámico como lo era entonces. La realidad, en muchos casos, es otra: la edad ha causado estragos en multitud juegos que una vez fueron referentes jugables, mientras que otros se mantienen jóvenes como el primer día.
El siguiente especial intentará ilustrar únicamente los distintos destinos gráficos de varios juegos de consolas y ordenadores, y cómo éstos han soportado el incesante transcurrir del tiempo. No abordaremos si los juegos siguen siendo divertidos o no, ya que consideramos que la diversión que ofrecen es un concepto atemporal, individual y completamente desligado del aspecto gráfico. Partiendo de una base cronológica y agrupando los títulos elegidos por géneros siempre que nos sea posible, intentaremos ser lo más objetivos posibles y apoyar nuestras opiniones con el material que pensamos que adecuadamente ilustra nuestras palabras. ¡Empezamos!
Las 2D
Las dos dimensiones parecen volver a estar de moda. El pixel art, las reediciones de juegos clásicos, los juegos nuevos que apuestan por una estética propia de los 16 bits (como Scott Pilgrim vs. The World), o incluso los que ya se lanzan por una estética propia de Spectrum (como VVVVVV), están más presentes que nunca, por lo que estamos bastante acostumbrados a este estilo visual y los juegos que lo utilizaron originariamente no nos resultan extraños. En una etapa dominada por la Super Nintendo y la Mega Drive, ¿qué hace entonces que un juego de esta generación siga siendo (o no) un placer para la vista hoy en día?
Super Mario World 1 y 2
El 21 de noviembre de 1990 Super Mario World llega a todas las Super Nintendo japonesas (Super Famicon, consecuentemente). El título que presentó a Yoshi en sociedad es considerado uno de los mejores plataformas jamás creados, así como uno de los mejores juegos protagonizado por la pareja de fontaneros. Super Mario World sigue siendo, 22 años después, uno de los juegos que mejor representan el encanto de las dos dimensiones, gracias al trabajo de Shigeru Miyamoto y Shigefumi Hino. Animaciones sencillas, aunque adecuadas al máximo, sprites que recuerdan a dibujos animados y entornos aparentemente simples llenos de detalle componían un conjunto exquisito.
La precuela (probablemente más por cuestiones de marketing que por ser concebida como tal) de Super Mario World, Super Mario World 2: Yoshi’s Island llegó también a Super Nintendo con un nuevo estilo visual cinco años después. Tras ciertos reajustes en el aspecto gráfico (ya que al parecer, Nintendo quería gráficos similares a los de Donkey Kong Country), Miyamoto apostó por un estilo que parecía estar dibujado con lápices de cera y rotuladores, que le otorgó un aspecto único. Junto con las animaciones, las transformaciones de Yoshi y los diseños de enemigos, los escenarios remataban el conjunto de este título que aún hoy en día sigue siendo una delicia visual.