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Los juegos de La Tierra Media y El Señor de los Anillos

Los juegos de La Tierra Media y El Señor de los Anillos

Repasamos, anillo en mano, todos los títulos que han llevado la mitología, los personajes y los escritos de J.R.R Tolkien al mundo de los videojuegos.

La guerra del anillo: Los títulos basados en las películas de Electronic Arts y los títulos literarios de Vivendi Universal

"¡Avanzad sin temor a la oscuridad! ¡Luchad! ¡Luchad jinetes de Théoden! Caerán las lanzas, se quebrarán los escudos. Aún restará la espada. ¡Rojo será el día hasta el nacer del sol!"

El boom y el interés desatado por Peter Jackson tras el estreno en 2001 de La comunidad del anillo, llevó a las principales compañías y editoras de videojuegos a pelearse por los derechos de la adaptación. El gato al agua se lo llevó la todopoderosa EA, que aunque no llegó a tiempo de lanzar el primer juego de cara al lanzamiento de la primera de las películas de la trilogía, se puso a trabajar y teclear código a marchas forzadas junto a los chicos de Stormfront Studios para llegar a tiempo junto al estreno de la segunda entrega, Las dos torres, en 2002. Inteligentemente, EA y Stormfront Studios apostaron por sacarle el máximo provecho a la licencia fílmica, y decidieron incluir parte de los hechos de La comunidad del anillo en el DVD del juego -que se lanzó para Xbox, GameCube y PS2-, narrándonos así con una de las mejores intros interactivas de la historia, la batalla en las laderas del Monte del Destino, donde Isildur y Elendil le arrebataron el Anillo Único a Sauron, forzándolo a retirarse en la tierra de Mordor durante casi toda una edad.

En su momento, la traslación audiovisual de ‘Las dos torres’ por EA en las consolas de 128 bits nos dejó boquiabiertos.

Eran otros tiempos; los videojuegos basados en películas tenían mucho tirón. En la imagen, carátula del título en su versión para Xbox.

El Señor de los Anillos: Las dos torres era un título de acción en tercera persona, con un sólido apartado gráfico -contaba en sus tres versiones para consolas de sobremesa con una resolución y una tasa de cuadros por segundo superior a la media- y un apartado jugable básico -aunque aderezado con simples toques de rol y personalización en movimientos-, pero tremendamente adictivo. Las dos torres de EA nos llevaba desde el citado prólogo, pasando por la Cima de los Vientos o las minas de Moria, pasando por Amon Hen -fases ambientadas en la primera película de la trilogía, terminando por las llanuras de Rohan, los bosques de Fangorn o el propio Abismo de Helm, correspondientes a la segunda entrega cinematográfica y al segundo libro de Tolkien. Quizás los escenarios pecaran de simples, cortos y repetitivos, pues eran un paseo en los niveles más bajos de dificultad y no suponían ningún reto para el jugador más avezado ya que no ofrecían rutas alternativas con las que re-jugarlos, pero eran muy vistosos y entretenidos en los más altos invitando, paradójicamente, a la posterior visita para subir de nivel o encontrar el baúl y secreto que nos faltaba. Teníamos tres personajes a elegir -Aragorn, Légolas y Gimli-, cada con su propio manejo y su propio árbol de movimiento y experiencia, con lo que se podía escoger una forma diferente de pasarse el juego. Aragorn era un luchador experimentado y equilibrado, Légolas ágil y experto en el combate a larga distancia, y Gimli, un todoterreno blindado muy peligroso en distancias cortas.

Por si fuera poco, EA quiso añadir a la fórmula de Las dos torres un modo supervivencia basado en la Torre de Orthanc -Isengard- donde Saruman nos retaba a sobrevivir, ronda tras ronda, a una ingente cantidad de enemigos, que iban desde orcos de Moria a orcos de Mordor, pasando por Uruk-hai, trolls o demás criaturas malignas y retorcidas -y poderosas- como los Nazgûl. Electronic Arts contó con uno de los presupuestos más amplios del momento, incluyó secuencias de ambas películas en alta calidad -como nota curiosa, cabe destacar que traía escenas a modo de adelanto de Las dos torres, ya que salió semanas antes de su estreno en cines- y algunas pertenecientes a la posterior versión extendida como un diálogo de Aragorn y Gandalf que acabó siendo cortado del montaje cinematográfico. Extras, trailers y demás material destinado a los fanáticos, completaban una de las ofertas basadas en una licencia cinematográfica -a nivel general- más bien avenidas de la historia de los videojuegos. Las dos torres contó también con una versión exclusiva para Game Boy Advance, en dos dimensiones y que añadía a Éowyn com personaje jugable en la portátil de Nintendo.

EA fue muy inteligente en ‘Las dos torres’: recogía partes de la primera película para evitar quedar incompleto como videojuego.

De forma paralela, y también en 2002, Vivendi Universal y Black Label, parieron otro juego basado en la Tierra Media, teniendo esta vez los derechos literarios de la obra de Tolkien como premisa y baluarte. El juego de Vivendi El Señor de los Anillos: La comunidad del anillo, y el de EA, Las dos torres, llegaron al mismo tiempo. Ambos títulos -el primero de EA y, este de Vivendi Universal- coincidieron en las tiendas con pocos días de diferencia, apostando cada uno de ellos por un estilo de juego radicalmente diferente al otro. Mientras EA quería un título de acción más simple y llano -una suerte de hack and slash soterrado-, Black Label fue mucho más ambiciosa y buscó el equilibrio entre rol, puzles, plataformas y acción con un juego muy fiel a los hechos narrados en la novela homónima de Tolkien.

Vivendi y Black Label ofrecieron uno de los videojuegos más fieles, completos y divertidos basados en las novelas de Tolkien.

El videojuego empezaba con Frodo Bolsón recibiendo el deseado y codiciado anillo, con Gandalf explicándole los avatares del viaje de su tío y los peligros convocados por el Señor Oscuro Sauron para recuperarlo, que deseaba conseguirlo con toda su alma. Antes de embarcarnos en la aventura para llegar a la ciudad de Bree -donde Gandalf nos esperaría en la taberna del Poney Pisador- podíamos darle los papeles de la escritura a Lobelia Sacovilla Bolsón, expulsar algunos lobos de las lindes de la Comarca, ayudar a los habitantes de la zona o pasear por los interiores de Bolsón Cerrado, en un intento de aportar una nueva dimensión jugable a la mecánica principal del juego, que engarzaba el control sobre Frodo -que podía usar el anillo- con la acción y la fuerza física de la mano de Aragorn o la magia e inteligencia de Gandalf para resolver puzles.

El viaje de Frodo centraba gran parte de la primera parte de La comunidad del anillo, que incluía sendos guiños al aficionado de Tolkien, con apariciones especiales como la de Tom Bombadil y Baya de Oro, que venían al rescate una vez el Viejo Hombre-Sauce nos intentaba atrapar en sus redes en lo profundo del Bosque Viejo. Una vez en Rivendell, y tras haber luchado como Aragorn en Bree y en la Cima de los Vientos contra los Jinetes Negros, pasábamos a encarnar a Gandalf, que nos llevaba a las Minas de Moria tras un accidentado viaje por Caradhras y las tierras salvajes. El juego se tornaba en ese punto más difícil y complejo, con laberínticos niveles y puzles, pasando tras el combate contra el Balrog, de nuevo a la acción más directa con Aragorn. Su tramo final destilaba un cierto desdén -parecía hecho con prisas-, pese a que la exactitud de diálogos y textos era digna de ser elogiada -su doblaje al castellano era soberbio también-.

En el título podíamos encarnar a Gandalf, Frodo y Aragorn, cada uno con sus propias habilidades.

En líneas generales, La comunidad del anillo de Vivendi Universal y Black Label, era un juego decente, que se veía lastrado por una evidente falta de presupuesto. Técnicamente no era ninguna maravilla -aunque la versión de Xbox era mucho más lustrosa que la de PS2 por ejemplo-, y arrastraba una serie de bugs un tanto extraños, que podían corromper incluso la partida o dejarnos atascados en algún punto del juego. La comunidad del anillo recibió -como mandaban los cánones hace una década- también una versión para Game Boy Advance, que recopilaba parte de la esencia del título de sobremesa aunque la llevaba por derroteros más cercanos al rol clásico y lo trasladaba a una perspectiva en 2D más apta para la potencia de la consola portátil.

Imaginad lo que era llegar a una tienda física y encontrar tantas carátulas diferentes basadas en la obra del profesor.

Vivendi Universal y Black Label tuvieron en sus manos continuar con la trilogía del anillo, e incluso proyectaron y desarrollaron una segunda parte, El Señor de los Anillos: La Traición de Isengard, que traería, entre otras novedades, un modo cooperativo para dos jugadores y la posibilidad de controlar a un todopoderoso Ent. Desgraciadamente, sobre todo para los fanáticos de las novelas de Tolkien, el juego jamás llegó a materializarse, cancelándose en un último momento tras los mediocres resultados obtenidos con el primer título. Una verdadera lástima, pues lo cierto es que un juego centrado en los libros -y con un estilo artístico único- era francamente necesario para ampliar la experiencia del maremagnum desatado por las películas.

Vivendi nos llevó la historia de Bilbo Bolsón a los videojuegos muchos años después de Beam Software.

Tras el fracaso de su juego de rol y acción en tercera persona, Vivendi lo volvió a intentar. La estrategia de la editora, era clara: aprovechar el empujón de la licencia literaria de The Tolkien State y sus herederos, y procurar adaptar de la forma más respetuosa los hechos y los escritos de J.R.R Tolkien a los videojuegos. Así, en 2003, nos ofreció dos juegos editados junto a Sierra: War of the Ring y The Hobbit. El primero era un juego exclusivo para PC, que volvía a los terrenos de la estrategia en tiempo real, y el segundo, un desenfadado título de plataformas y aventuras que buscaba como cómplice al público infantil gracias a su estructura de cuento. El Hobbit de Vivendi y Sierra fue un divertido alivio cómico entre tanta película y seriedad. Adaptaba la práctica totalidad del libro con pasión, ahínco y mucho humor, y pese a que su apartado gráfico le restaba muchos puntos -el título no es que fuese ningún alarde visual-, atesoraba loables detalles. Como míticas fases quedan aquellas de infiltración donde nos internábamos en el campamento de los trolls o en la residencia de los elfos del bosque, la de los acertijos de Gollum o los tramos finales en Erebor junto al dragón y los enanos. Era la primera vez que, tras el juego de Beam Software de hace más de dos décadas, se volvía a narrar las aventuras de Bilbo Bolsón en el mundo de los videojuegos, algo que el más acérrimo de los fanáticos debería considerar. De hecho, si nos ponemos, la historia de El Hobbit es la más propicia para un buen videojuego. Cuenta con un objetivo claro, una compañía de rudos héroes y un destino tan atractivo como la lucha contra el mayor dragón jamás imaginable. El título, que salió en varias consolas de sobremesa, también recibió una adaptación más sencilla para Game Boy Advance.

‘El Hobbit’ editado por Vivendi tenía algunas ideas muy interesantes y un apartado gráfico muy colorido.

The War of the Ring era un RTS -juego de estrategia en tiempo real, en sus siglas en inglés- muy al uso, con diferentes facciones y bandos -podíamos encarnar a las tropas de la Oscuridad o al bando de la Luz- y una serie de escenarios reconocibles, que explotaban elementos recogidos en las novelas de Tolkien, y que ofrecían la posibilidad de ser reescritas a nuestro antojo. El sistema de juego era sencillo -basado en la recolección- y el estilo artístico, pese a lo ramplón y anodino -no tenía apenas pizca de originalidad-, funcionaba con lo directo de su planteamiento. Fue lanzado de forma exclusiva en PC y no cuajó ni en ventas ni en crítica, lo que supuso otro golpe más para Vivendi en su particular odisea por traer un juego basado en los libros sin perecer en el intento. EA, por su parte, seguía cosechando éxito. Tras el gran resultado obtenido -a todos los niveles- por Las dos torres, la editora tenía ya preparado su siguiente golpe en forma de videojuego: El retorno del Rey. Una vez más, la adaptación de Electronic Arts llegó al mismo tiempo que el último capítulo del tríptico cinematográfico de Peter Jackson.

‘War of the Ring’ fue un título de estrategia basado en las novelas de Tolkien y dejando a un lado las películas, de las que Vivendi no tenía licencia.

El Señor de los Anillos: El retorno del Rey -lanzado para cualquier consola imaginable por aquella época, así como para PC-, volvía a la misma senda marcada por Las dos torres del año anterior, aunque el desarrollo recayó en manos de EA Redwood Shores, uno de los estudios internos de la compañía. Para empezar, continuaron con las bondades jugables vistas en el anterior videojuego, añadiéndole nuevas características y elementos con los que redondear la sólida mecánica de su antecesor. El primer añadido que nos entraba por los ojos, era la sensación de estar ante un juego más grande, completo y duradero que su predecesor. Redwood Shores ampliaba el catálogo de personajes en varios enteros, contando, además del trío de cazadores -Légolas, Gimli y Aragorn-, con la pericia mágica de Gandalf y con la valentía del hobbit Sam, que acompaña a Frodo en su titánica tarea por las tierras de Mordor. El juego acababa freciendo -salvando un poco las distancias-, casi tres juegos en uno.

EA lo volvió a hacer con ‘El Señor de los Anillos: El retorno del Rey’. Un título de aventuras y acción muy entretenido, completo y desafiante.

Por una parte, continuábamos con las aventuras de Aragorn, que seguía dando pasos hacia su destino como el Rey de Gondor, convocando ejércitos y huestes de desdichados y teniendo como etapas claves la conquista de Minas Tirith y la batalla de los Campos de Pelennor o la distracción en la Puerta Negra. Por otra, asistíamos a la carrera de Gandalf por llegar para reforzar las defensas de la citada ciudad blanca de Gondor, y finalmente, y no por ello menos importante, teníamos el duro periplo de Sam y Frodo. Cada personaje -más los que desbloqueábamos una vez nos pasábamos el juego-, tenía su propio plantel de movimientos y habilidades especiales, que hacían radicalmente diferente la jugabilidad cuando saltábamos de uno a otro. Era curioso ver como llegaba a costar trabajo avanzar con los hobbits -que no tenían ni un ápice de la fuerza de otros héroes- o como nos sentíamos casi invulnerables al usar a Gandalf y su poderío arcano con solo pulsar un botón.

Podíamos encarnar a más personajes con respecto a su anterior título; Gandalf se desvelaba como un combatiente espectacular en el asedio de Minas Tirith.

El retorno del Rey era un videojuego más épico, grande y detallado que su anterior entrega. Iba más acorde con el espíritu impregnado por Peter Jackson en el broche de oro de su trilogía cinematográfica, y prestaba más atención al entorno y a los diseños de los niveles. El juego arrancaba con los últimos compases de la batalla del Abismo de Helm y nos llevaba hasta la misma Puerta Negra de Mordor, pasando por el antro de Ella-Laraña, Cirith Ungol, Minas Tirith o el Sendero de los Muertos, mientras nos ofrecía decenas de elementos externos con los que interactuar en sus escenarios -desde catapultas a torres de asedio- y un sistema de progresión menos laxo y anodino que su anterior capítulo. Gráficamente era un juego mucho más completo que Las dos torres pese a que tuvo que sacrificar la excelente tasa y refresco de cuadros por segundo y algunos detalles para incluir más unidades, efectos y enormes construcciones en pantalla, y a nivel sonoro, contaba con los efectos y la banda sonora compuesta por Howard Shore.

Pero lo más destacable, y lo que lo hizo pasar a los anales de la historia de la Tierra Media virtual, fue su comentado, completo y adictivo modo cooperativo. En una época donde el juego online en consola seguía siendo anecdótico -Xbox Live empezaba a arrancar por esas fechas-, el modo cooperativo en una misma consola, era la salvación y la garantía de horas delante la consola y el televisor. Su modo para dos nos llevaba a recorrer el camino hacia la derrota de Sauron, cooperando por expulsar a las legiones de orcos y otras criaturas malévolas de la faz de la Tierra Media. Era extremadamente divertido, sobre todo por la alta dificultad del juego y de algunos jefes -El Rey de los Muertos o algún que otro enemigo en Mordor nos harían sudar hidromiel-, y por la regla no escrita de acumular más experiencia y objetos que nuestro compañero. A eso se le sumaba un sistema rudo y poco caritativo de checkpoints, con lo que si uno de los dos moría, el juego se hacía cuesta arriba. Electronic Arts conocedora del gusto del fanático medio por este tipo de detalles, echó el resto con una serie de extras en forma de entrevistas, making of y trailers que redondeaban la, posiblemente, mejor licencia en consolas de la franquicia hasta la fecha.


vito81 · hace un minuto
Yo disfruté muchísimo con la versión de Vivendi de PS2, muy muy divertida. Una pena que cancelaran Treason of Isengard, me gustaba mucho más el estilo de estos juegos que los de EA (que también eran juegazos, pero otro rollo).

A ver si alguien se anima a sacar un RPG de los 3 libros del tirón.

Nanduil · hace 6 minutos
"Podíamos ser un enano, un hombre, un hobbit o un elfo, eligiendo sexo y clase -Ladrón, Capitán, Campeón, Guardian, Cazador, Mago, Bardo, Lector de Runas o Jardinero-"

En la Tierra Media solo se conocen 5 magos y en El Señor de los Anillos Online se respeta eso al máximo. No existe la clase de Mago porque no hay magos en la Tierra Media salvo los Istari. Por otra parte, lo de jardinero te lo has inventado, no hay clase jardinera en LOTRO. Lo que hay es farmer y es solo una profesión de planta y recolección para ayudarse en Cocina. Por otra parte el PvP no se añadió hasta más tarde, por lo que no salió con Angmar (que yo recuerde). El Rune Keeper y el Warden no estaban en Angmar así que no se porque se mencionan cuando tardaron bastante en salir. El Beorning saldría mucho más tarde.

DonPollon · hace 59 minutos
Muy top el del retorno del rey de PS2, fantástico para jugar 2 jugadores

Gran_dios_oso · hace 8 horas
Lo dije en otro tema, pero lo que no me gustaba de los juegos de la Batalla por la Tierra Media era lo injustamente débiles que podían ser algunos bandos del mal, sobre todo los Trasgos y Mordor, cuyas unidades morían fácilmente y sus arqueros tenían un alcance mediocre. En cambio los bandos del bien eran OP, ni se digan de los elfos con sus flechas de plata (con eso podías matar fácilmente a cualquiera, incluso teniendo los suficientes arqueros matabas al Balrog en un abrir y cerrar de ojos)

Solo Isengard y Angmar eran buenos en cuanto al lado del mal se refiere.

EmeraldGolvellius · hace 10 horas
La primera vez que vi un Videojuego de Lord of the Rings fue el de Commodore Amiga,
y no me maravillo precisamente,preferia otros juegos de Rol como Ultima o Eye of Beholder.
recuerdo vagamente jugar al War in the Midle Earth en MSX y tampoco me terminaba de maravillar,
no fue hasta la primera XBOX que disfrute de un Videojuego de la Obra de Tolkien que me enganchara.

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