Repasamos la trayectoria de la anterior consola de Nintendo.
10. Baten Kaitos
TriCrescendo entró en el rol de GameCube por la puerta grande. Lástima que luego las editoras nos dejaran sin su igualmente sobresaliente segunda parte en una de esas puñaladas rastreras al consumidor europeo. Baten Kaitos tenía cierto aire retro, con sus escenarios prerrenderizados y personajes poligonales sobre ellos, y un aire en su estética de toque
kitsch que lo hizo artísticamente sublime, sobre todo avanzado el juego, cuando se tomaron las mayores licencias creativas.
Sus combates combinaban turnos y cartas con el sabor más clásico del rol japonés, una propuesta singular en nuestro mercado, donde todavía son pocos los juegos que optan por este estilo de luchas, y la historia nos llevaba por los intrincados destinos de un grupo de héroes que afrontaría un difícil y complejo destino final.
Un juego de rol de pedigrí, marcado por la libertad creativa de sus responsables, pero de limitado éxito comercial.
9. Donkey Kong Jungle Beat
GameCube sumó varios plataformas, pero éste es uno de sus mejores representantes, y eso que se jugaba con los bongós lanzados con motivo del juego musical Donkey Konga... y luego fue adaptado a Wii con un resultado algo más flojo, pues lo cierto es que darle al bongó tenía su punto. El equipo responsable era el entonces nuevo grupo de Tokio (recordemos que Nintendo tiene su sede en Kioto), que tan sólo unos años más tarde firmó el apabullante Super Mario Galaxy.
Lo más curioso de su propuesta era la combinación de plataformeo puro y duro, con desarrollo bidimensional, con el ritmo musical más marcado, algo que luego se trasladaba a los combates contra los jefes finales. A golpe de bongó y palmada, movemos a Donkey Kong por el escenario, en un título que tenía el espíritu arcade más clásico: corto, pero intenso, e inmensamente rejugable. Le faltaba un poco de esfuerzo en la variedad de enemigos comunes y finales, sí, pero su fórmula jugable fue mágica.
8. Pikmin 2
El primer Pikmin (también presente en esta selección) creó una saga y sentó unas fuertas bases que este Pikmin 2 rompió en todo lo que fue necesario. Creó un modo multijugador donde parecía que no habría sitio para ello, eliminó el límite total de días, y añadió partidas mucho más largas gracias a unas cuevas (que se generaban
ex profeso) enormes, difíciles y llenas de peligros. Retos, mayor dificultad, más enemigos, y una rejugabilidad endiablada.
Pikmin 2 perdió esa tensión temporal, ese destino trágico que acechaba, y aquí nos encontramos a un Olimar a la búsqueda de tesoros, con dos nuevos tipos de pikmin, un entorno mucho más hostil, pero con más posibildades, y mostró que las segundas partes pueden ser más que buenas.
De hecho, la progresión fue tan evidente, y está tan claro que se podría beneficiar del uso del mando remoto (de hecho, ambos juegos han sido adaptados a Wii) que sólo podemos preguntarnos cómo es posible que Nintendo no nos haya dado ya su tercera entrega.
7. Viewtiful Joe
Cuando supimos que Hideki Kamiya, el creador de Devil May Cry, iba a trabajar en GameCube en un nuevo juego de acción, la sorpresa fue mayúscula, casi tanto como singular nombre, que ya presagiaba que no nos íbamos a encontrar un videojuego en la línea de la acción de Dante. Y casi que mejor: Viewtiful Joe es un juego lleno de humor y acción bidimensional.
El iniciador de la saga, que ha quedado en el limbo tras la disolución del Clover Studio y la salida de Kamiya de Capcom (ahora tiene su propia compañía, junto a otros ex-Capcom: Platinum Games), establece unas bases de gran solidez, entre las que destaca su estilo visual espectacular, pero sencillo en sus trazos, gracias al cel-shading, y el juego constante con las reglas del cine y los videojuegos. Nos lleva, así, al mundo de las producciones de bajísimo presupuesto con héroes disfrazados (el género sentai), que parodia, ridiculiza y lleva al extremo, junto a poderes fílmicos especiales.
Su segunda entrega nos dio algunas novedades, y refinó la fórmula, pero el encanto de esta primera parte, su originalidad, y acción intensa, nos dejó una huella mucho más intensa.
6. The Legend of Zelda: Wind Waker
El horror: Miyamoto estaba convirtiendo a Zelda en unos dibujitos. Eso, más o menos, pensaron muchos aficionados cuando vieron los primeros vídeos de esta entrega. Las críticas llegaron años antes incluso de que el juego se lanzara al mercado.
Luego se le criticó tanto por su estilo visual, como por su bajo nivel de dificultad, y un desarrollo en el último tercio algo tedioso. Realmente, el juego no mantiene el ritmo, algo que se acentúa por sus enormes mares y escasas islas, pero eso precisamente le dotó de su gran virtud: la sensación de navegar en unos mares peligrosos a veces, pero inabarcables, un mundo desolado por el mar, que escondía en su fondo los lejanos restos de una Hyrule sepultada por las aguas ante la imposibilidad de derrotar a Ganondorf.
También nos ofreció a un Link muy niño, y el más expresivo de la historia, junto a un estilo visual que, guste o no guste, es virtualmente indiscutible: el color, los diseños, y toda la experiencia visual nos sigue llevando todavía a un mundo de dibujos animados, y eso, también, ha hecho que haya envejecido con una salud de hierro.
Su estilo visual se ha mantenido vivo en Nintendo DS, pero nosotros esperamos que todo el encanto de Wind Waker regrese a las consolas domésticas en todo su esplendor, para potenciar, más si cabe, la expresividad, la vitalidad y el encanto de un mundo como éste.