Repasamos la historia de Hideo Kojima y sus juegos al margen de Metal Gear Solid.
No cabe duda que para la mayoría de jugadores, Hideo Kojima se asocia inmediatamente con Metal Gear y sus personajes: Snake, Ocelot, Otacon, Raiden… también es cierto que esto es lo normal, pues desde 1987 en MSX encontramos casi 30 juegos de la saga, aunque hay que decir que muchos son adaptaciones o juegos alternativos en los que él tuvo una presencia mínima. Pero existe otro Hideo Kojima menos conocido, que ha dirigido, escrito o producido juegos que poco tienen que envidiar en cuanto a calidad a sus juegos más conocidos, aunque no todos han gozado del mismo éxito que los del espía antinuclear.

Kojima, como bien se puede deducir por sus juegos, es un apasionado del cine, aunque en su juventud –como quizás muchos niños- quería dedicarse al arte y la ilustración, algo que no tenía el suficiente futuro económico como para ser planteado de manera seria, y el ejemplo más cercano lo tenía en su tío, un artista en dificultades financieras. "La creencia en Japón en aquel momento era que los buenos colegios y la correcta educación te llevaban a una vida tranquila con trabajos bien pagados. Ese era el ideal japonés, algo que tenía sus consecuencias para todo aquel que no seguía la corriente", recuerda el creador de Metal Gear.
Algo que sin duda influyó en él fue su juventud solitaria, en la que, como otros chicos que regresan del colegio a la casa vacía –porque sus padres están en el trabajo, por ejemplo- devoraba la televisión y las películas que en ella veía. Kojima relata que incluso ahora, lo primero que hace al llegar a un hotel en alguno de sus viajes por todo el mundo para presentaciones y entrevistas es poner la televisión en su habitación, para afrontar la sensación de soledad. "Mis padres me forzaron a ver televisión ya que no tenían tiempo para mí. Veía todo de manera obsesiva: entretenimiento, programas de cocina, documentales de naturaleza, series animadas, el tema daba igual".
Ya que no había sido llamado por el camino de la ilustración, Kojima comenzó a escribir historias cortas para prensa y revistas japonesas, aunque no consiguió la respuesta deseada. Además, de pequeño siempre había deseado ser astronauta, e interesarse por la ciencia ficción y de ahí pasó a gustos como policía o detective -¿no suena esto algo a los proyectos que llegarían más tarde?-. Como anécdota, comenta que al contrario de otros muchos escritores con pánico a la hoja en blanco, sus densos textos ocupaban habitualmente 400 horas, frente a las 100 que pedían las revistas. El paso al cine fue algo natural cuando uno de sus amigos se presentó con una cámara de 8 mm: "Mi sueño de convertirme en un director de cine o escritor entró en conflicto con las normas no escritas de la sociedad. Me hizo la vida más difícil, sentirme rechazado".

Como había sucedido con la ilustración o la novela, con el cine su familia seguía desaprobando su creatividad, no tanto por su falta de interés o talento, era el típico consejo de padres para que el hijo consiguiese una vida económicamente tranquila, algo que causó "aún más desesperación. Mi familia nunca entendió mis ambiciones. Lo sabía en el fondo de mí, así que no compartí todos mis sueños y deseos creativos. Mis amigos concentraban su educación y todo su tiempo estudiando. Teníamos una banda de pop, pero era sólo un hobby. Ellos no tenían el sueño de ser autosuficientes con el trabajo creativo, fuese música o cine".
Lógicamente, en su juventud –Kojima nació el 24 de agosto de 1963- los videojuegos aún no eran algo conocido o que se considerase un trabajo "serio", ni siquiera en Japón. "Recuerdo bien que todo el mundo me decía ‘no lo hagas’ –plantearse entrar en la industria-. Poco después de unirme a Konami me invitaron a una boda en la que me pidieron escribir un discurso de celebración. En Japón el locutor es bien presentado, y el maestro de la ceremonia dijo: ‘Este es Hideo Kojima, un hombre de gran talento que está desaprovechado en Konami’. También me encontré a un viejo amigo de la escuela en un tren que simplemente me preguntó ‘¿por qué?’ con asombro. Pero la gente ha cambiado su opinión desde entonces. Hoy día me saludan con gran admiración. Sin embargo, creo que mi madre nunca ha contado a nadie que trabajo en la industria del videojuego".