Detrás de la cámara: El nuevo Kinect

Detrás de la cámara: El nuevo Kinect

Juan Rubio · 18:03 24/7/2013
Microsoft sigue mejorando su sensor de movimiento para llevar las experiencias de su predecesor hasta niveles insospechados.

Un sueño de todo jugón desde los primeros albores del videojuego siempre ha sido el vivirlos, y no sólo jugarlos. Multitud de inventos diferentes intentaron hacernos partícipes de la aventura de mil y una manera distintas, y ya en la época de Mega Drive era posible controlar según qué títulos solamente con nuestro cuerpo. Quizá el acercamiento que mayor acogida tuvo hasta la pasada generación fue Eye Toy, la cámara de Sony que nos permitía completar multitud de minijuegos, ya fuese en solitario o con amigos, sin otro mando que nuestro cuerpo.

Durante la presente generación, Microsoft anunció su Project Natal, un sensor de movimiento que prometía cambiarlo todo. El primer contacto con este sensor fue con una espectacular demostración en la que se interactuaba con Milo, un niño que se comunicaba con nosotros con naturalidad. Poco a poco vimos nuevas demostraciones en las que se hacía gala de las posibilidades para "meternos" en el juego, y cómo la consola reconocería nuestros movimientos físicos para evitar el uso de botones.

No podemos negar tampoco que, cuando el ya llamado Kinect llegó a nuestras casas, todas estas demostraciones luego no terminaron de funcionar tan bien. Tampoco sería justo señalar al sensor como único culpable de estos problemas, ya que la necesidad de ajustarse a multitud de entornos causó que fuese difícil aplicar la teoría a la práctica en todas las situaciones. Aun así, Microsoft ya ha distribuido unos 25 millones de Kinect en todo el mundo, y se prepara para continuar demostrando las posibilidades del dispositivo con su nueva consola.

La evolución desde Xbox 360

El salto entre el Kinect de Xbox 360 y el de Xbox One –que pasaremos a llamar "Kinect 360" y "Kinect One" cuando sea pertinente, ya que, oficialmente el sensor se llama "Kinect" en las dos plataformas, sin ningún elemento diferenciador– es más que obvio, pero hay algunas características importantísimas que es necesario destacar desde el principio. Lo primero, es el salto en resolución. Mientras que el Kinect 360 funcionaba generalmente a 320 x 240 píxeles o a 640 x 480 píxeles, a 30 imágenes por segundo, Kinect One lo hará a 1080p a 30 imágenes por segundo.

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Otro de los aspectos que mejorará el nuevo Kinect es el reconocimiento de voz, que será un elemento diferenciador de la consola. Desde su debut ya vimos que el menú de la consola podría controlarse prácticamente sin necesidad de mando. Podemos encenderla, apagarla, ejecutar aplicaciones o alternar entre ellas con nuestra voz. También sabemos que, por ejemplo, podemos extraer 30 segundos que no queramos perder de la grabación de nuestra partida con una orden de voz, en el caso de que no podamos pausar por estar, por ejemplo, jugando online.

Otra de las mejoras del sensor pasará por el espacio necesario para identificar correctamente a los jugadores. En Kinect 360 necesitábamos un mínimo de 1,2 metros para que nos detectase correctamente –una distancia que muchos usuarios no podían conseguir por jugar en habitaciones más pequeñas, por ejemplo– y un máximo de 3,5. Ahora con Kinect One estas distancias se reducirán y ampliarán, facilitando una mayor detección en situaciones más "adversas".

Grabamos cómo Kinect de Xbox One puede detectar movimiento en la oscuridad.
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Lo mismo sucedía con la iluminación. No todo el mundo puede tener una habitación bien iluminada, e incluso a veces se nos apetece jugar con la luz apagada. En condiciones pobres de luz, Kinect 360 tenía bastantes problemas para reconocernos y procesar nuestros movimientos con rapidez, pero Kinect One ha evolucionado hasta ver en la más absoluta oscuridad. Así, si queremos, podremos jugar cómodamente con Kinect sin ningún tipo de iluminación.