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Star Fox 2: el regreso de un juego perdido

Más de dos décadas después, por fin jugamos a la versión final de la entrega perdida y más atípica de Star Fox.

Gracias al lanzamiento de Nintendo Classic Mini: Super NES por fin hemos tenido la oportunidad de disfrutar de la versión final de uno de los juegos cancelados más famosos de la historia: Star Fox 2. Estamos ante toda una pieza de coleccionista y probablemente ante una auténtica obra histórica de este hobby que tanto nos apasiona.

La historia sobre su cancelación es tan curiosa como conocida, ya que su desarrollo fue cancelado a ultimísima hora, justo cuando ya estaba prácticamente terminado y listo para llegar a las tiendas, una decisión que a muchos de los que estábamos esperándolo con ganas nos sentó como un jarro de agua fría.

Se trataba de uno de los proyectos más ambiciosos jamás realizados para Super Nintendo, especialmente en el plano técnico, aunque el hecho de tener una fecha de lanzamiento planeada para 1996 con la siguiente generación de consolas ya a la venta (Sega Saturn, PlayStation y Nintendo 64) y mostrando gráficos 3D realmente avanzados para la época, acabaron por enterrar la secuela de las aventuras de Fox McCloud antes de poder tener una oportunidad.

Por suerte, tal y como suele ocurrir desde que se popularizó Internet, se llegaron a filtrar multitud de documentos y detalles sobre este juego, incluyendo una beta casi final con la que pudimos descubrir cómo habría sido si Nintendo no se hubiese echado atrás en el último minuto.

A pesar de ello, seguía siendo una beta de dudosa legalidad y no la auténtica versión final, la cual por fin tenemos en nuestras manos de forma oficial, pudiendo así quitarnos por fin esa espinita que teníamos clavada desde hace 21 años.

Una secuela muy diferente

Lo primero que tenemos que dejar claro es que a la hora de afrontar Star Fox 2 hace falta tener una mente muy abierta y ponernos en situación sobre lo que iba a suponer para su época, ya que, evidentemente, a día de hoy se trata de un juego que no va a sorprender a nadie, menos todavía si intentamos compararlo con productos más recientes o incluso con la mayoría de entregas de la propia saga.

Dependiendo de nuestro personaje, pilotaremos uno de los tres tipos de Arwings existentes, cada uno con leves diferencias jugables.

Si bien el primer Star Fox consiguió enamorarnos con sus espectaculares gráficos tridimensionales, enormes valores rejugables y adictiva jugabilidad (por no mencionar su fantástica banda sonora) basada en avanzar por una serie de niveles lineales donde nuestra nave siempre iba hacia delante mientras disparábamos a todo lo que se movía y esquivábamos una gran cantidad de peligros, para esta ocasión en Nintendo quisieron ir un paso más allá y romper por completo con su predecesor.

Por ello, la primera gran diferencia la tenemos en que aquí no sentiremos que nuestra nave avanza "sobre raíles", ya que con Star Fox 2 consiguieron crear entornos de vuelo libre totalmente tridimensionales, permitiendo de este modo que nos moviésemos por el espacio en la dirección que nosotros quisiésemos.

Como muchos sabréis, esto es algo que se convertiría en uno de los pilares de la serie a partir de Star Fox 64, pero es aquí donde encontramos su germen y teniendo en cuenta que se consiguió algo así en una consola como Super Nintendo, resulta todo un prodigio técnico que demuestra la enorme ambición que había tras este proyecto.

Podremos alternar entre jugar en primera o tercera persona.

Por desgracia, esto no se consiguió sin que tuviese un alto coste en el rendimiento de la aventura, la cual sufre de numerosas y graves ralentizaciones, especialmente en los momentos más exigentes y con más elementos en pantalla, algo que no se ha arreglado en esta versión y que podría darnos pistas del duro proceso de optimización que requería hacer funcionar algo como esto en una plataforma de 16 bits.

A pesar de ello, los controles son sorprendentemente buenos y casi sin que nos demos cuenta ya estaremos pilotando como expertos por sus diferentes escenarios realizando todo tipo de arriesgadas maniobras aéreas. Sí, los combates son algo más complejos y profundos al tener que ingeniárnoslas para quitarnos a los enemigos de la cola y para adecuadamente a nuestros rivales, pero divierten y enganchan, algo a lo que ayuda mucho el hecho de que se controlen tan bien las naves.

Básicamente nuestras acciones se limitan a dirigir la nave, realizar algunas acrobacias evasivas como los famosos toneles, disparar en ráfagas o cargando el láser y utilizar nuestro objeto especial, como los misiles de Fox, aunque también tenemos que añadir que en determinados momentos convertiremos nuestro Arwing en un Walker (adoptando una forma parecida a la de un ave que va corriendo por el suelo o incluso buceando), una idea descartada desde entonces y que se recuperó el año pasado con Star Fox Zero. Esta transformación se hace un poco más complicada de manejar, pero una vez nos acostumbramos a su forma de moverse y de apuntar tampoco da problemas.

En este sentido cabe destacar que se ha eliminado la posibilidad de fijar objetivos que tenía la última versión de la beta que se filtró hace años, lo que hace que el título sea bastante más exigente a la hora de acertar a nuestros blancos y un poco caótico en ocasiones cuando estos están muy lejos o se mueven demasiado.

El Walker tiene gran protagonismo durante nuestros asaltos a los planetas conquistados.

Eso sí, existen algunos peros, como la poca variedad de enemigos que existen o su rutinaria IA, la cual actúa siempre de la misma manera, por lo que son fácilmente contrarrestables. Donde sí que gana enteros el título es en el momento en el que los jefes finales salen a escena, ofreciéndonos batallas muy variadas y bien planteadas donde tendremos que apurar mucho para acertar en sus diferentes puntos débiles. Además, resultan sorprendentemente desafiantes, por lo que nos obligarán a esforzarnos y a darlo todo para derrotarlos.

La única excepción que pondríamos aquí serían las batallas contra los miembros del icónico equipo de Star Wolf, ya que solo actúan como enemigos normales con mucha más vida de lo normal. Aprovechamos para recordaros que estos míticos villanos fueron creados originalmente para debutar en este juego, aunque no aparecerían de forma oficial hasta Star Fox 64, por lo que aquí tenemos otra de las grandes aportaciones que hizo esta secuela a la serie.

Pero probablemente, la novedad más importante esté en su estructura, muy diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en la saga. En vez de apostar por una sucesión de niveles con multitud de rutas posibles, en esta ocasión se intentó hacer algo muy distinto e incluso experimental al proponernos unas partidas más propias de un roguelike que de un Star Fox al uso.

De este modo, el título nos planta en un "mapamundi" donde podremos ver todo el sistema Lylat y por el cual nos moveremos libremente, decidiendo de este modo los diferentes planetas y bases a los que nos queremos dirigir. Nuestro objetivo no será otro que el de derrotar al ejército de Andross antes de que este destruya Corneria con sus incesantes ofensivas en forma de misiles, escuadrones de ataque y otras amenazas con las que tendremos que lidiar.

Este es el 'mapamundi' por el que nos moveremos para defender Corneria y liberar el Sistema Lylat una vez más.

Para ello, tendremos que planificar muy bien nuestros movimientos para poder interceptar estos ataques y así evitar que el planeta central de Lylat sufra daños al mismo tiempo que nos dirigimos a los diferentes mundos que han sido conquistados por el malvado científico para liberarlos y abrir el camino hasta el enfrentamiento final contra él.

Como podréis suponer, cada partida es muy diferente de la anterior, ya que los jefes y el orden en el que aparecen cambian y los planetas a liberar (los cuales se deciden al comenzar a jugar) nunca son los mismos, por lo que siempre tendremos que estar adaptándonos a todo lo que ocurra y jugar con cierta estrategia. Además, cuanto mayor sea el nivel de dificultad escogido, más planetas y jefes podremos ver, ya que muchos de ellos no están disponibles en las dificultades más bajas.

Otro detalle bastante interesante a la hora de planificar nuestros movimientos por el mapa lo tenemos en el hecho de que no nos curaremos tras cada combate, por lo que tendremos que recurrir al Great Fox para reparar daños, encontrar cápsulas de reparación en los planetas o cambiar a nuestro compañero (podemos escoger dos personajes, lo que equivale a tener dos vidas para todo el juego) si este está en buen estado para evitarnos seguir jugando con la nave dañada hasta que podamos arreglarla.

En Internet podemos encontrar interesantes comparativas entre la beta filtrada y la versión final del juego.

Con todo esto os podéis hacer una buena idea de la altísima rejugabilidad que esconde, radicando aquí probablemente el que sea una de sus mayores aciertos y lo que consigue que al final, a pesar de sus defectos y de llegarnos dos décadas tarde, el juego siga teniendo una inusitada capacidad para enganchar y divertir.

La mala noticia es que los niveles como tal han perdido mucha entidad, ya que su diseño es muy poco variado y resulta demasiado parecido en todos los planetas que visitamos, a excepción de un par de ellos que sí que intentan hacer algo diferente. Pero, por lo general, todo consiste en cumplir unos requisitos para abrir las puertas (suele radicar en pulsar unos interruptores, aunque siempre nos tocará explorar e investigar un poco para descubrir qué tenemos que hacer en cada sitio) de la base en cuestión, adentrarnos dentro recorriendo unos estrechos pasillos, llegar hasta el núcleo y destruirlo en una batalla sin reto alguno y que siempre es igual.

Dependiendo de nuestro personaje, controlaremos uno de los tres tipos de Arwings existentes, cada uno con leves diferencias jugables.

Se echan mucho de menos los niveles sobre raíles tradicionales de la serie, ya que es en ellos donde Star Fox siempre ha destacado, aunque gracias al modo de vuelo libre y a la posibilidad de transformarnos, las batallas siempre se hacen muy entretenidas. Ojo, porque durante estas fases el tiempo sigue pasando, y aunque sea de forma más lenta, si no nos damos prisa Corneria puede acabar por sufrir daños, lo que consigue que siempre juguemos bajo presión.

Finalmente, comentar que la banda sonora es realmente buena, con temas muy inspirados y que nos meten de lleno en la acción. Quizá no sea tan buena como la de su predecesor (mítica e icónica donde las haya), pero mantiene el buen nivel de la serie, al igual que los efectos.

Conclusiones

Puede que Star Fox 2 nos haya llegado dos décadas tarde y que haya perdido gran parte del impacto que podría haber tenido si se hubiese lanzado en 1996 para Super Nintendo tal y como estaba planeado, pero eso no quita que se trate de un título muy entretenido y con una gran capacidad para engancharnos a poco que sepamos entrar en su propuesta y superar esa barrera mental que puede suponer el hecho de que no sea un Star Fox al uso.

Además, se trata de una de las grandes piedras angulares de la saga, ya que aquí encontramos muchísimas ideas y conceptos que fueron usados posteriormente por otras entregas y acabaron por convertirse en algunos de los grandes pilares de la serie, como el modo de vuelo abierto o la inclusión de Star Wolf.

Estamos ante un juego muy recomendable e imprescindible para entender plenamente lo que es Star Fox a día de hoy y la evolución que ha seguido a lo largo de los años. Un pedazo de historia que por fin se ha hecho realidad y que os animamos a todos, especialmente a aquellos que siempre hayáis amado las aventuras y desventuras de estos carismáticos pilotos espaciales, a que probéis al menos una vez en vuestra vida.