Los juegos de La Tierra Media y El Señor de los Anillos

Repasamos, anillo en mano, todos los títulos que han llevado la mitología, los personajes y los escritos de J.R.R Tolkien al mundo de los videojuegos.

Nota: En 2014 publicamos una primera versión de este reportaje que hemos querido recuperar y "remasterizar" con motivo del inminente lanzamiento de La Tierra Media: Sombras de Guerra.

Tambien puede interesarte nuestro ranking con todos los juegos de El Señor de los Anillos para todas las plataformas.

"En un agujero en el suelo, vivía un hobbit". Con esas conocidas líneas que permanecen en el imaginario colectivo de cualquier aficionado a la lectura, comienza una de las obras magnas de la literatura del pasado siglo, y al mismo tiempo, una de las sagas literarias con más peso e influencia en la historia reciente. Su repercusión es tal, que invade e impregna los diversos ámbitos culturales, desde el cine, pasando otros libros y cómics fantásticos publicados a posteriori -marcando y transformando un género desdichado hasta la fecha- e incluso los videojuegos.

Obra del profesor John Ronald Reuel Tolkien, El Hobbit (publicado allá por 1937), supuso la primera losa en el camino para la posterior mitología del propio autor, que más tarde ampliaría su magno y rico universo con otras novelas, escritos y ensayos. Para la historia quedan también El Señor de los Anillos y El Silmarillion, tríada de escritos que engarzan el conocido como Legendarium de Tolkien, un vasto compendio mitológico y fantástico que aporta contexto, hechos, lenguas y culturas, así como otras historias, que giran alrededor de la compleja historia de la Tierra Media, el mundo de Arda y sus habitantes.

De anillos, hobbits y exámenes en Oxford: los orígenes de la Tierra Media

El origen de El Hobbit se remonta a un verano a finales de los años veinte, cuando J.R.R Tolkien seguía ejerciendo como profesor en la Universidad de Oxford. En una de sus interminables sesiones, mientras corregía exámenes de literatura inglesa, recuerda que escribió una frase, sin saber muy bien como, en los márgenes de uno de ellos: "En un agujero en el suelo, vivía un hobbit". No queda claro como la idea germinó en su mente ni como fue tomando la forma de un escrito forma -pues ni el propio escritor sabía la fecha exacta en la que se puso a escribir la novela, y al mismo tiempo, comentó en numerosas cartas que la idea volaba sobre su cabeza desde los días en los que combatió y permaneció convaleciente durante la Gran Guerra-, pero sí sabemos que El Hobbit fue cogiendo empaque y contenido a lo largo de varios años de forma fluida y continuada, mientras los hijos de Tolkien asistían a divertidas y sendas sesiones de lectura con su padre a la vez que se redactaba.

J.R.R Tolkien y característica pipa.

El resto, como se suele decir, es historia. Casi diecisiete años después, nos encontramos a un J.R.R Tolkien que envió su manuscrito a diferentes editoriales, amigos y conocidos, sin mucho éxito o interés, hasta que caló en las oficinas de la antigua editorial George Allen & Unwin, que reconocieron el potencial de la obra como cuento infantil y decidieron publicarlo un 21 de septiembre de 1937, convirtiendo así El Hobbit en un libro inmortal e imperecedero. El Hobbit nos narraba la historia de Bilbo Bolsón, un hobbit de plácida vida y acomodaticias costumbres, que en día, sin previo aviso, recibe la visita del mago Gandalf, que lo insta a compartir con él y una serie de estrafalarios y rudos enanos, una aventura en pos de un tesoro lejano robado por un enorme dragón tiempo atrás. La aventura lo llevaría a hallar su propia valentía y valor como saqueador, así como su lugar en el mundo, llevándolo a enfrentarse a peligrosos trolls, gigantes de piedra, goblins, arañas enormes o al maquiavélico dragón Smaug, principal calamidad de su era y enemigo a batir en la novela. El Hobbit introducía las bases mitológicas de la Tierra Media -región central de Arda, el mundo que imaginó Tolkien-, y presentaba razas -hombres, elfos, enanos y orcos- que más tarden serían fundamentales en posteriores escritos y novelas. Al mismo tiempo, El Hobbit -Historia de una Ida y una Vuelta-, mostraba, casi de forma anecdótica, el anillo mágico de la criatura Gollum, que acabaría adquiriendo más y más peso en la historia, y que marcaría el destino de la propia Tierra Media en El Señor de los Anillos.

"Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo. Siete para los Señores Enanos en casas de piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro, sobre el trono oscuro. Un Anillo para gobernarlos a todos. Un anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de Mordor donde se extienden las Sombras."

El Señor de los Anillos, su gran obra y aquella que haría a Tolkien un autor reconocido a nivel universal, llegaría varias décadas después. Su concepción y escritura fue parte de un proceso mucho más lento, complejo y dilatado de lo que fue en su momento El Hobbit, dejando su responsable la escritura para los momentos en los que se libraba de permanecer atado a sus obligaciones como examinador en Oxford. Tolkien, que era perfeccionista y un tanto maniático en la planificación de su obra, fue enviando capítulos de forma continuada a su hijo, Christopher Tolkien, a su amigo C.S Lewis -autor de la también saga fantástica, Las Crónicas de Narnia- y al hijo de su editor, de manera que El Señor de los Anillos estuvo en plena reestructuración desde el mismo momento de la publicación de El Hobbit -se le exigió desde la editorial que había que escribir una secuela-, entrando y saliendo personajes, escenarios y criaturas, y siendo modificado incluso parte del argumento -que pasó de una simple historia en la que Bilbo buscaba vivir otra aventura a dejar el testigo a Frodo Bolsón y su particular anábasis con el Anillo Único-.

Primeras ediciones de ‘El Señor de los Anillos’.

Finalmente, y tras varios intervalos en el camino -entre ellas, el conflicto mundial que asolaba Europa y al resto del mundo durante el primer lustro de los años cuarenta, así como a la escasez de materiales como el papel acaecida tras la posguerra-, El Señor de los Anillos era finalmente publicado por también la misma editorial de El Hobbit, entre 1954 y 1955 en tres volúmenes que serían a la postre recordados por todos: La comunidad del Anillo, Las dos torres y El retorno del Rey. El impacto fue tal, que a día de hoy, más de medio siglo tras su publicación, todavía se siguen sacando nuevas ediciones, versiones y ensayos críticos que giran alrededor de sus líneas.

Los hobbits se ocultan del Jinete Negro. Una ilustración de John Howe.

El Señor de los Anillos -por si alguien ha permanecido oculto en una lúgubre caverna durante milenios-, nos relataba la historia del descubrimiento del Anillo Único, un poderoso objeto forjado por el Señor Oscuro Sauron -junto a otros anillos de poder-, y del particular viaje de hobbits, elfos, enanos y hombres -guiados por el sabio mago Gandalf- en pos de su destrucción en los fuegos del Monte del Destino en la tierra de Mordor. Tolkien confirió una historia más épica y grandilocuente para esta suerte de secuela de El Hobbit, que tiraba por derroteros más oscuros que los vistos en la aventura de Bilbo Bolsón, otorgando al anillo que él mismo encontró más poder del que jamás imaginábamos en un principio, y haciendo especial hincapié en las batallas que los héroes entablaban contra las cada vez más presentes fuerzas de la oscuridad en la Tierra Media.

Ilustración del dragón Smaug dibujada por el propio Tolkien para ‘El Hobbit’.

Pero a la Tierra Media todavía le quedaba mucho por vivir. Más tarde -en 1977-, y a título póstumo, Christopher Tolkien publicaría El Silmarillion, compendio de leyendas, historias y mitos fundacionales del universo que creó su padre, a los que más tarde se sumarían otros extensos volúmenes editados para regocijo de los lectores a modo de homenaje al trabajo de investigación, con sendos escritos y apendices, árboles genealógicos, artículos sobre pronunciación y etimología alrededor de los variados idiomas hablados en la Tierra Media o detalles sobre borradores de las historias más conocidas de Tolkien. Sus influencias y aventuras pronto saltarían de la tinta líneas de sus páginas a otros medios, más pomposos y espectaculares, y de más calado para el gran público.

Las adaptaciones cinematográficas: la Tierra Media en el cine

El cine pronto pondría sus miras en El Señor de los Anillos y El Hobbit. A finales de los setenta -apenas un año antes de la publicación de El Silmarillion-, y de la mano de las productora Saul Zaentz -cuyo fundador, el propio Saul Zaentz, falleció recientemente-, se decidió trasladar la vida de los fantásticos personajes literarios de Tolkien, a la gran pantalla. Dirigida por Ralph Bakshi -un cineasta experto en animación-, la primera incursión de El Señor de los Anillos en el cine fue un tanto extraña, en parte por su especiales técnicas de filmación. Bakshi era un experto animador, y tras mucho meditar una adaptación en imagen real, optó por una novedosa técnica a medio camino entre ambos mundos. Llamada "rotoscopio", este tipo de filmación permitía grabar a los actores y actrices para luego ser dibujados y procesados de manera artística a posteriori, dando como resultado una animación más realista y detallada.

La película de animación de Ralph Bakshi sigue siendo una pequeña joya años después de su estreno.

La película, curiosamente, rodó parte de sus localizaciones en España y llevaba, con bastante fidelidad, los pasajes de La comunidad del Anillo y Las dos torres -la cinta se cortaba abruptamente tras la batalla del Abismo de Helm-, contando con momentos álgidos que hasta hace bien poco, eran absoluta referencia para los aficionados al universo de Tolkien. Desgraciadamente, el tono adulto y la falta de previsión de la productora Saul Zaentz condenó a la película a un paso discreto por taquilla, propiciando que durante muchos años la licencia permaneciese guardada en un cajón -aunque El Hobbit y El retorno del Rey tuvieron alguna que otra versión animada por el camino- hasta que un cineasta neozelandés, llamado Peter Jackson, decidió embarcarse en una aventura que cambiaría nuestra manera de ver la Tierra Media.

Los derechos de El Señor de los Anillos y El Hobbit, siempre han sido el Santo Grial de las adaptaciones cinematográficas de Hollywood. Miles de avezados productores y cazadores de derechos intentaron -en vano- llegar a algún que otro acuerdo con Saul Zaentz y los herederos de Tolkien para llevar los escritos del venerado profesor al cine, con más fracasos en sus espaldas que éxito. Como si del propio Anillo Único se tratase, los derechos fueron pasando de oficina en oficina, de mano en mano y de cajón en cajón hasta que Saul Zaentz y Warner Bros -a través de su filial, New Line Cinema- acordaron junto a la productora de Peter Jackson, Wingnut Films, la realización de tres películas basadas en la trilogía literaria de J.R.R Tolkien.

Peter Jackson en el rodaje de una de las secuencias de ‘El retorno del rey’.

El proceso de pre-producción, diseño y puesta a punto o rodaje de una empresa tan épica daría para un artículo extenso, detallado y propio, así que resumiremos todo lo posible y de la forma más lacónica: las películas de Jackson fueron el mayor éxito inimaginable. La adaptación era loable -dejando elucubraciones imposibles, licencias, cesiones y recursos cinematográficos más o menos lógicos a un lado-, contaba con uno de los mejores repartos jamás vistos en una pantalla grande, y llevaba, de forma accesible, todo el contenido del rico crisol mitológico de Tolkien al gran público. Aragorn, Frodo, Sam, Legolas, Gimli, Boromir, Elrond, Gandalf, Galadriel, Théoden o Gollum eran iguales a sus homónimos literarios, dejando patente el minucioso trabajo de adaptación -a cargo de Jackson, Philippa Boyens y Fran Walsh- también en otras facetas, como las localizaciones, que parecían directamente extraídas de los pasajes del libro -Nueva Zelanda es la propia encarnación física de la intangible Tierra Media-. Las películas fueron un éxito de crítica y público y durante años mantuvieron viva la llama de la imaginación de lectores y neófitos en la obra del profesor. Tal fue el grado de éxito, que a día de hoy, la cultura popular ha asimilado un montón de frases, hechos y personajes relacionados con la obra de Tolkien y las películas de Jackson -el Anillo Único y Gollum son dos representaciones y claros ejemplos de lo que decimos-. Ha calado en el imaginario colectivo de medio planeta.

Peter Jackson y Martin Freeman preparan una de las escenas de ‘El Hobbit: Un viaje inesperado’.

Luego llegaría el binomio cinematográfico de El Hobbit y su tumultuoso y accidentado proceso de producción -con la marcha del director Guillermo del Toro, los problemas de financiación por culpa de los descalabros financieros de la Metro, la inestable salud de Peter Jackson o los incendios en algunos sets-, que obligó a la película -que acabó convirtiéndose en una trilogía ante las presiones de los productores- que aunque no han gozado del mismo interés por parte del respetable, siguen siendo grandes ejemplos de una forma de hacer cine única, bastante alejada de lo que estamos acostumbrados -para bien-. Para El Hobbit, Peter Jackson, Philippa Boyens y Fran Walsh -o la Santísima Trinidad Tolkien, como se les suele llamar- cogieron además del libro homónimo, una serie de anotaciones y ensayos del propio Tolkien -muchos de los cuales están recogidos en Los cuentos inconclusos-, así como retazos vistos en los Apéndices del profesor, para entrelazar de una manera orgánica todas esas historias y detalles que unían la historia de Bilbo Bolsón y Thorin Escudo de Roble con los sucesos acaecidos en El Señor de los Anillos. De esta manera, se consigue dar una cohesión mayor a la narración estableciendo puentes entre ambas trilogías y buscando la complicidad en el espectador, que comienza a reconocer e integrarse de una manera más natural en el universo cinematográfico parido por Jackson.

Desgraciadamente, todo este trabajo de adaptación, innovaciones técnicas aparte -Jackson ha utilizado al mismo tiempo que el ya obligado 3D la novedosa técnica HFR a 48 fotogramas por segundo que aporta un movimiento más suave y natural a la acción que transcurre en la pantalla-, las películas de El Hobbit no han obtenido el mismo resultado que sus predecesoras, relegando a las cintas a un segundo plano en el panorama internacional mientras otras sagas, franquicias y cintas reclaman su propia parte del pastel de la taquilla.

Ian McKellen y Peter Jackson en uno de los bosques de Nueva Zelanda durante el rodaje de ‘El Hobbit’.

¿En qué situación deja a la franquicia de El Señor de los Anillos y El Hobbit este retroceso del interés por parte del público? Pues en una un tanto complicada, ya que ahora, no se goza de demasiado efecto inercia. ¿Qué hay de los videojuegos? ¿Cuáles son los mejores? Hasta la fecha, lo sencillo en el mundo del ocio electrónico siempre había sido intentar adaptar los hechos vistos en las cintas al mundo del videojuego. Se cogían voces, diseños y momentos, y se trasladaban a la consola o el PC de cualquier manera. A veces se lograba un éxito rotundo, y otras pocas, un fracaso sonoro que parecía destinado a aprovecharse del incauto fanático o del poco informado aficionado. Pero hagamos retrospectiva. ¿Cuántos juegos de El Señor de los Anillos o de El Hobbit han salido a lo largo de los años? ¿Cuáles son los más recomendables, interesantes o divertidos? ¿De cuáles hay que huir como alma que persigue un Nazgûl? Repasamos, de forma minuciosa, los videojuegos que han intentado llevarnos -con y sin éxito- a la mágica Tierra Media que nos regaló nuestro querido profesor tiempo atrás.