Un estudio vincula los juegos violentos a los comportamientos hostiles
Con independencia del entorno cultural de los niños.
La Universidad Estatal de Iowa (ISU) ha publicado un nuevo estudio en el que se sugiere que los videojuegos son un factor catalítico en el desarrollo de comportamientos hostiles en niños, con independencia de sus entornos culturales.
El estudio se ha publicado en la revista Pediatrics y gira en torno a la discusión sobre si los videojuegos generan comportamiento agresivo, o si las personas agresivas se sienten más atraídas por los videojuegos con contenidos violentos.
Craig Anderson, profesor de psicología de la ISU, responsable del estudio, se ha centrado en un argumento que él considera recurrente dentro de la industria del videojuego, que no es sino el del bajo ratio de violencia en Japón y cómo esto es indicativo de que los videojuegos no son contribuyentes decisivos como factor en solitario de un comportamiento agresivo.
Para contrarrestar ese argumento, Anderson ha recurrido al libro Violent Video Game Effects on Children and Adolescents publicado en 2007 en base a los estudios realizados por un profesor de psicología de la Universidad de Ochanomizu, en Japón.
Anderson afirma haber dado con descubrimientos similares entre ambos estudios, afirmando que "cuando encuentras efectos consistentes entre dos culturas muy diferentes, estás observando un fenómeno muy potente. Ya no se puede alegar que éste sea de algún modo un fenómeno sólo americano. Es un fenómeno general que ocurre interculturalmente."
Anderson destaca un estudio centrado en 364 escuelas infantiles en Minnesota, donde niños de 9 a 12 años mostraron un incremento en la predisposición a pelear o exhibir comportamiento físico agresivo cinco meses después de ser sometidos a videojuegos violentos. Debemos recordar que todos los videojuegos están sometidos a sistemas de regulación de clasificación por edades, y los juegos con contenidos de violencia jamás están recomendados para niños de esas edades.
Por su parte, el estudio de la Ochanomizu pidió a 1.231 estudiantes japoneses que calificaran su propio comportamiento en cuanto a agresividad física. En este estudio se detectó también una tendencia complementaria en la actitud agresiva, lo que sirve a Anderson para señalar que sí hay comportamientos hostiles en niños japoneses. Para Anderson, estos niños "se ven afectados casi igual que los niños americanos."
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