A través del rotativo británico The Guardian se ha desvelado que el gobierno del Reino Unido podría plantear una modificación de la normativa referente a videojuegos acercándola a la de las películas. Eso implicaría que todos los videojuegos tendrían que ser clasificados y estarían sujetos a leyes estrictas.
Con esta nueva normativa sería ilegal vender contenido clasificado para mayores de edad a los menores. Se trataría de un delito penal, y haría obligatorio el cumplimiento de los códigos de clasificación por edades. También se revisaría todo el sistema informativo sobre los contenidos de los videojuegos.
Todo esto forma parte de un informe que se presentará el próximo mes en el Parlamento británico en una medida que cuenta con la cobertura de la periodista Tanya Byron, que ha tratado en múltiples ocasiones temas relacionados con la infancia y la relación paterno-filial. Se trata del Informe Byron y va auspiciado directamente por el equipo de Gordon Brown, el Primer Ministro.
Se espera, asimismo, que se haga pública una serie de recomendaciones para los padres, de manera que puedan proteger a los niños de material dañino en forma de videojuegos, correos electrónicos y mediante Internet. Entre los consejos estará el de no situar ordenadores y consolas en dormitorios, sino en salas comunes del hogar.
Según el rotativo inglés, el Departamento de Infancia, Educación y Familias y Departamento de Cultura, Medios y Deportes ya habrían analizado el informe de Byron y estarían "deseos de establecer un equilibrio entre el entretenimiento, conocimiento y disfrute que los niños obtienen del aprovechamiento de Internet y los juegos de ordenador, así como con los peligros inherentes en el mundo no regulado de la red y su uso excesivo en los niños."
Por su parte, el conservador Julian Brazier podría presentar una propuesta impulsada por el mismo en la que se establecería un organismo (presuntamente estatal) capaz de apelar las decisiones tomadas por la BBFC, el organismo independiente que clasifica películas y videojuegos.