Diario de RealChrono [★] Día 1Hace apenas unos días, recibí una carta que contenía un extraño mapa. En él, se detallaban algunos caminos, objetos y peligros que en una zona lejana -a varias jornadas de viaje- se encontraban.
Al pie del mapa se podía leer un pequeño escrito en el que el autor relataba como ese mapa había sido escrito por varios viajeros y aventureros, que tiempo atrás se habían atrevido a adentrarse en aquella inhóspita región, y finalizaba dando las gracias a todos ellos, ya que según explicaba, la creación de ese mapa habría sido imposible sin la sangre y valentía que aquellos aventureros.
Tras mucho debatir y discutir entre mis dos yo -mi parte mas aventurera y mi parte mas conservadora, o como otros dirían, mi parte más Tuk y mi parte más Bolsón- decidí tirarme a la aventura, y tratas de descubrir por mi mismo, cual era la verdad tras aquel mapa y que escondía esta historia.
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Así es como llegué a ese pequeño claro. Al
este llegaba a ver una pequeña y destartalada
cabaña de ladrillos rodeada por una pequeña arboleda. Antes de entrar, decidí conveniente examinar el mapa para ver que otros caminos posibles tenia.
El mapa marcaba que al
sur se encontraba el
comienzo de un valle, mientras que al dirigiéndome hacia el
norte podía acceder a un gran
campo abierto.
Tras meditarlo un poco, decidí conveniente entrar primero en la cabaña, y así poder hacerme una idea de que podía haber pasado o cuanto tiempo hacía que por ahí no pasaba nadie.
Una vez dentro, mis sospechas se hicieron realidad. La casa estaba totalmente deshabitada y abandonada. Las paredes y el suelo estaban desconchadas, todo se encontraba lleno de polvo y suicidad, y lo único interesante era un pozo al que podía acceder gracias a una escalera de mano.
Como no tenía nada que perder y la curiosidad me comía por dentro, me acerqué al
pozo y bajé por la escalera. Una vez dentro del pozo lo que encontré fue... nada, absolutamente nada, no porque realmente no hubiera nada, más bien porque la oscuridad era total y se hacía imposible ver, así que rápidamente volví a subir por la escalera de mano y abandoné -por el momento- esa pequeña cabaña.
Ya fuera de la cabaña, apunté en el mapa lo que ahí dentro había encontrado, y tras ello me dirigí hacia el
norte hasta llegar al
campo abierto que indicaba el mapa y después al este hasta llegar a una
zona árida que apestaba a azufre.
Como pensé que eso no debía de ser demasiado bueno, continué mi viaje hacia el
este. Me detuve al llegar a un
paisaje espectacular, desde el que podía ver que al
norte quedaba un gigantesco
volcán y al
sur una pequeña
colina.
El
volcán quedaba algo más cerca que la colina, así que me acerque -no sin tener mucho cuidado de no acercarme demasiado al borde del mismo- y me encontré
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con un enano que parecía bastante enfadado.
Probé a saludarle -a lo que respondió con la cara mas fea que jamás había visto-, incluso a hablarle, pero nada funcionó, así que decidí abandonar las cercanías del volcán y a ese malhumorado enano, y
volver al
paisaje y desde ahí continuar hacia el
sur.
Ya en la
colina y mas alejado del volcán, di una vuelta por la misma y trate de quedarme con toda la información posible del lugar. Al Norte (de donde había venido) estaba el paisaje y mas allá el volcán, mientras que al
este y al
sur quedaba un
extraño bosque con no muy buena pinta. Mientras examinaba la zona, me topé por casualidad con
Secreto: (Pincha para leerlo)
una pila, y en previsión de que la pudiera necesitar, la cogí y me la metí en el bolsillo.
Como iba mal equipado y no tenía ni idea de que podía haber en el bosque, pensé que lo más sensato era desandar mis pasos y volver hasta la cabaña, ya que a excepción del bosque, ya había visitado todos los lugares de esa zona.
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En esta ocasión y tomando como referencia la
cabaña, tomé la dirección
sur. El comienzo de un
valle flanqueado por un enorme
bosque, me daba la bienvenida. También había un pequeño arroyuelo, al que me acerque para beber algo de agua. Por desgracia y dado que soy tremendamente descuidado, había perdido mi cantimplora hacía ya un par de jornadas, así que lo único que pude hacer fue amorrarme al arroyuelo y beber toda el agua que pude.
Tras beber agua, continué mi viaje hacia el
sur pasando por una
estrechez y finalizando mi camino en una
depresión del terreno. Ahí me topé de morros con una
reja con un
candado, que bloqueaba el paso a una cueva o caverna. Ante la imposibilidad de continuar volví a desandar mis pasos hasta llegar al comienzo del valle.
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Una vez aquí, monté un pequeño campamento para pasar la noche. Era un buen lugar, estaba flanqueado por altas barrancos sobre los cuales había un enorme bosque, y tenia el pequeño arroyuelo a mano.