Página 1 -
1
| #1 Enviado: 12:32 20/11/2012
| |
Me da mucha vergüenza postear aquí un relato mío, pero considero que en este foro hay gente que entiende de literatura mucho más que yo y me gustaría que me dieran su opinión sobre mi manera de escribir, algo que me gusta mucho y que tengo intención de intentar que sea algo más. Acepto cualquier tipo de crítica Levanta
Estaba en el suelo, sudado y con el corazón palpitando frenéticamente. Podía ver unas luces muy potentes allí arriba, en el techo. Le llegaba un ruido lejano, como de una multitud enardecida. Respiró hondo, tratando de recobrar el aliento mientras se llevaba la mano al labio. Sangre, roja como el carmesí que su madre usaba en los labios siempre que venía el jardinero. Como los arañazos que su padre lucía de vez en cuando tras una noche de gritos con mi madre. Como el coche de mamá el día que se marchó de casa.
Levanta, se dice a sí mismo. Sigue tumbado boca arriba, con el sabor a hierro en la lengua y el picor del sudor entrándole en los ojos. Mira hacia su derecha y ve unos pies borrosos. Mira a su izquierda y ve algo moverse a lo lejos. ¿O son dos cosas? Da igual. Hay que ponerse en pie de nuevo, no hay mucho tiempo. Pero no sabe cómo hacerlo: sus piernas no responden y si levanta un poco la cabeza todo empieza a dar vueltas.
De rodillas, hay que ponerse de rodillas. Casi sin saber cómo, logra darse la vuelta y boca abajo empieza a empujar con los brazos en una flexión más dolorosa que todas las que ha hecho en años de entrenamiento. Su cuerpo parece pesar toneladas y sus brazos ser más frágiles que el papel. Le duele mucho la muñeca izquierda, quizás esté rota. Eso también da igual. Hay que levantarse por cojones. Ahora vuelve poco a poco a escuchar algo a su alrededor con cierta claridad, aunque un leve pitido irritante le acompaña: es el griterío de mucha gente, quizás cientos de personas.
Con la mano derecha se agarra a una cuerda y logra poner un pie en el suelo, pidiendo matrimonio a una chica invisible. Apoya su codo en la pierna y empuja con toda su alma. Pero no puede. No es capaz de levantarse, está asustado y cansado. Cansado de años de exigencia. Años de sacrificio. Cansado de no tener una vida normal, de no poder salir con sus amigos a tomar algo. De no ver a su mujer e hijos tanto como quisiera. Demasiados años bajo ese ritmo de vida que lo único que hace es privarte de la misma. Está ya mayor, hay que dejar paso a las nuevas generaciones. Está cansado. Es momento de claudicar.
Vuelve a caer a la lona, boca arriba. El griterío se vuelve ensordecedor. El techo sigue siendo cegador, miles de focos le señalan. Pero ya no importa, eso es el pasado. Ahora empieza una nueva vida. Sonríe y llora. Nunca antes había pasado por esto, pero no siente tristeza. Tan sólo alivio. Ya tiene ganas de ver a sus niños y abrazarlos.
Se acaba el combate. Después de muchos años en la cima, el campeón ha perdido. Ha sido derrotado.----------- "Para llegar a la verdad, el alemán suma, el francés resta, y el inglés cambia de tema." (Peter Alexander Ustinov) |