Un color es un color, le puedes dar un nombre, un sonido, o lo que sea, que no lo va a ver, es como que, en vez de ver películas, en vez de que me las cuenten, simplemente lea su título.
Por supuesto, si te dan dos pastillas, y te dicen, tómate la azul, el aparato te servirá, pero por todo lo demás, es una inutilidad. De qué te sirve saber si un perro es verde o rojo, para ti eso no representa nada en absoluto su valor real, puedes escuchar soniditos, que en tu vida sabrás lo que es el verde o el rojo de verdad.
Por supuesto es una ayuda más, le acerca de una forma un poco más a los colores, pero los colores no tienen nada que ver con un sonido, y más allá de historias de superación, esto me parece una chorrada que no impresiona en absoluto.
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La cuestión es que los seres humanos no percibimos la realidad tal y como es, sino como nuestro organismo nos lo permite.
Hay animales que detectan sonidos con una frecuencia superior a los veinte mil Hz, y por lo tanto, no audibles para el hombre. Otros, como las ballenas, se valen del campo magnético de la Tierra para orientarse. Los tiburones, por su parte, pueden detectar a sus presas gracias a los estímulos eléctricos que éstas emiten. Los murciélagos hacen uso de la ecolocalización para guiarse y localizar a las presas. Algunas aves, como el cernícalo, son capaces de percibir la luz ultravioleta; otras, como el periquito, poseen un umbral de resolución de movimiento mayor de 100 Hz; y otras, como un determinado tipo de gorrión, detectan la luz polarizada. Mientras que el camarón mantis, además de ver la luz ultravioleta, la polarizada y la infrarroja, percibe una gama de colores más amplia que la nuestra. Y así un largo etcétera.
Teniendo esto en cuenta, poco importa cuál sea la percepción más “veraz” de la realidad. Al final, lo importante es que nuestra vista y el resto de sentidos nos sirvan para sobrevivir. Por lo tanto, no le veo mucho sentido a menospreciar este invento porque “no se ajusta a lo que realmente ve una persona”. Obviamente sería mejor si consiguiese captar los colores tal y como los percibe un ser humano o, ya que estamos, incluso mejor, pero el hecho de que pueda valerse por él mismo gracias a este aparato, no es para nada desdeñable.
Por cierto, añadir que el color no sólo lo relacionamos con el espectro de luz visible, también lo asociamos con estados de ánimo y sensaciones, con la temperatura o con la proximidad de los objetos respecto a nosotros. Incluso hay gente capaz de ver los sonidos, oír los colores y percibir el sabor de las palabras o de los objetos en función de su textura al tacto; a la sinestesia me remito. Llegados a este punto, tampoco es tan raro sustituir los colores por sonidos.