En respuesta a
Dogville (réplica 13).
La misión que tiene un libro, como medio, es la de transmitir información. Si un escritor no es capaz de expresar algo cuando la misión fundamental de un libro es expresarlo entonces ese escritor no es un buen escritor. No importa que sean capaces de crear tramas espectaculares y personajes increíblemente reales porque escribir, lo que se dice escribir, no saben. Esto se da mucho en el terreno de la filosofía, y aunque hay filósofos que son muy buenos en lo suyo la verdad es que, aun con eso, les costaba mucho transmitir sus ideas porque, bueno, no sabían escribir. Es una cuestión de retórica, y la de ese hombre es una mierda. No importa que sean o no sean genios.
Por otro lado, a día de hoy Quevedo se deja entender bastante bien, y si tenemos en cuenta que data de hace unos quinientos años, cuando el castellano utilizaba otras formas distintas a las de ahora, tiene mucho mérito. No se puede decir lo mismo de la mierda de autor que me has puesto más arriba: será un coñazo hoy y lo será dentro de 500 años (aunque entonces, seamos honestos, no lo recordará nadie, algo que ni ha pasado con Quevedo ni pasará). Y macho, tengamos también en cuenta que ni Quevedo ni Gongora hacian demasiada narrativa...
Quevedo es mucho más digerible que Góngora, pero sus poemas tienen más de una y de dos lecturas en muchos casos, así como determinadas construcciones que descolocan a cualquiera.
Los libros están hechos para contar historias, algunos autores se valen de según qué recursos para enriquecer sus textos, lo que puede dificultar la lectura a algunas personas. En el momento en que se entra a juzgar si es capaz o no de expresar algo se está estableciendo un juicio de valor completamente subjetivo, a mí Gibson me sugiere mucho, por ejemplo, y por lo tanto no se puede decir que ha fallado en su labor como escritor en términos generales.
No voy a desviar otro tema más, sólo decirte que tu segunda frase, en la que te limitabas a hacer una valoración personal, es mucho más acertada que la primera: en la que definías un oficio de una forma muy básica y para desacreditar a un gran autor. Por otra parte, Gibson ya es parte de la historia de la literatura del siglo pasado, al igual que lo es Tolkien o Asimov, y somos muchos quienes le entendemos, nos gusta y nos parece un gran escritor con una capacidad soberbia de narrar.