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Perdiendo los papeles

Oficinas y zonas de alterne, habitual combinación.

Leo Carrascosa · 17:23 22/3/2012
Mi nuevo trabajo se encuentra en la zona de Kannai, en Yokohama, cerca de Sakuragicho y la mítica imagen de la noria en la zona costera. Tanto Kannai como Sakuragicho se caracterizan por ser zonas de oficinas, de edificios altos, salary man y todo lo que viene ligados a ellos. Es decir que las zonas están repletas de restaurantes, bares, izakayas y demás lugares típicos del ocio del oficinista japonés, es decir beber hasta caer dormido, o simplemente caer.


Cada día, sea lunes, miércoles o sábado, puedes ver en los últimos trenes a salary men completamente acabados. Sí, con su traje, su maletín, corbata y su pelo bien recortado y moldeado, pero estirado a lo largo de 3 asientos del tren roncando, andando haciendo más eses que en el circuito de Mónaco, o bien charlando entre ellos a cierto volumen rodeados por un aura aromática de alcohol capaz de curar las mayor infección del mundo con sólo un paseo por esa zona.

Un amigo también me comento que es una zona típica de Yakuzas, no tanto como Kabukicho, pero allí donde se encuentra un gran volumen de oficinas, también se encuentran un buen número de locales típicos de la yakuza, prostitución, juego, etc.

A pesar de no encontrarme con nadie remotamente parecido a la mafia japonesa, la pasada semana visione una especie de "evento agresivo", algo muy poco habitual en Japón, al menos yo he visto sólo tres en estos años.

Situación: un taxi parado, con la puerta abierta, un taxista fuera, el cliente fuera y ambos gritando. El cliente usando un lenguaje muy vulgar y agresivo, el taxista algo menos pero igualmente algo rudo para los cánones del servicio japonés. Al pasar por allí pude oír parte de la conversación en la que parece que el cliente no quería pagar, y creo que se quejaba de que la carrera era excesivamente cara. Un par de policías llegaron al lugar pero lo que realmente me sorprendió fue la manera de actuar.


Los policías hablaban amablemente al cliente que no quería pagar mientras este empezaba a caminar alejándose del taxi. Los policías le pedían disculpas a la vez que amablemente le ponían un brazo estirado por delante. Es decir, como sin tocar, pero sin dejar pasar. El cliente continuaba en sus trece e incluso apartó el brazo del policía de un empujón, los policías continuaban con esa táctica hasta que consiguieron pararle. El semáforo se puso en verde y yo continúe a lo mío pero sorprende la manera en que la policía incluso se comporta con el ciudadano y el ciudadano con el policía.

Lamentablemente cada vez que veo las noticias de España veo "palos" allá donde mire. Fotos o vídeos de policías más parecidos a quinquis y lo mismo por el otro lado, quinquis que no dejan de ser quinquis. Imagino esta situación en España y al primer empujón del brazo del policía seguramente ya estarías comiendo polvo. En Estados Unidos quizás llamasen a "todas las unidades" y te encañonasen hasta que te tirases "al suelo de rodillas con las manos en la cabeza".

Sin embargo en Japón la policía también es especialmente ruda en ciertas ocasiones. Por ejemplo en esta situación o si ven a alguien montando en bicicleta por un sitio que no debe, siempre amablemente te indican "lo correcto" e incluso puedes "rebatir" un poco sus opiniones o "enfrentarte" un poco según he visto en el comportamiento de algunas personas. Ahora bien, cuando la policía atrapa a un verdadero delincuente las maneras se pierden completamente, y la forma de dirigirse a ellos es prácticamente como si fueran la "mayor mierda del país". En algunos de los programas de televisión donde se graban detenciones e interrogatorios reales puedes ver como prácticamente parecen un quinqui hablando a una persona extremadamente respetuosa (en esta ocasión el delincuente).


Lo cierto es que en Japón el sentimiento global, de un grupo en vez de un individuo es muy fuerte, por ello a delincuentes se les trata como si fuesen seres inferiores (o fuera del grupo) y por ello también hay un gran nivel de aceptación en torno a la figura del suicidio. Algunas personas incluso pueden llegar a pensar que mejor que convertirte en un vagabundo, robar o acabar delinquiendo, es mejor quitarse de en medio. Y muchos otros aceptan esa conducta.