Una de las sagas por excelencia del género bélico vuelve un año más para ofrecernos la mejor acción. Danger Close nos deja probar su multijugador en la Gamescom de Colonia y aquí os contamos qué nos ha parecido.
Todos recordamos con cariño el Medal of Honor original de PlayStation, escrito por el mismísimo Steven Spielberg. Pero seguramente el juego que ha marcado el devenir de la saga ha sido Allied Assault y su impresionante inicio en la playa de Omaha. Después de muchos años disfrutando de varias entregas de calidad por parte de EA también asistimos a una crisis creativa que propició un merecido descanso. Ya fuera por saturación de Segunda Guerra Mundial, por el comienzo de la hegemonía de Call of Duty o por la incursión de Battlefield en consolas, la cuestión es que Medal of Honor desapareció en el horizonte hasta hace solo un par de años.
Danger Close y DICE decidieron reiniciar la saga con el notable Medal of Honor de 2010, pero no lograron el impacto necesario. Nos encontramos ante un buen shooter, con un online híbrido entre los combates masivos de Battlefield y el dinamismo de la saga de Activision, y una campaña con buen ritmo pero demasiado plana. Ahora vuelven a la carga para resarcirse, con el motor Frostbite 2 como estandarte y una serie de buenas ideas que buscan convertir a este Warfighter en un serio aspirante a mejor shooter del año.
En la Gamescom hemos tenido la oportunidad de probar dos de las nuevas modalidades del multi: Home Run y Hot Spot, una a puerta cerrada y otra en el pabellón abierto al público. En ambas ocasiones presenciamos un vídeo previo donde Kristoffer Bergqvist, director creativo de Danger Close, nos explicaba la cantidad de matices del multijugador. Para empezar las clases, un total de seis con un par de representantes por cada una de ellas, hasta completar los doce grupos de operaciones especiales que hay en el juego. Lo mejor de estas clases es que no solo se diferencian por el armamento, sino también por sus habilidades especiales (por ejemplo, balas que hacen daño extra) e incluso en la velocidad de movimiento. El nombre de estas clases: Assaulter, Pointman, Heavy Gunner, Spec Ops, Sniper y Demolitions.
Sobre Home Run, nuestro debut en el multijugador, fuimos informados de que se trataba de un modo competitivo muy similar al Capturar la Bandera de la mayoría de shooters, con la salvedad de que aquí no hay respawn. Gana el equipo que devuelva la bandera o el que primero acabe con todos los enemigos. Muy sencillo, así que nos pusimos manos a la obra. El escenario elegido para la ocasión era realmente pequeño y de estructura muy básica. Se trataba de una ciudad derruida, que además se jugaba de noche. A lo largo de 20 rondas (10 en cada lado) teníamos que atacar o defender, decidiendo en cada momento si merecía la pena ir a por la bandera o a por el enemigo.

Una de las mayores novedades es la de ir en pareja. Nuestro compañero tiene un aura blanca permanente que nos ayuda a conocer su posición, y si un enemigo acaba con él, éste será marcado en rojo durante unos segundos para poder consumar la venganza. De todas maneras, al ser un mapa pequeño, casi todas las rondas fueron liquidadas de manera directa y apenas hubo intentos de juego táctico. Las únicas ocasiones en las que se usó la cabeza fue en la colocación de C4 detonados a mano por el soldado de la clase Demoliciones, porque la práctica totalidad de enfrenamientos se resolvieron en los cara a cara, donde los Spec Ops y sus MP7 tomaron las riendas de la partida.