Volvemos a dar una vuelta por ese mundo post-apocalíptico tan grisáceo, pero divertido, que Bethesda ha diseñado para su impresionante juego de rol.
Fallout 3 es uno de los juegos más esperados del año, y no sin razón. La resurrección de la saga Fallout llega en forma de juego de rol de mundo abierto, movimiento libre y completamente tridimensional, en la línea de Oblivion, cuyos autores, Bethesda Softworks, compraron la difunta licencia Fallout y le han dado nueva vida. El 31 de octubre, según se ha anunciado hoy mismo, es la fecha de lanzamiento en Europa de este nuevo juego de rol que llega a PS3, Xbox 360 y PC.
En la Games Convention volvimos a tener la oportunidad de probar el juego durante un buen rato, como ya hicimos hace unas semanas, en el E3, y aunque la demo era muy parecida, la libertad de movimiento ofrecida nos permitió ir por otro lado y vivir nuevas aventuras. Si en la anterior prueba dimos una vuelta hacia el este interactuando con bichos gigantes e híbridos entre rata y topo, en esta ocasión hicimos más caso de las indicaciones del juego y seguimos el camino indicado, llegando pronto a un pueblo completamente devastado. Recordemos que Fallout 3 tiene lugar en el siglo XXII, tras un apocalípsis nuclear sucedido en los años 50 del siglo XX, alrededor de una Washington DC convertida en una tierra yerma, devastada, ruinosa y llena de peligros.
La versatilidad del nuevo sistema de combate sigue sorprendiendo
Durante nuestro periplo por Springvale pudimos comprobar que en esta parte del mapa abundaban los bandidos, de los que dábamos buena cuenta usando nuestra discreta, pero aún así efectiva, pistola de bajo calibre. Como os contamos hace unas semanas, el juego cuenta tanto con el apuntado tradicional en primera o tercera persona, usando el stick derecho del mando –la versión que probamos era la de Xbox 360-, como un nuevo modo de apuntado cinemático –llamado VATS- en el que la acción se para, podemos seleccionar los blancos a los que podemos disparar y, una vez hecho eso siempre y cuando tengamos la suficiente energía para permitírnoslo, el juego entra en un modo cinemático donde vemos el resultado. Una vez gastada la barra, toca irremediablemente optar por el viejo estilo.
Como ya estábamos bastante familiarizados con el VATS, nos permitimos el lujo de probar cosas en vez de, cobardemente, intentar apuntar todo el rato a las partes con más posibilidades de éxito. De este modo comprobamos cómo cuando el enemigo está lejos el tiempo entre los disparos es mayor, permitiéndo que éste se mueva un poco y haciendo que tengamos menos posibilidades de acertarle; también pudimos probar a desarmar al enemigo, disparándole justo al arma, una opción con pocas posibilidades de éxito pero, por supuesto, con un resultado muy vistoso y autocomplaciente.
Al ser los enemigos humanos en su gran mayoría, al contrario que la vorágine de monstruitos mutantes de nuestra anterior prueba, también pudimos notar una inteligencia artificial más avanzada, capaz de realizar estrategias simples y atacarnos escondiéndose. Como contrapartida, al contar con extremidades, pueden ser desmembrados por un disparo crítico realizado tanto de manera tradicional como usando el VATS, y eso que nuestra arma no tenía demasiada potencia. Por desgracia, el poco tiempo que disponíamos para jugar solo nos permitía llegar al nivel 3 (por tiempo de juego), lejos de poderes más avanzados y, sobre todo, armas que todos tenemos ganas de probar, como el lanzador de minibombas nucleares.