El reinicio de uno de los mejores cooperativos de la generación se presenta en la Gamescom Colonia. Visceral Games es la encargada de traernos un nuevo capítulo de la saga que apuesta más que nunca por la espectacularidad.
En 2008 llegó el primer Army of Two de la mano de EA Montreal, un shooter en tercera persona que apostó por un enfoque claramente destinado a la cooperación. Quizás no tuvo la calidad que todos habríamos deseado, pero sirvió como base para su secuela, subtitulada como The 40th Day. Este segundo título incluyó opciones como una barra de moralidad, que oscilaba dependiendo de nuestras decisiones, pero descuidó aspectos como el control, bastante impreciso. Tampoco fue un mal juego, ni mucho menos, pero decepcionó a la base de fans del original.
Ahora es Visceral, padres de Dead Space, quienes toman cartas en el asunto para reiniciar la saga. La intención de los norteamericanos es la de demostrar que no es una licencia fallida, y para ello han elegido usar el motor Frostbite 2, del último Battlefield, para saltar al ring. Nosotros lo hemos probado y hemos salido realmente satisfechos de la experiencia, así que si quieres saber más, no te despegues de estas líneas.
Para empezar tenemos un cambio de protagonistas. Estos nuevos mercenarios, de los que sabemos muy poco, se presentan con los nombres de Alpha y Bravo, y ocultan sus caras con las máscaras características de las dos entregas anteriores. El nuevo escenario de guerra es México, y el enemigo, como presuponemos por el título del juego, son los cárteles de la droga.
En la demo nos sueltan en una especie de fábrica en ruinas, donde los parapetos son constantes gracias a la cantidad de mobiliario destrozado. Lo primero que nos ha llamado la atención es el control, mucho más ágil que en la precuela y por ende más preciso. En cuanto han aparecido los primeros enemigos hemos podido verificar que efectivamente el motor Frostbite 2 está presente. De hecho, la primera reacción que hemos tenido al enfrentarnos a ellos es la de disparar sobre sus coberturas, obteniendo como resultado unas columnas que dejaban entrever parte de su armazón.
Los movimientos que tienen los dos personajes son los básicos de cualquier shooter, y la asignación de botones sigue el patrón marcado por Call of Duty. Podemos correr, disparar, agacharnos, lanzar granadas y usar un golpe cuerpo a cuerpo. La la mayor mejora se encuentra en el sistema de coberturas, bastante más intuitivo que en los anteriores, permitiéndonos cambiar entre ellas de una manera muy rápida.

Pero dejando de lado aspectos comunes de cualquier shooter, aquí totalmente funcionales, lo mejor de este Devil’s Cartel son los tiroteos. Para empezar, el sistema de apuntado es más cómodo que nunca, por lo que atinaremos mejor en los duelos. Si nuestra puntería es buena y conseguimos encadenar varias bajas consecutivas tendremos la posibilidad de activar el modo Overkill, accionado con el botón LB o L1. Este modo convierte a nuestro soldado en una auténtica bestia por unos segundos. La pantalla adquiere un tono amarillento a la vez que la acción se ralentiza, y nuestro arma pasa de ser común a multiplicar su potencia de modo que cualquiera que se cruza en su camino se convierte en carne picada. Porque eso sí, casquería hay para rato. No faltan amputaciones de cualquier tipo, y usando la escopeta hemos revivido escenas dignas del mítico Soldier of Fortune.