Probamos el Wiimote en Grand Slam Tennis. El tenis en Wii juega un punto decisivo.
Parece que el tenis es uno de los reclamos más habituales para atraer al jugador general de Wii. Más allá de la popularidad del deporte, su razón de ser es la propia ergonomía y posibilidades del Wiimote, muy similares a las de un mango de raqueta de tenis.
Grand Slam Tenis lo tiene difícil para devolverle la confianza al jugador hardcore de Wii. Tras los fracasos consecutivos de Top Spin 3, Sega Superstar Tennis, Table Tennis y la efectividad, aunque falta de profundidad, del juego de tenis de Wii Sports, parecía imposible recrear de forma fidedigna, lo que significa golpear una pelota contra las cuerdas.
En el evento en cual EA nos invitó para "sentir la raqueta en la palma de nuestra mano", la compañía nos prometió el
match point definitivo en un género del cual hasta ahora no podían alardear de tener un título estrella. Por un lado GST ha asumido ciertos riesgos que una vez plasmados en pantalla se descubrirían como grandes aciertos, mientras que las siempre cuidadas producciones de la compañía aseguran, al menos, un producto de calidad (en contraposición a los cientos y cientos de títulos genéricos third party que se publican en Wii cada año).
EA no quería un arcade más: quería un simulador. Para ello exigió la implementación de
Wii Motion Plus, el ansiado extra de sensibilidada para el dispositivo de Nintendo con el que añadir un grado más de precisión al mando de Wii (precisamente, ese punto exacto que separaba al hardware de Nintendo de lo suficiente a lo magnífico).

La respuesta del periférico en un primer contacto es buena, pero no perfecta. Realmente no por un fallo ni de hardware ni del juego, sino porque no sería la implementación natural en un videojuego. Hay que pensar más en frío y saber lo que el jugador cree que quiere y lo que es mejor para sacrificar la experiencia jugable. Un control radical, 1:1, sería un verdadero infierno por un centenar de motivos: la perspectiva de campo (obligatoriamente tendría que ser en primera persona), la distancia de la pelota y el peso al golpeo (ni remotamente emulable con la vibración) amplitud de movimientos de nuestro brazo... en nuestros primeros compases como jugadores de GST descubriremos un mar de posibilidades, muy lejos de agarrar el mando y convertirnos en Rafa Nadal (porque además no lo somos).