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Hideo Kojima rescató de su olvido (al menos, por parte del gran mercado) a Solid Snake para la, por aquel entonces, flamante PlayStation. El videojuego, convertido hoy ya en un clásico indiscutible, combinó con maestría las técnicas narrativas del cine y del videojuego, ofreciendo una experiencia jugable intensa y que cautivó a millones de aficionados en todo el mundo, hasta tal punto que ha sido reinterpretado recientemente en GameCube. PlayStation 2 recibió años después Metal Gear Solid 2, una continuación polémica puesto que dio gran protagonismo a Raiden en detrimento del archifamoso y carismático Snake, y la gran cantidad de horas de vídeo incluidas; con todo, el título recibió críticas inmejorables desde casi la totalidad de la prensa especializada.

Ahora, en el horizonte, asoman MGS3, a punto de llegar por fin a Europa, y éste que nos ocupa. Pero parece que la polémica le ha precedido desde casi el momento en el que se mostraron las primeras imágenes y quedó claro que éste no sería un juego de acción sino, al contrario, un juego de estrategia basado en cartas.
Pese al cambio de género, seguimos estando ante un juego digno de llamarse Metal Gear, con todos los elementos de infiltración, trama elaborada y acción que han definido esta saga, aunque pasando por una interfaz relativamente pausada y un esquema de juego basado en plantear la estrategia a través de un modo de juego que recordará al poco habitual en occidente mundo de los juegos de rol por cartas. Tras el lanzamiento japonés, recientemente se ha mostrado en inglés (recordemos que el juego estará listo para acompañar a PSP en su llegada al mercado estadounidense y, suponemos y esperamos, también al europeo. De esta manera, además de la elaborada inteligencia de los enemigos, el buen diseño general del título y su esquema de juego, buena parte del mundo occidental ha podido empezar a apreciar la historia que nos va a contar.

Este juego va a seguir basándose más en observar al enemigo para eludirlo que en enzarzarse en desiguales luchas contra una tropa de veinte soldados (aunque no por ello faltarán esos enfrentamientos), sólo que en esta ocasión habrá que sustentar, como ya hemos señalado, nuestros movimientos en las cartas. Estas cartas incluyen estrategias y habilidades (lo que incluye el uso de todas las armas habituales) que deberemos dosificar para llevar a buen término nuestra misión. Por supuesto, en nuestra mano estará el decidir en qué momento emplearlas, descartarnos y, en definitiva, habrá que combinar el tener una buena cantidad de cartas bien niveladas (tener sólo armas será tan poco efectivo a largo plazo como tener sólo raciones para recuperar energía) e ir desarrollando nuestras habilidades como jugador para saber tomar en cada momento las elecciones más acertadas.
Además, cada carta tiene un coste, que se traduce en que consume una cantidad determinada de movimientos por turno; es decir, usar un arma potente puede eliminar de un único y certero disparo a un enemigo, pero dejarnos al descubierto al consumir nuestros puntos de movimiento y, por tanto, no poder escapar hasta un lugar que nos dé cobertura, recuperar energía usando una ración, o encargarnos de otro enemigo que esté en otra posición.
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