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Cuando hace unos años pudimos disfrutar de Burnout en nuestras consolas domésticas allá por 2001, pese a sus virtudes, pocos esperábamos recibir en tan poco tiempo una entrega tan magistral como la que resultó ser su tercera encarnación. Este Burnout 3: Takedown llegó tras la adquisición de Criterion, sus creadores, por el gigante Electronic Arts, y es sin duda uno de los mejores arcades de conducción que hemos podido disfrutar, llevando la espectacularidad de las colisiones y la velocidad hasta extremos insospechados que, esperemos, se verá superado con la cuarta entrega, subtitulada Revenge.

Burnout Legends, por su parte, será la primera entrada de esta saga en las consolas portátiles, siendo un título exclusivo para PSP, la consola portátil de Sony que llegará a Europa en el mes de septiembre, tras un notable retraso con respecto a los otros mercados. Pero esta entrega no será estrictamente novedosa, pues se trata de una selección de los mejores elementos de las tres primeras entregas para consola doméstica, combinando, así, coches y circuitos extraídos directamente desde esas versiones, lo que garantiza una jugabilidad depurada y una espectacularidad que estará a la altura de las circunstancias.
Como era de esperar, en el terreno jugable el título se basará primordialmente en Takedown, que representa la experiencia jugable más depurada hasta ahora, facilitando el uso del turbo, forzándonos a usar técnicas de conducción todavía más arriesgadas y jugar siempre al límite de las posibilidades de nuestro vehículo, compitiendo con otros coches, provocando sus colisiones, y evitar las nuestras para apurar al máximo el riesgo y obtener, así, más potencia para el turbo. Todavía no se ha anunciado el número exacto de circuitos que aparecerán en Burnout Legends, pero sabiendo que van a incluir al menos 25 vehículos diferentes, es de esperar que los circuitos lleguen también a una cifra respetable.
Naturalmente, cuando empecemos a jugar tendremos acceso a un número limitado de coches (en esta ocasión, sólo cinco, que se nos darán aleatoriamente), y para acceder a la veintena restante habrá que competir tanto con otros jugadores como, por supuesto, en los diferentes modos de juego para ir aumentando nuestro garaje de manera gradual. La ventaja de la selección de coches inicial radica en que, a diferencia de lo que sucede en otros títulos, Criterion hará que abarquen un amplio espectro de clases de vehículos, de manera que podremos acceder a competiciones diversas y tener opciones de victoria desde la primera partida, sin obligarnos a “perder” horas de juego hasta conseguir coches que sirvan para algo en realidad.
Con esto, se reforzará la jugabilidad y la sensación arcade, otorgando a la acción del juego un dinamismo cada vez menos común en un género que parece orientarse más a requerir al jugador un buen puñado de horas previas de eterno segundón en vez de plantear un reto donde la habilidad pura se imponga a la potencia de la máquina controlada por la consola.

Además de la velocidad extrema de la que hace gala la saga, uno de sus grandes valores para reforzar el espectáculo visual es todo el despliegue técnico del que puede llegar a hacer gala en los accidentes, con fragmentos de coches volando por los aires (teniendo en cuenta que pueden verse implicados decenas de automóviles, desde coches hasta camiones o autobuses), explosiones y demás parafernalia, y esto es algo que, por tanto, no podía dejarse de lado en la conversión a la portátil. Aunque el juego –en el momento de ser mostrado en el E3- estaba todavía a un tercio de ser completado, ya ha presentado estas cualidades a una calidad muy digna, con una gran sensación de velocidad, un distancia de dibujado del horizonte lo suficientemente alejada y una buena física en las colisiones de los coches, elevándose, golpeándose los unos a los otros, y creando, así, un accidente en cadena de grandes dimensiones.
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