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Han pasado casi ocho años desde que Ubisoft adquiriera Red Storm Entertainment, el estudio de desarrollo fundado por el escritor Tom Clancy, y junto a él la licencia para explotar el nombre del autor en distintos videojuegos. Lo que empezó como un proyecto para acompañar una de sus novelas -Rainbow Six- ha terminado convirtiéndose en manos de Ubisoft en una de las franquicias más exitosas de la industria, con multitud de títulos ideados por la propia compañía y en cuyo desarrollo no solo participa Red Storm, sino también la mayoría del resto de estudios que la empresa gala tiene repartidos a lo largo del mundo, como los que se encuentran afincados en Montreal, París o Shangai.

A los comandos anti-terroristas de Rainbow Six le siguieron rápidamente el espionaje de infiltración de Splinter Cell y las escuadras militares de Ghost Recon. Estas tres sagas se han colocado entre las más vendidas de la compañía y consecuentemente este año se les unirán dos más. Por una parte el juego de estrategia Tom Clancy’s EndWar, del que Vandal os ofreció unas primeras impresiones recientemente, por otro el juego de aviación que nos ocupa: Tom Clancy’s H.A.W.X. Y tampoco hay que descartar el posible desarrollo futuro de un juego masivo o la expansión en otro tipo de medios ajenos al mundo del videojuego, ya que debido a su éxito y para evitar el pago de royalties Ubisoft terminó haciéndose con los derechos completos para explotar la marca.
Siguiendo con la misma política de diversificación de desarrollos que han llevado hasta ahora Tom Clancy’s H.A.W.X corre a cargo del estudio de Ubisoft en Bucarest (Rumania), creadores de Blazing Angels y por tanto con experiencia en el género. La historia del juego nos situará entre el 2012 y el 2018, en un momento en el que las corporaciones militares privadas, más conocidas por sus siglas en inglés (PMC), han alcanzado un gran poder. Esto se debe en gran parte a los Acuerdos de Reykiavik, en los que 191 países del mundo, incluidas todas las grandes potencias, deciden que dichas corporaciones puedan empezar a actuar de forma global siempre que sean contratadas por una nación soberana y adquirir armamento en el mercado internacional con la única restricción de no romper el Tratado de no proliferación nuclear. Antes estas posibilidades de negocios numerosos estados ponen en venta su maquinaria militar más avanzada y el crecimiento de las PMCs se dispara, especialmente en Sudamérica. Inicialmente la idea era aprovechar la falta de vinculación política de las PMCs y su mayor capacidad operativa para reducir los conflictos, proteger con mayor eficacia a la población civil e intensificar la guerra contra el terrorismo, pero el alto grado de independencia que se les ofrece termina causando problemas en el panorama bélico y económico internacional.

Nuestra labor será pararles los pies a estos mercenarios de elite que las propias naciones del mundo habían legitimado anteriormente. Para ello formaremos parte del escuadrón aéreo más avanzado del ejercito de los Estados Unidos: el “High Altitude Warfare – Experimental Squadron” (H.A.W.X), o como diríamos en español “escuadrón experimental de combate a gran altitud”. Creado originalmente durante La Segunda Guerra Mundial por los gobiernos aliados bajo el nombre FALCO (siglas en inglés de “operaciones de captura de logística y aparatos enemigos") el objetivo de este escuadrón era capturar e investigar los aviones del eje.
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