Los zombis regresan siempre en mayor número, y Chuck lo sabe muy bien. Probamos la esperada segunda parte de la invasión de los no muertos.
Los zombis son una moda lejos de ser pasajera. Al fin y al cabo, sobrevivieron al cine de serie B más casposo (el mismo que, después de todo, les convirtió en iconos populares), y han acabado siendo el eje central de comedias de todo tipo, revisiones de textos del XVIII (que los poco originales mercenarios de la industria literaria nacional han copiado con funestos resultados), de manuales de supervivencia firmados por hijos de cómicos, e incluso se han enfrentado a plantas de todo tipo.
Capcom ha tenido mucho que ver con los zombis: caballeros medievales contra toda suerte de criaturas del inframundo, soldados de elite atrapados en mansiones infestadas de estos seres, y, más recientemente, una horda zombi en un supermercado. De aquellos polvos llegarán estos lodos, y
Dead Rising 2 va a ofrecer a los jugadores más de lo que ya disfrutaron con su primera parte, y esta vez en un contexto multiplataforma (la primera parte se adaptó a Wii, pero tres años más tarde), por lo que aficionados de Xbox 360, PS3 y PC podrán disfrutarlo dentro de un mes.
La llegada de esta segunda parte es lógica: el primer juego levantó el interés de los aficionados, y consiguió un fuerte respaldo en ventas. Los desarrolladores canadienses de Blue Castle nos proponen una entrega que, en muchos sentidos, se percibirá como continuista, pero también han buscado ofrecer cosas nuevas, como veremos.
Fortune City está más infestada de zombis que nunca, y Chuck Green se ha visto atrapado junto a otros supervivientes, a la espera de que llegue el ejército para hacer una buena limpieza a fondo. Habrá que limpiar el nombre de Chuck, acusado de ser el responsable de todo este follón, afrontar multitud de misiones de toda índole (muchas de ellas vinculadas a buscar, salvar y escoltar supervivientes), pero también hay que buscar Zombrex, para mantener con vida a una pobre niña infectada… Katey, la hija de Chuck.

Lo cierto es que las primeras sensaciones con el juego son positivas, y está muy claro que se ha hecho un esfuerzo por potenciar lo que más gustó a los jugadores, aunque hay una falta de ritmo que, esperamos, se corrija en la versión final. Y es que el juego abusa un tanto de las cargas, por cantidad y por duración de las mismas: al cambiar de zona dentro de los mapeados, entre las escenas que narran la historia (bastante abundantes al principio, claro), etc. Eso entorpece bastante, y esperamos que se corrija este aspecto. Según avanzamos, la sensación se diluye un poco, pero en esta
build todavía no definitiva del juego, carente de fallos especialmente reseñables en otros campos, los tiempos de carga son un lastre tremendo.