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La franquicia Onimusha se ha establecido como una de las más importantes tanto en Japón como en Occidente. Su mezcla de aventura y acción, y las trabajadas tramas han sabido compensar quizás su falta de puzzles en las últimas ediciones. Ahora Capcom, comandado por Kenji Inafune (creador de Onimusha y Megaman), ha decidido volver su mirada a la época clásica, y más concretamente a los tiempos de la loba romana. De ese esfuerzo llega hasta nosotros Shadow of Rome, revisión en versión videojuego de las últimas películas épicas como Gladiator de Ridley Scott. Shadow of Rome es un juego que se ubica en el 44 a.C., en plena dictadura de Julio Cesar. Las últimas medidas del César han sido impopulares, y se ha tramado una conspiración para eliminar al primer cónsul de la dictadura perpetua de la república.
Aquí se toma la primera licencia histórica, y es que el juego pone a César asesinado por una mano misteriosa. Esto llevará a que Uesnio (uno de sus consejeros) sea acusado por un delito que no ha cometido, y por lo tanto condenado a muerte. Agripa, el hijo de Uesnio, será el encargado de vengarle y para ello tendrá que volver de la frontera germánica, y combatir como gladiador en el coliseo (esta es la segunda licencia histórica: el coliseo se hizo mucho más tarde). Para ello no estará solo, y cuenta con la ayuda del joven e inquisitivo Octavio, que deberá infiltrarse en el palacio senatorial. Esto hace que la historia se vaya desarrollando con distintos golpes de efecto, unidos por las clásicas secuencias CG realizadas por Capcom y que en la tradición de Onimusha tienen bastante calidad.

El juego se divide en tres secciones jugables: la primera está compuesta por las fases de acción de avance lineal de Agripa, la segunda consta de las fases de espionaje y sigilo de Octavio, y la tercera es un coliseo no-lineal que recuerda en su desarrollo a otro clásico de la compañía como Final Fight. A diferencia de Onimusha 3, donde las diferencias entre las partes no eran tan notorias, Shadow of Rome consigue de manera bastante lograda diferenciar partes del juego con una jugabilidad radicalmente distinta. Las secciones de Agripa que pudimos ver en la reciente presentación fueron una escabechina con los Germanos que seguía un diseño lineal (ir atravesando el bosque), y el famoso coliseo basado en los clásicos de acción que Capcom.
Las secciones de acción tienen un control bastante mejorado con respecto al último Onimusha, puesto que ahora se pueden enlazar golpes con mayor precisión. El personaje bloquea a los enemigos con el botón R1, y usa los botones frontales para asestar dos tipos de golpes: principal y secundario. A diferencia de Onimusha 3, que era un juego de un solo botón, aquí se deben combinar los ataques mencionados para poder vencer a los enemigos, ya que son bastante correosos y también pueden responder a tus golpes.

Esto se demuestra en la fase del Coliseo, donde pudimos ver a grandes moles de carne realizar su trabajo con gran diligencia: Perdimos varias vidas en el intento de vencerles. Hay algo muy interesante en este escenario, y que es toda una innovación en este tipo de juegos: la interacción entre éste y el combate. Si los espectadores adoran tu estilo de lucha, te lanzaran armas y escudos, que serán esenciales para el final feliz de tu personaje en la arena.
Puedes incitarles pulsando el botón equis y cuadrado de PS2, pero normalmente es una idea más sensata realizar combos (llamados Salvos) con los otros rivales, cosa que también influirá en la plebe romana. Esto es vital, puesto que la cantidad de armas del juego rivaliza con el antiguo Blade: The Edge of Darkness, al tener la posibilidad incluso de usar extremidades del enemigo como objeto bélico. Así, el jugador tiene la posibilidad de elegir su estilo de lucha, sin necesidad de estar obligado a portar una espada todo el tiempo como en anteriores juegos.
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