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Hubo un tiempo en el que los beat’em up eran sinónimo de videojuego. Consolas, microordenadores y salones recreativos eran poblados por juegos donde chicos rudos, atléticos y a menudo adiestrados en artes marciales se enfrentaban ellos solos (o con la ayuda de un compañero) contra hordas de enemigos en enzarzadas peleas callejeras cuerpo a cuerpo. Para hacer referencia a estos juegos se fraguó el popular y apropiado apelativo de “yo contra el barrio”, que aún hoy se utiliza para referirnos cariñosamente al género. Pero los ochenta acabaron, y los videojuegos siguieron su evolución. Así los beat’em up dejaron de ser un género estrella, y desde entonces pocos títulos han vuelto a tocar el género, de los cuales sólo honrosas excepciones de 16 bits lo hicieron con éxito.

Es en este contexto donde Clover Studio, siempre ávida de aportar algo diferente a lo que se estila en la industria, decide sacarse de la manga God Hand, para regocijo de nostálgicos, en el que resultó ser su último juego antes de que Capcom decidiera cerrar el estudio el pasado mes de octubre.
God Hand narra la historia de Gene, un joven nómada que vive en directo el rapto de una chica. Gene intenta rescatarla, pero se encuentra con que los secuestradores pertenecen a una raza demoníaca, a los que no logra vencer. Tras perder el brazo en la batalla, huye de la misma antes de perder el conocimiento. Despierta en la habitación de un motel, y con un nuevo brazo. Olivia, la chica que le vela, y que resulta ser la misma a la que intentaba salvar, le explica que es la hija del líder de una tribu que custodia los brazos de un guerrero que venció a una raza de demonios. Engañada, Olivia contrajo matrimonio con Azel, un hombre cuyo único interés era acceder a estos brazos, aunque finalmente solo pudo recuperar uno de ellos. Olivia tomó el otro, y huyó con él. El nuevo brazo de Gene, llamado God Hand (Mano de Dios) es por tanto un miembro con poderes. A partir de entonces la nueva misión de Gene consistirá en impedir que los demonios resurjan, destruir a todos los demonios para evitar que despierten al Demonio Señor de su letargo y recuperar la otra God Hand de las manos de Azel.
Este argumento, a priori simple, apenas evoluciona a lo largo de la partida. De hecho ni tan siquiera aparece al principio del juego, y hay que recurrir al manual de instrucciones para conocer las circunstancias de la acción. Se trata de un evidente guiño a los juegos de la vieja escuela, donde tras apretar Start en la pantalla de título pasábamos directamente a controlar la aventura sin ningún tipo de transición entre medias, o a lo sumo tras unas pocas líneas de texto.

Y es que si hay algo que no se le puede achacar a God Hand es que es un juego que no pretende embaucar al jugador con las apariencias. No busca meterse en el jugador por los ojos, ni lo intenta persuadir con argumentos “culebrónicos”. El apartado técnico es un buen ejemplo de esto: gráficamente no está a la altura de los juegos de última hornada de PS2, y desde luego queda lejos de los despliegues visuales a los que nos tiene acostumbrados Clover en otros títulos como Viewtiful Joe u Okami.
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