Vuelve la acción más visceral de la mano de Cauldron en la inesperada nueva entrega de la saga Soldier of Fortune.
Recordando los orígenes
Soldier of Fortune (Soldado de Fortuna) no es sólo el nombre de una revista especializada en el mundo de los mercenarios y las armas, de una película o incluso de una pequeña serie de televisión. Corría el año 2000 cuando Raven Software y Activision popularizaron el nombre dentro del mundo de los videojuegos con la primera entrega de la saga –inspirada en la revista mencionada– y contó con altas dosis de realismo y violencia por igual. Dos años después, y de nuevo de la mano de Raven y Activision, llegó la esperada segunda parte,
Soldier of Fortune II: Double Helix, que logró mejorar, aún más, la sensación de realismo del primer título.
Han pasado ya cinco años desde la salida de aquella mítica segunda entrega, y hace escasas semanas se anunció una nueva entrega de la saga,
Soldier of Fortune: Payback. En esta ocasión se está encargando del desarrollo Cauldron y a parte de salir en compatibles, también verá la luz en las consolas PlayStation 3 y XBOX 360.
En ocasiones las cosas se ponen feas
En la tercera entrega de la saga asumimos el rol de un mercenario llamado Thomas Mason que se cotiza al más alto nivel. La acción comienza cuando, durante una misión rutinaria de escolta, somos sorprendidos súbitamente por una fuerza de asalto. A partir de ahí comenzarán nuestras misiones para una facción que se hace llamar
The Shop (La Tienda). Los creadores prometen un argumento más elaborado en comparación al de las dos primeras partes, pero no nos engañemos, la saga nunca ha destacado en ese sentido; ni falta que le hace.

Matar nunca había sido tan divertido
Una de las cualidades que hicieron popular a la saga original fue la crudeza de sus combates. A pesar de un primer tráiler promocional que hacía pensar en lo peor, y teniendo en cuenta que en los tiempos modernos que corren la poderosa mano de la censura parece llegar a todas partes,
Soldier of Fortune: Payback no tiene absolutamente nada que envidiar en ese sentido a sus dos predecesores. Abatir a nuestros enemigos no será tarea fácil ni una cuestión de ahorro de munición; todo lo contrario, vaciaremos nuestros cargadores en más de una ocasión para asegurarnos de no dejar títere con cabeza. Una sola bala será por lo general insuficiente, a menos que sepamos elegir el tipo de munición y afinemos al máximo nuestra puntería. Un disparo en la cabeza provocará, muchas veces, la decapitación del desprevenido incauto al que hayamos encañonado.