Superamos las primeras horas del regreso de Max Payne. Acción intensa, oscura y espectacular, con el impecable acabado al que nos tiene acostumbrados Rockstar.
El día 18 de este mes, el esperado Max Payne 3 estará a la venta, y en apenas un par de semanas podréis leer su análisis aquí en Vandal. Antes de esto, hemos podido jugar sus primera horas, el arranque de esta adrenalínica película de acción en forma de videojuego, donde una fabulosa ambientación de cine negro, una narrativa muy cuidada con unas excelentes líneas de diálogo, el espectáculo de sus frenéticas escenas de acción, y una jugabilidad impecable, se dan la mano para ofrecer un producto redondo.
Acción en tercera persona con el
tiempo bala como protagonista, que tras ponerse de moda en el mundo del cine en el año 1999 gracias a la película Matrix, y demostrar en 2001 los finlandeses Remedy Entertainment con el primer Max Payne que podía ser muy divertido en un videojuego, vuelve en pleno 2012 más en forma que nunca. Ya sin sus creadores originales tras las dos primeras entregas, y nueve años con el personaje retirado de este mundillo, Max vuelve esta vez de la mano de los estudios de Rockstar, quienes han cogido el testigo de Remedy de manera perfecta, manteniendo todo el espíritu de la saga, y potenciándolo más si cabe.
Hemos jugado el segundo, tercer y cuarto capítulo de la aventura, excepto el primero, que Rockstar todavía se guarda y quiere que nos sorprenda. Sí hemos podido ver la intro que nos da la bienvenida al juego, sin logos ni pantalla de "presiona start", como si fuera una película, una secuencia que hace las veces se secuencia de créditos, y que aunque no desvela grandes detalles del argumento, sí es una carta de presentación perfecta. Nos muestra su estética oscura pero a la vez moderna, su
excelente dirección cinematográfica, la cuidada banda sonora, que recupera y actualiza de manera muy acertada el tema clásico de la saga, y define muy bien la personalidad de Max, y el complicado momento por el que está pasando en su vida, entregado al alcohol, las pastillas y de vuelta de todo, sin nada que perder y sin nada que le importe.
Una sencilla pero impecable escena, en la que solamente nos muestran cómo Max se acomoda en su nuevo apartamento de
São Paulo, una ciudad muy diferente a su Nueva York natal, aunque tan oscura y hostil. Sabremos cómo se siente tras esta mudanza obligada, y conectaremos rápidamente con el personaje, al que acompañaremos todo el juego controlándole y escuchándole, gracias a sus acertados comentarios mediante una
voz en off. Todavía habrá que superar el juego para comprobar y valorar la calidad de su argumento, las sorpresas que nos deparará la historia, pero sí podemos afirmar ya que está
impecablemente escrito, con unos mordientes, afilados e irónicos comentarios de Max, que aunque dentro de un drama, nos han sacado más de una sonrisa.
Tras una primera entrega en la que vivíamos el asesinato de su esposa e hijo, y una segunda en la que Max protagonizaba una particular historia de amor, aquí está retirado, viejo y cansado, adicto a los analgésicos y el alcohol, y solo intenta no meterse en problemas, aunque estos siempre acaben encontrándole a él.
Uno de los capítulos que jugamos transcurría en Nueva York, con Max en un bar donde se encuentra con su antiguo compañero de academia, Raul Passos, quien ahora se dedica a la seguridad privada por América latina, y anda por Estados Unidos reclutando nuevos agentes para su causa. Tras un desgraciado suceso que no desvelaremos, Max se ve enfrentado a toda la mafia local, en un frenético nivel por las calles de Nueva York. Ante el giro de los acontecimientos, no tiene más remedio que abandonar su país y aceptar un trabajo en Brasil, como vigilante privado de la familia Rodrigo Branco, un prolífico hombre de negocios brasileño.