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Nival Interactive lanzaba a finales de 2003 Blitzkrieg, un juego de estrategia en tiempo real ambientado en la Segunda Guerra Mundial con un sistema de juego que abandonaba completamente la micro gestión de recursos para centrar toda la jugabilidad en los combates contra los ejércitos enemigos. El jugador, que podría controlar a las tropas alemanas, soviéticas y aliadas, tendría que vigilar la salud de sus unidades ya que no tendría opción de crearlas en las típicas bases de los juegos de estrategia si las perdía; por lo que centraría todos sus esfuerzos en buscar una buena cobertura para la infantería –trincheras, búnkeres, etc.- y emplearía sabiamente la artillería pesada para evitar lanzar a los blindados a zonas rodeadas por vehículos anticarro.

Aparte, la munición de todas nuestras unidades se agotaría con el paso del tiempo, por lo que tendríamos que estar atentos para reponerla conforme la fueran gastando. Todos estos elementos dotaban a Blitzkrieg de un sistema de juego de lo más desafiante que nos obligaba a pensarnos mucho nuestros movimientos para evitar caer en las emboscadas enemigas y perder todas nuestras esperanzas de obtener la victoria en cuestión de segundos.
En esta secuela, que hemos tenido la oportunidad de probar gracias a la versión casi definitiva que nos ha enviado Planeta DeAgostini Interactive, los desarrolladores pretenden mejorar todo lo visto en el original añadiendo un nuevo motor gráfico en tres dimensiones y ampliando el ya de por sí elevado número de posibilidades que se le brindarán al jugador a la hora de eliminar a los enemigos.
La acción en Blitzkrieg 2 se nos presentará en dos planos bien diferenciados. Por un lado nos encontraremos con un mapa estratégico en el que tendremos que seleccionar las distintas misiones que nos encontraremos; y por otro, lógicamente, estarán las batallas en tiempo real. Como en el original, tendremos tres ejércitos distintos, cada uno con sus virtudes y defectos, que se enfrentarán a tres campañas diferentes. Así, por ejemplo, los estadounidenses comenzarán luchando contra los japoneses en Filipinas –con el correspondiente mapa estratégico del lugar-, mientras los alemanes inician su particular guerra relámpago sobre tierras galas.
Como decimos, en este mapa estratégico nos encontraremos con las distintas misiones que podremos ir completando a lo largo de la campaña, pudiendo jugarlas todas en el orden que queramos, a excepción de la misión final de cada uno de los escenarios bélicos. Para disfrutar de estos niveles, que nos permitirán visitar nuevos campos de batalla, tendremos que haber completado antes un mínimo de misiones normales, sin necesidad de terminarlas todas. También, en este plano jugable encontraremos distintas opciones que podríamos enmarcar en el género del rol.
Conforme vayamos ganando batallas, iremos adquiriendo puntos de experiencia y medallas que después podremos asignar a distintos altos mandos del ejército, consiguiendo así que nuestra artillería golpee con una mayor contundencia las posiciones enemigas, o que nuestros blindados resistan mejor el daño. Dependiendo de nuestra experiencia en combate, habrá misiones que podremos completar con suma facilidad, y otras que se nos resistirán más de lo deseado.

En nuestro caso, sufrimos innumerables derrotas a manos de la artillería japonesa en un complicado escenario en el que primero debíamos bombardear sus posiciones, para después conquistar dos campamentos rodeados por tanques y cañones anticarro con un pequeño contingente de blindados y unidades de infantería. Al ver que la misión se nos resistía, optamos por seleccionar otros niveles en el mapa estratégico para así obtener algo más de experiencia, con la que después mejoraríamos a nuestros bombarderos. Tras estas partidas regresamos al nivel que tanto se nos resistía e iniciamos de nuevo el ataque.
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