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Lionhead Studios, fundado por el mítico Peter Molyneux, creador de joyas como Populous, Dungeon Keeper, o Theme Park, sorprendía a todo el mundo al crear el que iba a ser uno de los títulos más admirados y odiados de los últimos años: Black&White. Esta nueva creación de Molyneux, que seguía las pautas ya establecidas por alguno de sus juegos anteriores, nos convertía en un Dios recién creado –a causa de los deseos de los humanos- que debía darse a conocer a una serie de habitantes repartidos por el mundo de Edén, apoyándose en una gran criatura que sería la encargada de profetizar sus milagros.

Este ser, que crecería conforme fuera pasando el tiempo, iría aprendiendo de nuestras acciones; llegando a convertirse en una representación virtual de nosotros mismos. Por eso, si durante toda la partida realizábamos acciones malas tales como incendiar las aldeas, o lanzar a los aldeanos al fondo del mar, nuestra criatura podría imitarnos, pensando que ese era el comportamiento correcto. Además, nuestra mascota realizaría todo tipo de actos que nosotros podríamos premiar con caricias, o castigar con bofetadas. Así pues, si nosotros considerábamos que defecar en medio del pueblo era algo malo, y nuestra criatura lo acababa de hacer, tendríamos que abofetearla para que la próxima vez se lo pensara dos veces antes de hacerlo.
Pero aparte, también apreciaríamos estos cambios en el propio aspecto de nuestra mascota: si se trataba de una criatura malvada y muy belicosa, su aspecto sería aterrador y probablemente su cuerpo estaría repleto de moratones y cicatrices. Si por el contrario se trataba de una criatura amable y poco dada a los combates, y al ejercicio en general, su aspecto sería mucho menos agresivo, y lógicamente, de su cuerpo seguramente sobresaldría una gran barriga.
También, la creación de Lionhead Studios, que a día de hoy sigue sorprendiendo por la impecable inteligencia artificial de la criatura, nos proponía combatir contra otros dioses que también contarían con la ayuda de sus propias criaturas. El objetivo principal, básicamente, consistía en convertir a todos sus creyentes en adoradores de nuestra causa; pudiendo conseguirlo a base de buenas obras –nuestra criatura les podía ayudar con la tala de árboles-, o con la fuerza bruta –atemorizándolos para que creyeran en nosotros por miedo a morir-. Por supuesto, el enemigo, que no era tonto, podía mandar a su criatura para que combatiera contra la nuestra; y así, nosotros tendríamos que enfrentarnos contra el rival como si de un juego de lucha se tratara.

Ahora, con esta secuela, se pretende mejorar todo lo visto en el original añadiendo nuevos milagros y permitiéndonos controlar grandes ejércitos que lucharán por nuestra causa junto a la criatura que los comandará.
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