Diecisiete años después de su estreno en Japón, llega a nuestras portátiles la esperadísima quinta entrega de la afamada saga Dragon Quest.
En 1992, salió por vez primera al mercado japonés el quinto capítulo de la serie
Dragon Quest, un título que fue originalmente programado para la Super Famicom (la consola de dieciséis bits de Nintendo, en su edición nipona) y que, más de una década después (en el año 2004) fue remasterizado y reeditado para la veterana PlayStation 2. Lamentablemente, en ninguno de los dos casos el título salió de Japón, llegando a Occidente sólo a través de los círculos del mercado de importación, con los problemas que esto acarreó a los jugadores europeos o estadounidenses, dado que el lenguaje en el que únicamente se podía disfrutar de la aventura era, claro está, el japonés.
Pero, hace poco, la compañía desarrolladora de las que quizás sean las sagas de rol más famosas de la historia del videojuego –por supuesto,
Final Fantasy, y la que nos ocupa, Dragon Quest-,
Square Enix, decidió sacar tres de los títulos más emblemáticos de la vetusta serie de rol para la consola portátil de Nintendo. Sin duda, una decisión enmarcada dentro de la actual moda o costumbre por parte de muchas compañías de versionar, remasterizar y reeditar títulos que, hasta hoy, nunca habían salido de Japón. E, incluso, en algunos casos, títulos que sí habían podido ser disfrutados en la época por jugadores occidentales, se reeditan hoy en las nuevas plataformas para su disfrute por las actuales generaciones de jugadores.
Estas tres reediciones (una de las cuales fue la que vimos en septiembre del pasado año, el cuarto episodio de la saga,
Dragon Quest: The Chapters of the Chosen) pretenden convertirse en la carta de presentación para la novena entrega de la serie, exclusiva para la portátil de doble pantalla. Sin duda, una estratagema muy bien diseñada, pues aparte de ofrecernos la posibilidad de jugar a algunos de los juegos antiguos de la saga en perfecto castellano, éstos se convierten en una excelente manera de dar a conocer la misma a las nuevas generaciones de jugadores, entre los cuales algunos es posible que ni siquiera oyeran hablar previamente de ella.
Técnicamente sin sorpresas
Las semejanzas entre esta entrega y la ya mencionada reedición de Dragon Quest IV son notorias: ambos juegos cuentan con un motor gráfico idéntico, con escenarios y entornos en tres dimensiones, desplegados a doble pantalla, en los cuales nos moveremos mediante personajes creados a base de modelados bidimensionales, muy dentro del estilo de los clásicos juegos de rol japonés de las consolas de ocho y dieciséis bits. Sin duda, en este sentido, el trabajo gráfico del juego ha sido muy notable, superando en algunas ocasiones incluso a la edición para Nintendo DS del capítulo anterior, con escenarios muy bien diseñados, e incluso espectaculares, en algunos casos.
De la misma manera que en el capítulo pretérito, nos moveremos por los entornos con la cruceta de control, sin hacer uso del lápiz táctil, y giraremos los escenarios sobre sí mismos a un lado y a otro mediante los botones laterales L y R, para así facilitarnos la labor de descubrir objetos, puertas, pasadizos y tesoros que, a priori, podrían estar ocultos por los desniveles del mismo escenario.
El diseño de los personajes y monstruos del juego, cómo no, ha sido realizado por el insigne dibujante
Akira Toriyama, como viene siendo costumbre en toda la serie. Y, por supuesto, contaremos de nuevo con la música del autor
Koichi Sugiyama, compositor oficial de la serie, aunque con alguna que otra sorpresa respecto a la edición original japonesa del juego. No sólo nos encontraremos con una instrumentación mejor realizada en todos los temas, sino que podremos escuchar una magnífica interpretación de un tema exclusivo de la presente edición del juego en el inicio del mismo, interpretada por la
Tokio Metropolitan Symphony Orchestra en una grabación que aprovecha al máximo las capacidades de nuestra portátil en lo que a sonido se refiere.

Argumento del juego
La principal diferencia que encontraremos en materia argumental en esta nueva entrega, respecto a lo que vimos en su predecesor, es que Dragon Quest V abandona la tradicional estructura en capítulos de la serie, para desarrollar una historia con todas las de la ley: no sólo manejaremos a un único protagonista desde su infancia hasta su madurez, sino que tomaremos parte activa en toda una saga familiar de hasta tres generaciones, con giros en el guión que, llegado un momento en el juego, cambiarán todo el discurso de la trama y nos llevarán hacia un desenlace u otro, según sean nuestras elecciones dentro de la aventura.