| Gráficos: | 8.5 | |
| Sonido: | 8 | |
| Jugabilidad: | 9.5 | |
| Diversión: | 9.5 |
| Total: | 9 |
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Nota: El análisis es de la edición "Juego del Año", que incluye las dos expansiones
Los que no conozcan la entrega original, pueden informarse exhaustivamente leyendo su respectivo análisis de Vandal, que recomiendo con toda sinceridad. Debéis saber, eso sí, que el juego fue muy esperado en su momento, y cada anuncio que se hacía público hacía presagiar que Bethesda Softworks, sus creadores, tenían entre manos algo grande, creando una expectativa considerable que los aficionados al género vimos más que colmada. Una experiencia de juego inolvidable, profunda, llena de matices, en un mundo enorme en el que disfrutar de una grandísima libertad… y esto es sólo uno de los puntos buenos del juego, pues su realización técnica fue también digna de mención.
¿Qué nos ofrece esta edición con respecto al original? Si somos poseedores del primer Morrowind y lo hemos disfrutado profundamente, el plantearnos adquirir esta versión es una cuestión esencial, y es que este tipo de ediciones no suele aportar gran cosa… una carátula bonita, foto o nombre del galardón en la portada y ya está. Pero no estamos, por suerte, ante esta situación, y es que, como ya hemos dicho, se han incluido dos expansiones, con todo lo que conlleva. No es por insistir, pero nos ofrece un mundo todavía más grande, abierto y libre que el original…¡y no es poco! Pero establezcamos, primero, las bases esenciales del juego para saber qué se va a encontrar el jugador.
The Elder Scrolls III: Morrowind es un juego de rol de los que no se suelen ver en consola, donde los juegos de rol japoneses marcan tendencias y el estilo es bastante diferente al occidental. No vamos a caer en la discusión inane de qué tendencia es mejor, o de si el videojuego japonés está en declive, pues son lo suficientemente diferentes como para ofrecer al jugador experiencias tan diversas y sensacionales que podrá disfrutar sin medias tintas de una y otra vertiente. Además, por suerte, este “rol occidental” está teniendo cada vez más presencia en el mercado de las consolas, abandonando ese coto que hasta ahora parecía exclusivo del PC, y, de hecho, como habréis deducido, el videojuego que nos ocupa es uno de los bastiones principales del género, pero no el único gran juego de este tipo que nos ofrece el catálogo de Xbox, pues la consola de Microsoft cuenta también con el excelente Knights of the Old Republic. Pero bueno, para ser simples y directos: esto no es un Final Fantasy, ni pretende serlo en ningún momento. De hecho, nos vamos a encontrar lo que podríamos definir como un “RPG duro”, es decir, denso, con multitud de opciones para configurar nuestro personaje (sexo, raza, apariencia física, actitud y aptitudes, y un largo etcétera), una libertad extrema en su desarrollo, y una mecánica de juego con unas estadísticas mucho más complejas que van más allá de los típicos puntos de experiencia, magia, y cuatro contadores más. Con todo, esta sensación de “RPG duro” se desvanecerá rápidamente, pues, aunque hacernos con el control en toda su extensión y conocer perfectamente todos los entresijos que presenta el juego nos llevará tal vez alguna que otra hora, muy pronto tendremos el suficiente control sobre la estructura del juego como para poder disfrutarlo. Y cuando ya hayamos alcanzado ese punto de dominio profundo, será cuando no sólo lo disfrutemos, sino que, además, lo gozaremos.
Superados, así, los primeros momentos de juego, algo lentos puesto que deberemos definir a nuestro personaje, y a que, todo sea dicho, todavía no tenemos más medio de transporte que nuestros pies, nos encontraremos con unos combates en tiempo real en los que, sin embargo, nuestras estadísticas como luchadores, suerte, habilidad, etc., serán esenciales. Parece confuso, pero la implementación en el esquema de juego es muy buena. Así que será el momento de meterse en faena, y empezar a aprender que eso de meterse en un bosque no es bueno. La coherencia interna del mundo del juego es sorprendente, y su verosimilitud nos sorprenderá bastante, pues –por ejemplo- enfrentarnos abiertamente a criminales o bestias salvajes de dimensiones exageradas conllevará resultados bastante nefastos si lo que pretendemos es que nuestro personaje alcance una senectud respetable (o no). Por supuesto, según avancemos en el juego, alcancemos cierto reconocimiento, y nuestras habilidades se incrementen, la balanza podrá cambiar a nuestro favor, pero no penséis que con fuerza se puede conseguir todo: éste es un juego con una cantidad de textos enorme. Se ha llegado a decir que el videojuego ofrece hasta unas 200 horas, y en esas horas, lo principal será el diálogo, pues a través de la palabra conseguiremos la mayoría de la información que necesitemos, y, también, alcanzar los propios objetivos que se nos marquen. Persuadir, instigar, discutir… son sólo algunas de las cosas que podremos y tendremos que hacer… eso sí, con un gran dominio del inglés, a ser posible, pues el juego no ha sido traducido al castellano. Y si esas horas de las que hablamos os parecen pocas, la caja del juego reza que gracias a las expansiones se nos ofrecen otras cien horas. Vale, eso lo dicen los programadores, y sabemos que tienen cierta tendencia a exagerar en esos puntos, pero no deben ir muy desencaminados. El diseño y estructura del juego facilita la realización de aventuras secundarias, o, dicho más apropiadamente, hacer lo que te salga de las narices. Habrá citas ineludibles para avanzar, pero en general la sensación de libertad es mucho más que una sensación.
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