La historia de cómo empezó todo no resulta tan sólida como esperábamos, pero sí lo es en el campo jugable.
Fuera del campo de batalla la exploración de los escenarios es también importante, y recorremos entornos de todo tipo, aunque las mazmorras van a ser parte fundamental de su desarrollo, ya que es donde más recursos vamos a poder sumar, recolectando materiales, energía, etc. Eso es importante porque luego usaremos esos recursos para crear objetos a través del sistema de creación de los mismos. Hay que encontrar las recetas o fórmulas según avanzamos, que es lo que sirve para saber cómo combinar los materiales recolectados para obtener objetos que sí sean de utilidad. La ventaja es que, aunque completo y profundo, es sencillo y accesible, por lo que es fácil hacerse con él y conseguir forjar armas, armaduras, e incluso objetos para decorar y personalizar nuestra nave. Llegado cierto momento del juego el sistema evoluciona y nos abre más posibilidades a través de un personaje, pudiendo combinar objetos ya creados, lo que abre un abanico de posibilidades inmenso.

Visualmente el juego es bonito y vistoso gracias a un buen nivel de detalle, escenarios muy coloridos y una cantidad bastante abultada de escenas de vídeo, que se combinan con diseños de personajes inspirados claramente en la animación japonesa. Pero no es oro todo lo que reluce, y hay ciertos puntos de peso en su contra. Estamos pensando, sobre todo, en el reciclaje de diseño de los enemigos, que es tremendamente repetitivo y nos recuerda más a la época de las 8 y 16 bits y sus variaciones de color sobre un mismo
sprite de manera abusiva. Y no menos importante es que la cámara es un despropósito, y eso en los momentos de acción puede hacernos sufrir, ya que no siempre responde como se espera de ella, con ángulos extraños otros fallos que son demasiado habituales.
Más o menos sucede lo mismo con las voces: hay muchas (en inglés), y técnicamente está bien, pero hay un importante elemento en contra, que no es sino la calidad de la interpretación. El audio japonés no se ofrece como opción, pero al menos las melodías son agradables y sí se adaptan bien a lo que está sucediendo en pantalla, mostrando mucho más mimo en su producción gracias a las composiciones de Sakuraba, un habitual de la saga.
The Last Hope se complementa con contenidos añadidos a los que podremos acceder cuando hayamos superado la aventura, en forma de dos niveles de dificultad adicional, lo que se refleja en combates mucho más intensos y duros, lo que aporta una duración extra a un título que ya de por sí es muy extenso gracias a la enorme cantidad de misiones secundarias que hay. Terminar el juego nos abre nuevos retos, misiones y mazmorras adicionales, con recompensas como recetas por desbloquear, entre otras. Es un importante incentivo que se perfilado todavía más con el sistema de combates, una suerte de coliseo, en el que luchamos por premios y recolectamos trofeos.
Conclusiones
Con
Star Ocean: The Last Hope nos encontramos ante un juego de rol en el que destaca, y mucho, su sistema de juego, con unos combates intensos y satisfactorios que le imprimen mucho ritmo a su desarrollo. Del mismo modo, todo lo que los rodea funciona más que bien, y es el punto fuerte de su planteamiento. Pero, por otro lado, la historia es realmente floja, y tiene importantes carencias en la construcción de personajes y situaciones, aunque mantiene el interés suficiente como para hacernos progresar, claro. Eso hace que, en función de lo que busquemos, el juego nos dé importantes gratificaciones o no, por lo que es importante conocer sus carencias y sus puntos a favor, pues queda descompensado. Si sus carencias no representan un problema para nosotros, la diversión está asegurada, con su intensidad, nivel de estrategia y variabilidad de los combates, y múltiples extras adicionales para complementar su paquete de contenidos.