La historia de cómo empezó todo no resulta tan sólida como esperábamos, pero sí lo es en el campo jugable.
Pero si nos olvidamos de esta simpleza en sus personajes y narración, lo que nos encontramos es un juego de rol divertido de jugar gracias a un interesante sistema de combate, que es, al fin y al cabo, uno de los pilares fundamentales del género. Lo que no logra en la historia, se suple en buena medida con un sistema jugable consistente y dinámico en el que las luchas no son aleatorias y se desarrollan en tiempo real con control directo sobre uno de los personajes de nuestro grupo de protagonistas (hasta cuatro en batalla). El resto de miembros llevarán a cabo su propia lucha gracias a la inteligencia artificial sobre rutinas que nosotros hemos establecido previamente, teniendo igualmente en cuenta que podemos cambiar de personaje con suma rapidez para mantener un control manual sobre sus acciones. Del mismo modo, cambiar a los personajes del cuarteto de batalla es también sencillo, rápido y directo, lo que hay que tener siempre en cuenta pues sus características y habilidades son diferentes, por lo que hay que procurar tener un equipo equilibrado, o pensado expresamente para un reto concreto.

Los combates tienen un ritmo muy intenso, cercano incluso a un arcade, y la verdad es que los más sencillotes nos recuerdan a un machacabotones al uso, dando buena muestra del dinamismo del juego. Pero no hay que dejarse engañar: el factor estratégico es palpable ante enemigos un poco más difíciles y, sobre todo, cuando llega el momento de luchar contra los jefes finales. Y es que esos jefes tienen pautas de conducta, rutinas, que debemos observar para poder contrarrestarlas, encontrar sus debilidades y aprovecharlas a nuestro favor para tener opciones de victoria. Si lo hacemos bien, la estrategia que empleemos podrá suplir la fuerza bruta y permitirnos progresar sin tener que dedicarnos a machacar hordas y hordas de enemigos menores para subir de nivel; y si no nos va ese rollo, pues precisamente subimos de nivel y le machamos sin más.
De hecho, si así lo queremos, las batallas pueden tener siempre un factor estratégico importante, pues hay que tener en cuenta el nivel de agresividad de los enemigos, tentándolos para que se centren en un personaje y le ataquen a él. Es más, si el enemigo se fija en nosotros y nos ataca pero somos capaces de fintarle éste quedará confuso y podremos emplear un movimiento especial de contraataque. También es posible emplear ataques especiales desesperados (Rush) cuando no nos queda apenas energía, lo que nos permite enlazar ofensivas junto a otros miembros del equipo.

Otro punto estratégico de los combates es que se nos marcan tareas específicas como, por ejemplo, eliminar a dos enemigos de un único ataque, utilizar únicamente una técnica en concreto, etc. Si lo hacemos, seremos recompensados, y hay que tener en cuenta que son recompensas acumulativas, que se representan en forma de fichas que van uniéndose en un tablero, que según combinamos nos dan un tipo de recompensa u otro. Eso implica, dicho de otro modo, que se da una amplia libertad para ir personalizando a los personajes, o bien optar por sumar más dinero, o puntos para mejorar habilidades, etc., lo que hace que podamos optar por un progreso de sus cualidades en función de nuestro estilo de juego. Además, hay que montárselo bien, pues una torpeza nos puede hacer perder estas fichas, pero lo cierto es que cuando nos hemos hecho con el sistema de juego, esto, que suena un poco raro así contado, funciona más que bien y puede ser adictivo e interesante en sí mismo.