Dar caza a un pirata sin piernas puede ser divertidísimo.
Aparte de los distintos modos de juego, también
hay que sumarle el concepto de los conocidos logros, que pican a más de un jugador y que en este tipo de obras juegan un papel fundamental. Objetivos como matar a 20 enemigos en menos de un minuto, realizar una autentica carnicería o acabar un nivel en un tiempo estipulado son claros ejemplos de cómo deberían ser los objetivos en los juegos de acción. Muy adictivo, fresco y dinámico.
Un diseño inspirado
Como decíamos con anterioridad, Rocket Riot cuenta con un apartado técnico que no supone ninguna revolución en cuanto a número de polígonos se refiere, pero que viene apoyado por un diseño artístico que sorprende a propios y extraños. El juego se desarrolla en un mismo plano, contando con unos personajes de "papel" que casan muy bien con el conjunto global de la obra, y más teniendo en cuenta que el entorno estará hecho enteramente en tres dimensiones con formas
inspiradas en los antiguos 8 bits. Esta mezcla tan rara entre dos dimensiones, estética retro y cubos explotando en medio de la batalla es lo que dota a la obra de una personalidad única.
La cantidad de enemigos en pantalla no es, ni de lejos, despreciable, además de que cada uno puede ir completamente a su antojo destruyendo los infinitos bloques que veremos, y que, para evitar una monotonía patente cuando el escenario esté vacío, se irán reconstruyendo paulatinamente.
Es curioso ver cómo una estética tan marcada como la de Rocket Riot puede dar lugar a uno de los videojuegos más divertidos del Xbox Live Arcade. El caos y destrucción que podemos propiciar a nuestros enemigos sumado a las fases hilarantes -que van desde campos de fútbol americano, pasando por laboratorios de científicos chiflados y con inspiración, como no, en la vida pirata- hacen de este juego una verdadera joya audiovisual.
La música, por otra parte, es otro de los puntos fuertes del videojuego, con una banda sonora que nos pondrá en tensión mientras llenamos de plomo a nuestros enemigos. Los ritmos frenéticos y electrónicos harán gala en una banda sonora remarcable, que quizá le falta algún tema puntero para convertirse en una de las grandes, pero que cumple perfectamente con su cometido, así como los sonidos que dan vida al universo de Rocket Riot. El juego carece de voces para interpretar a los -muchos- personajes que aparecerán a lo largo de la aventura, pero, como decíamos anteriormente, la historia es un mero pretexto para presentarnos un mundo vivo y lleno de situaciones que requieran nuestra presencia para destrozar.
Llena de combustible tu cohete, pirata
Codeblue nos ha deleitado con
una de las obras imprescindibles para todos aquellos poseedores de una Xbox 360. Pese a que la obra no sale en formato físico y eso puede echar para atrás a más de un jugador clásico que no se atreva con las nuevas tecnologías, hay que destacar que la obra derrocha originalidad y carisma por los cuatro costados, y que su jugabilidad y adicción están a la par. El modo campaña es lo suficientemente denso como para aprender a jugar bien a la obra, pero donde realmente se disfruta más derrotando a los enemigos es en el modo resistencia y en su vertiente online, lugar para batirse con jugadores de todo el mundo y que, sin duda, será un lugar ideal para que los jugadores más experimentados y aférrimos al género lleven a cabo sus carnicerías selectas.
El juego ya está disponible desde el bazar de juegos de Xbox Live Arcade a un tentativo precio de 800 Microsoft Points, algo que sin duda alguna no debería dejar pasar ningún aficionado a los videojuegos.