| Gráficos: | 5.5 | |
| Sonido: | 5 | |
| Jugabilidad: | 4 | |
| Diversión: | 3 |
| Total: | 4 |
| Xbox 360 > Análisis > Hellboy: Science of Evil | Página 1 de 2 Siguiente |
No podemos más que sufrir con resignación una incómoda sensación de aprobación con la primera aparición de Hellboy en el mundo de las videoconsolas. La novela gráfica de Mike Mignola, editada en todo el mundo por el sello Legends, ha cosechado una gran fama y múltiples premios, gracias a su brillante y estructurado guión, y una compleja y furiosa mezcla entre la mitología, el cómic-noir y la ambigüedad moral.
Tras las dos adaptaciones de Guillermo del Toro a la gran pantalla (que ritmo aparte, han resultado ser dos películas muy interesantes en cuanto al tratamiento de sus personajes y con un amor hacia lo artesanal envidiable), Konami ha decidido producir "Science of Evil", un spin-off de las adaptaciones fílmicas donde el enviado del infierno salvará de nuevo el mundo de una inminente y temible amenaza. Por desgracia, el jarro de agua fría no llega a la hora de comparar este "Science of Evil" con la obra de Mignola o las dos películas estrenadas ya que fracasa y de forma estrepitosa, al enfrentarse cara a cara a cualquiera de sus rivales de género.

Desde que en 2001 Capcom publicase Devil May Cry, nunca los beat’em ups, o "yo contra el barrio", volverían a ser iguales, tanto por su propia morfología como por la evolución concebida en ese, hasta ahora, pantanoso e inhóspito terreno que eran las 3D para un género que tan sólo volviendo a sus raíces (Guardian Heroes/Treasure) logró brillar en la generación de las 32/64 bit.
Es por tanto momento de sacar Hellboy a la palestra y compararlo con sus rivales de género. Science of Evil coge prestados algunos elementos de God of War (como su impecable sentido cinematográfico) o del mencionado DMC, pero procurando no llamar la atención, creando el menor impacto posible.
Éste es un fracaso estructural imperdonable, no contar con una verdadera razón de ser a la hora de equilibrar el combate., un eje sobre el que Hellboy se mueva. Si DMC resulta un interesante trabajo de velocidad y anticipación, Ninja Gaiden el equilibrio entre ataque y defensa y God of War, contundencia y esquive, Hellboy es un simple y vulgar manojo de golpes, puñetazos al aire y otras licencias que sí se conciben en otras adaptaciones (como en los magníficos y rudos combates filmados por del Toro) pero que son imperdonables en un género que exige profundidad y refinamiento como el que nos compete.
Hellboy parte de un punto de partida equivocado, con unos controles extravagantes que poco ayudan a su mecánica básica y desquiciante. Saltaremos, podremos realizar golpes suaves y fuertes y cadenas de combos combinando ambos (un esbozo de lo que significan en un título serio como DMC, ya que prácticamente cualquier enemigo será tumbado tan sólo machacando el golpe más poderoso). Las particularidades llegan al ubicar el botón de acción/agarre y lanzamiento al gatillo, poco intuitivo y que nos seguirá desesperando tras unas cuantas horas de juego.

En el gatillo izquierdo, podremos disparar el omnipresente revolver de alto calibre de Hellboy, devastador con ciertos enemigos. Si su aparición es más anecdótica y circunstancial, esta arma abre un nuevo abanico, el del apuntado manual, aún más fatídico y mal resuelto que el propio combate. Seleccionaremos nuestro objetivo con el segundo stick moviendo una mirilla por la pantalla, sin poder ajustar la propia cámara, ya que ésta se muestra fija en todo momento (aunque realmente no presente ningún problema serio durante la partida ya que la exploración resulta muy superficial). Este catastrófico sistema termina creando un vacío en cuanto a objetivos que podamos eliminar, resultando torpe e ineficaz.
En el primer enfrentamiento contra un jefe final (donde tendremos que realizar una tarea aún más imposible, lanzarle una bomba como propia medicina) confirmaremos el inútil y anticuado sistema de fijación de enemigos, que empeora cualquier noble intención de dotar a Hellboy de un doble sistema de combate (a cortas y largas distancias), siendo éste el definitivo momento de olvidar cualquier comparación constructiva con Devil May Cry.
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